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jueves, 23 de abril de 2026

Resonancia en el alma II


Novela en crudo

por Juan C. Starchevich

Continua esta Novela familiar que relata la vida de una mujer empresaria viuda que vive el conflicto del amor entre los recuerdos y nuevas experiencias que aquí presentamos.

Que lo disfruten!



Capítulo IX >>* Próximamente


Capítulo I

    Tendido en la vereda del parque yacía el cuerpo de un hombre que respiraba con dificultad, emitiendo algunos débiles quejidos de dolor, propios de un agonizante que no quiere soltarse de la vida; vestía andrajoso, muy andrajoso, un saco despintado y roto con manchas de suciedad, pantalones sujetados con una soga sisal que cumplía la función de cinturón; pantalones desgarrados con restos de sangre; un par de zapatillas rotas que mostraban los dedos de sus pies. Barba crecida y despareja como los cabellos de su cabeza que olían a vómito y cosas apestosas como en todo su cuerpo. ¿Estaba muerto? No, pero casi que lo estaba; tal vez su vida estaba esperando algo luego de haber sido atacado por varios perros esa noche anterior desgarrando su cuerpo al límite de su muerte, quizá para que continúen sus sufrimientos del día a día del hombre que vive en la calle a merced de la limosna de algún alma temerosa que, al verlo, siente que su vida está llena de abundancias frente a este pobre que no tiene nada.

Tardecita agradable y silenciosa con un sol suave que poco a poco comenzaría a esconderse. Pasto cortado con prolijidad que mostraba algunos elementos de riego rotatorios que distribuyen uniformemente y con mucha suavidad su agua regando el césped y rosales del lugar. Tardecita hermosa que invitaba a contemplar la belleza del paisaje y el sonido agradable del trino de los pajaritos que regresan a sus nidos para iniciar su descanso. Lugar donde la naturaleza ofrece en forma gratuita el remedio que cura el estrés, espacio que permite retirarse del ruido para encontrarse con uno mismo, como renovando el oxígeno y las ideas. Lugar que invita a las parejas a declararse su amor, como también a aquellos que desean hacer gimnasia, caminar y correr en sus veredas alrededor de estos frondosos árboles de pinos y lapachos que decoran con hermosura los espacios de este parque.

La gente paseaba por estas veredas, algunos caminando, otros con algún trote continuo alrededor de este parque. El hombre estaba tirado en el suelo atravesando la vereda, había que esquivarlo como a un simple obstáculo en el camino. Dos jóvenes y una mujer que estaban dando la segunda vuelta tuvieron la idea de hacer algo con este hombre.

—Tenemos que sacarlo de ahí —dijo Juanita a sus dos compañeros.

—Está obstaculizando el paso y nos podemos tropezar, —dijo Félix, tomándolo de las piernas al mendigo e invitando a Aroldo a sujetarlo de los hombros y dejarlo a un costado del camino.

— ¡Qué mal huele!, —dijo Aroldo, — ¿Será que está muerto? —No, pero no le falta mucho,  —dijo Félix.

— ¿Habrá que llamar a una ambulancia? —Pregunta Juanita, mientras se acomodaba sus cabellos con sus manos— ¡No!, —dijo Aroldo— ¿Acaso tú te harás cargo de este pobre diablo?— Mejor lo dejamos aquí y continuamos con lo nuestro, — convirtiéndose en invisible este mendigo para estos tres jóvenes.

No eran los únicos caminantes que disfrutaban de estas hermosas caminatas, algunos pasaban solos con auriculares disfrutando música, otros conversando de sus cosas ignorándolo como si fuese un tronco de algún árbol tirado al costado del camino, mientras una mujer lo encuentra y se conmueve al verlo tirado y abandonado como basura; se acerca, no le importó el olor que despedía, puso sus dedos en el cuello de este hombre verificando que estaba vivo; hizo señas a un auto y pidió que la ayude a llevarlo a una clínica pero se negó a hacerlo para no contaminar su auto y así pasó con todos aquellos a los cuales les ha pedido auxilio. No quiso llamar a una ambulancia por el temor que tenga la misma respuesta, pero se quedó allí junto a este mendigo herido y mal oliente hasta que alcanza a ver un camión de recolección de residuos que pasaba por el lugar, les tuvo que ofrecer dinero para que hagan de ambulancia hasta una clínica cercana. Los obreros, poniendo mala cara lo acomodaron en la caja del camión donde ponían la basura. Ella tuvo que subirse a un estribo del camión para acompañarlo.

Al llegar a la clínica les pagó a unos enfermeros para que lo aseen y le den los primeros auxilios. Lo ingresaron bajo su responsabilidad haciéndose cargo de todos los gastos. Habló con una enfermera y le dio dinero para que le comprase ropa reemplazando a toda la que traía puesta.

Ella tenía prisa, debía viajar con urgencia para atender unas cosas personales pero no estaba conforme con dejarlo solo sin saber que lo atenderán correctamente, entonces, mientras los médicos atendían al mendigo, ella se puso a caminar por los pasillos para ver si encontraba a alguien confiable que pueda acompañar a este hombre. Había toda clase de personas, algunas llorando, otras preocupadas, todas en sus cosas atendiendo a sus enfermos. Vio también a una mujer de hábito gris claro que notaba paz en su rostro y deslizaba dulcemente un collar de bolitas que tenía una cruz al final. Estaba acompañando a una hermana del convento que recientemente había salido de cirugía y se estaba recuperando.

—Esta mujer merece mi confianza —se dijo en su silencio. 





    — ¿Por qué estoy haciendo esto? —Se preguntaba sin encontrar respuesta— Nunca me interesé por alguien ¿Por qué por este mendigo desechado por el mundo? ¿Qué me pasa? —No había respuestas.

Se sentó en un banco del pasillo de la sala de internación y se puso a pensar en silencio luchando fuertemente con su propia razón. No quería recordar esas cosas terribles de su historia que le daban tanto dolor, pero se encontró con una gran sorpresa, ya no sentía dolor. Podía recordar a su esposo y su hija pero ya no era con ese dolor de desesperación, era un dolor suave con esperanza que poco a poco se iba diluyendo. Quedaba el recuerdo, la historia; eso no se olvida ni debe olvidarse, pero hay una diferencia, se está sanando su corazón, aunque todavía quedan muchas durezas de la vida que durante tanto tiempo le han hecho olvidar su humanidad.

En esa lucha entre la razón y el corazón se dio cuenta que para ser feliz debe aprender a ser humana, nunca lo fue, debería aprender todo desde el principio y no sabe cómo hacerlo. Su razón le advierte que su corazón le está diciendo algo pero no alcanza a traducir, sabe que es algo muy importante, algo distinto, pero no alcanza a comprender.

—Me he graduado en la universidad, he hecho muchas maestrías y posgrados pero en ninguno de ellos enseñan humanidad, —protestó en su silencio—

Continuó su intriga de esa mujer con hábito gris claro sentada a unos diez metros de ella que, en silencio y lentamente, pasaba sus dedos por esas bolitas y se acordó que en el monasterio, el padre Emilio le dijo que esas bolitas son rosas que se las regala a esa mujer que ella vio en la capilla del monasterio.

Se levantó y con determinación se acercó a esa mujer de hábito en esta hermosa noche joven que empezaba a regar el cielo de estrellas.

—Buenas noches señora, disculpe que la moleste, pero ¿usted le está regalando rosas a una mujer muy buena y hermosa? —Preguntó de modo inquisidor.

—Así es, —respondió sorprendida esta religiosa— ¿Cómo lo sabe usted?

—Es que eso me enseñó un sacerdote de un monasterio, se llama padre Emilio, pero no alcanzó a enseñarme cómo hacerlo porque vivo corriendo de acá para allá. —

—Jamás he visto mujeres vestidas con esos atuendos, ¿me podría decir qué significan?

—Soy la hermana Amelia y pertenezco a la congregación de las hermanas Clarisas. Existen otras congregaciones que se visten con otros colores pero todas pertenecemos a la Iglesia Católica. —Respondió con mucha calma y una mirada muy limpia en un rostro lleno de paz. — ¿Cómo se llama usted? —Preguntó Amelia. —

—Me llamo Hortensia y vine acompañando a un enfermo. —Respondió bajando la mirada al suelo. —

— ¿Qué sabe de esa mujer que usted le regala rosas, acaso usted la conoce, la ha visto alguna vez? —Preguntó Hortensia con sus ojos muy atentos y llenos de interrogación—

—La conozco en la medida que ella se me da a conocer y se la puede ver sólo por aquellos a quienes ella se quiere mostrar, aunque esto es muy privado, ella se suele mostrar a veces a través de nuestros ojos y otras veces con el corazón. —Respondió Amelia. —

—Acaso ¿conoce su nombre? —Preguntó Hortensia muy atenta a la respuesta. —

—Se llama María, es la Madre de nuestro Señor. —Con mucha suavidad y una hermosa sonrisa respondió la hermana Amelia. —

—Es tan difícil de creer que una persona tan importante se ha dejado ver por mí, me ha recostado en sus regazos, me ha consolado y me ha tenido entre sus brazos. ¿Me puede enseñar a regalarle esas rosas? Quiero verla otra vez. —Con los ojos como una niña y muy expectantes Hortensia esperó. —

—Le voy a enseñar a rezar el Santo Rosario, con él le regalará muchas rosas. No es necesario que Ella se haga visible, pero tenga la certeza que cuando lo rece, Ella la acunará, la consolará y la cargará en sus brazos, aun cuando usted no la vea. —Respondió con mucha alegría la hermana Amelia. —

—Ahora cuénteme ¿Qué pasa con su enfermo? —Preguntó Amelia

—Es que debo viajar con urgencia y necesito que alguien vea por él hasta que yo regrese. ¿Podrá hacerlo usted? —Dijo Hortensia

—Lo haré, además vendrán otras hermanas de la congregación que lo acompañarán hasta que le den el alta. —Respondió la hermana Amelia. —

—Aquí le dejo este dinero por si surge algún otro gasto. —Dijo Hortensia sacando un fajo de billetes de su cartera. —

—Ese hombre ¿es familiar suyo? —Preguntó Amelia. —

—No, no sé quién es. Lo encontré tirado en la calle, abandonado, muriéndose solo y lo traje para acá. —

— ¿Conoce la parábola del buen samaritano? —Preguntó Amelia

—No, no sé de qué me habla. —Respondió con ojos curiosos Hortensia. —

—Lo que no comprendo es por qué ese Dios del que usted habla no se interesa por los pobres y al parecer solo alimenta, viste y asiste a los ricos. —Casi con exclamación dijo Hortensia. —

—Veamos por parte. —Dijo Amelia. —Cuando usted va a la escuela necesita lápiz, cuaderno, algunos libros, maestro y otras cosas. En el mundo existe otra escuela donde no es necesario matricularse; esa escuela son los pobres del mundo, se llama escuela de la caridad o también escuela de misericordia, donde el maestro es Jesús, Dios; y los alumnos son todos los ricos y pudientes que los asisten con sus manos, compañía, asistencia, recursos económicos. Es la única escuela de humanidad que existe en el mundo. Quienes asisten a esta escuela y obedecen al Maestro, se van haciendo más humanos, de tal modo que al final el propio Maestro les entrega el diploma que los titula Santos. Sin los pobres no hay escuela de humanidad y ya no tendríamos la posibilidad de ser misericordiosos. Dios permite la pobreza y el sufrimiento porque quiere salvarnos a todos para vivir eternamente junto a Él.


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Capítulo III

    La reunión no se pudo postergar un día después como ella quería, así que tuvo que viajar de prisa para llegar a tiempo. Por su experiencia tan calificada y reconocida por todos la convocaron como integrante de la mesa grande de la empresa. No es el directorio, pero es el lugar donde se toman decisiones importantes que luego pasan al directorio para ser evaluadas. Se estaba definiendo un modelo donde unas inmensas chimeneas industriales exhalaban gases tóxicos al medio ambiente sin que las normas del gobierno las prohíban. Todos los de la empresa, alegres por sus ganancias aprobaban este proyecto, pero Hortensia se puso de pie y enérgicamente alzó la voz explicando el daño ambiental que causaría muchas enfermedades a las personas, especialmente a aquellas de pocos recursos económicos que no les permitían el derecho de una protesta vinculante, como también de todos los otros de inferiores recursos que para los grandes capitalistas son nadie, quizás una molestia, un estorbo social que impide el desarrollo de los pueblos. Ella puso de manifiesto que los más poderosos tienen la responsabilidad de ver por la gente simple. Ellos no pueden reclamar ni hacer juicios cuando sus hijos mueren por asma, enfermedades pulmonares o algún cáncer ocasionado por la irresponsabilidad y negligencia de aquellos que solo piensan en las ganancias a costa de cualquier cosa. Fue escuchada con total atención, era respetada como si fuese la directora o dueña de la empresa. Gozaba de una fama altamente calificada por todos por su trayectoria y experiencia en esa empresa en la cual fue su dueña.

—Vamos a convocar ingenieros químicos, ambientalistas y afines para lograr controlar las salidas de los gases, de tal modo que no generen contaminación ambiental. —Expresó enérgicamente de forma muy segura Hortensia que generó varias caras arrugadas en desacuerdo y otras pocas en apoyo, a sabiendas que ese proyecto restaría beneficios económicos a la empresa. —

Como todos los empresarios solo quieren tener ganancias, sin importar pisar cabezas, el voto mayoritario fue negativo, aunque la consideración de Hortensia fue incorporada por escrito en el dictamen que se ha elevado al directorio.

Al día siguiente el directorio analiza el dictamen de la mesa grande con la intervención de las consideraciones de Hortensia. Ellos la respetaban, sabían que tenía razón, incluso los de la mesa grande que han votado en contra, pero esto tocaba sus intereses, siendo que sus ganancias se reducen apreciablemente. Hubo grandes discusiones y desacuerdos en el directorio, golpes de puño en la mesa y palabras violentas entre ellos. Una gran discusión entre lo que querían hacer y lo que Hortensia aconsejaba no hacer.

Llamaron a Hortensia a la reunión del directorio para ayudarlos a llegar a un acuerdo y Jaime le dijo:

—Hortensia, ¿Cuándo has tenido estos miramientos mientras conducías tu próspera empresa? ¿Cuándo has mirado a los pobres a tal punto de comprometer tus ganancias haciendo más lento el desarrollo y crecimiento de ella? Nunca has hecho esto, entonces ¿por qué te conviertes en un obstáculo para nuestro crecimiento? —Acusó Jaime de pie con los puños apoyados sobre la mesa. —

—Yo solo miro lo que veo, veo gente muy rica con más dinero del que pueden gastar, veo gente pobre y muy pobre que muchos de ellos no alcanzan a comprar la comida del día, veo a enfermos en la calle que ninguna casa de salud los atiende por no tener seguro social ni dinero, veo mucho sufrimiento en la gente con pocos recursos económicos, veo a mi esposo y a mi hija muertos en un accidente que por una ambición mía les he quitado la vida, Veo que todos ustedes gozan de muchas riquezas mientras ahí afuera hay personas enfermas, tan carenciadas, que sus dineros pagarían con holgura sus remedios y curaciones. Controlen las salidas de los gases industriales de forma adecuada y descubran lo que se siente cuando ayudan a algún necesitado.

La discusión se terminó, pasaron a un cuarto intermedio hasta el día siguiente, donde luego aprobaron por unanimidad la propuesta de Hortensia.

Si hubiera sido otra persona la hubiesen despedido pero Hortensia era tan respetada, pero tan respetada, que aun no siendo jefa, ni siquiera en un cargo intermedio, pudo desde su sitio modificar el curso de la historia de esta empresa.

La contrataron como asesora de una gerencia intermedia dedicada a la producción que no le exigía presencia diaria, incluso podría comunicarse vía internet desde otro lugar fuera de la empresa. No quisieron ofrecerle algún cargo jerárquico porque le tenían miedo a su integridad, capacidad y experiencia, capaz de ascender con mucha facilidad a la gerencia general pisando cabezas a lo largo de ese camino. Esto le resultaba muy fácil, solo debía dar algunos consejos que por su experiencia serían los más adecuados y consultar a unos y otros empleados de la producción para lograr un buen diagnóstico de la marcha de ese área. Esto le permitía hacer una conducción secundaria a distancia y así poder retomar con soltura esas cosas del alma que tanto la saciaban. Era como un nuevo desafío, tenía que investigar, probar y demostrar en sí misma la realidad de esas cosas que no se ven pero que impulsa con gran aceleración el movimiento de su alma.


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Capítulo IV


    Las hermanas Clarisas cuidaron a este mendigo hasta que los médicos y enfermeros le han dado todas las curaciones y remedios necesarios.

—Hermanitas, mañana le damos el alta. —Dijo el doctor Clausius a estas clarisas, —

Orontes ya estaba listo para irse al día siguiente, aunque no le alegraba esa noticia. Aquí tiene techo, cuidados y comida todos los días, luego volvería a las calles sin techo, ni cuidados ni comida.

—Cuénteme algo de usted. — Le dijo la hermana Dolores. —

—Soy jardinero, además trabajé varios años de horticultor, —Respondió Orontes. —

Las clarisas no querían que regresara a las calles, además, ellas son monjas de clausura, significa que viven encerradas en su convento y solo han salido para acompañar a una de sus hermanas mientras estaba internada y para cuidar a Orontes según lo habían prometido a Hortensia, de ahora en más volverán al claustro. Todas las congregaciones de monjas de clausura viven en oración, una oración tan poderosa que hacen llover la gracia de Dios sobre todos aquellos que le piden; suelen acudir a ellas los estudiantes para que Dios les ayude en sus exámenes y estudios, también a pedirles por enfermos y por cualquier otra necesidad. Ellas atienden a través de una reja, como si estuviesen presas, a todos aquellos que acuden a pedir oraciones.

Ellas no pueden salir a conseguirle trabajo a Orontes, pero pueden rezar por ese motivo y así lo hicieron. La ayuda de la Santísima Virgen se dio de inmediato, de tal modo que uno de aquellos que les piden oración, estaba necesitando un peón de patio que atendiera el jardín y la huerta familiar, además le permitían vivir allí en una piecita donde guardan las herramientas. Orontes ya tenía trabajo, techo y comida.

La familia MIzrachi es la que ha recibido a Orontes como peón. Una familia de judíos conversos que se han bautizado en la iglesia católica hace casi un año, luego de una sanación del cáncer de su esposa Sara que les han pedido a las clarisas que recen por ella. En ese tiempo de dolor y desesperación, su esposo Elías Mizrachi, le prometió a la Santísima Virgen María que si sanaba a su esposa se convertiría él y toda su familia y se bautizarían todos en la Santa Iglesia Católica. Y así fue, Elías y Sara, sus dos hijas, Dorita y Rebeca, ambas en edad escolar.

Dorita estaba sin poder resolver un problema de tareas de la escuela, sentada a la mesa del jardín. Orontes, que estaba ablandando la tierra alrededor de unos rosales del jardín, vio a Dorita muy preocupada sumergida en sus tareas que escribía y borraba continuamente. Se acercó a ella a una distancia prudencial de tal modo que le permita ver el cuaderno.

—Ese problema se resuelve aplicando la regla de tres simples. —Afirma Orontes con total certeza. Dorita quedó desconcertada al ver que este, hace poco mendigo y vagabundo, ahora jardinero y peón de patio, determine con tanta facilidad la solución de un problema de la escuela.

La noticia corrió rápido, se enteró toda la familia, también las clarisas e incluso llegó hasta Hortensia.

Rebeca le contó a su prima Anita, que cursa la secundaria; curiosas, quizá por ser judías, Anita preparó unas ecuaciones que ella no podía resolver. Se sentaron alrededor de la mesa del jardín y llamaron a Orontes que estaba cortando el césped.

—Don Orontes ¿Puede venir un momentito? —Dijo Rebeca, mientras Anita abría su carpeta. —

—Si niña, ¿qué necesitan de mí?

— ¿Usted entiende de estas ecuaciones? Yo no las puedo resolver. —Dijo Anita señalando con su dedo la hoja. —

—Veamos, —dijo Orontes, mientras observaba de lejos, inmediatamente fue a su piecita, se lavó la cara y sus manos, se cambió de camisa y se acercó a las niñas y en un instante le resolvió las siete ecuaciones que Anita no las podía resolver. —

Jamás ha revelado su secreto, nadie sabe qué es ni quién es, es solo un hombre simple que se ha dejado estar, tal vez en protesta y rechazo a las tantas máscaras, hipocresías y vanidades en un mundo cada vez más vacío de contenido y verdades.


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Capítulo V


    Ring, ring, suena el timbre desde la ventanita enrejada del monasterio de las clarisas.

—Ave María purísima, —Se oye desde adentro. — Pero como Hortensia no conoce la respuesta, la monja se ha respondido sola. —Sin pecados concebida. Soy la hermana Amelia ¿A qué se debe su visita? —

—Soy Hortensia, ¿se acuerda usted de mí? Me había prometido enseñarme a rezar el Rosario. —Dijo mientras la hermana Amelia corría el biombo de madera, detrás de la reja, para hacer visible su rostro y el de Hortensia. —

—Si a usted le parece, podemos comenzar de inmediato. —Dijo Hortensia mostrando total disponibilidad, —

Amelia le pasa una llave a través de la reja y le señala con su mano la puerta por donde debe ingresar al convento.

Mientras se hace el camino de ingreso, Amelia les encarga a sus hermanas que incluyan en sus oraciones la conversión de Hortensia.

Hortensia se siente muy rara desde hace mucho tiempo, está como viviendo una crisis que la deja en un desconcierto mental e interior generando una terrible lucha de querer ir sin saber a dónde mientras hay algo poderoso que la retiene y la guía por otro sendero, no puede soltarse, no puede ser libre. Se encuentra en medio de una espesa nebulosa. No puede soltarse del mundo ni puede soltarse de esta mujer que la atrae y la consuela. Ella no quiere soltarse de María pero tampoco quiere soltarse del mundo.

En ese tránsito de ingreso al interior del convento va pensando rápidamente lo que el mundo le ofrece y lo que esta mujer llamada María le puede prometer. Pero ella sabe con sobrada experiencia lo que le ofrece el mundo porque ya ha triunfado ahí y luego lo ha perdido todo, queda como degustando un mundo de sinsabores que no tiene tanta fuerza como para retenerla en él. Por otro lado tiene miedo en esta nueva experiencia desconocida que no sabe hacia dónde la lleva, como caminar en el vacío, en la oscuridad. No sabe qué hay más allá de esto que está conociendo, pero por su talento y vocación de lucha ha decidido investigar hasta lo más profundo de esta novedad tan misteriosa que le hace resonancia en el alma.

La hermana Amelia, superiora de la congregación de este convento, entre silencios, oraciones y enseñanzas, como una gran maestra iba guiando a Hortensia en el conocimiento interior y en la fe. Todo es nuevo para ella, nunca se imaginó de estas cosas. ¿Vida interior? Creía que todo eso era sicológico, jamás podría admitir que dentro de ella existe su propio yo, que su verdadera identidad está en lo profundo de su corazón, en lo más hondo de su alma y que hay un Dios que la ama profundamente, un Dios que se llama Jesús, al cual ella le importa. Y así iba descubriendo y experimentando tantas cosas que nunca se agotaban, siempre había más y más, mucho más. Ella quería saber todo, creía que en una semana conocería a Dios completamente, pero a medida que lo iba conociendo había mucho más por conocer, se tornaba infinito y muy hermoso, quería que esto nunca se acabe, jamás en su vida ha experimentado estas cosas, no sabía que existían.

—Hermana Amelia, ¿qué significa cuando Jesús dice Yo soy la vida? —Con mucha curiosidad pregunta Hortensia. —

—Cuando Jesús te dice Yo soy la vida, es como si te dijera: Si tú me sigues experimentarás una plenitud de sentimientos y una intensidad de vivencia que jamás imaginaste. —Responde Amelia con una gran sonrisa. —

—Para seguir a Jesús y estar con Él ¿debo hacerme monja? —Con gran interés pregunta Hortensia, —

—No necesariamente, —Responde Amelia. —Jesús nos necesita en todas partes, a algunos aquí dentro y a otros allá afuera. —Indicó la clarisa. —

—Pero ¿cómo podré rezar allá afuera al igual que aquí? —Pregunta Hortensia con preocupación. —

—Ahí tiene ese rosario que le regalé, récelo como yo le enseñé y vaya siempre a misa y al cabo de un tiempo puede regresar aquí a renovar su alma con nosotras. —Respondió la hermana Amelia. —

Con inmensa alegría y como si hubiese vuelto a nacer, regresa Hortensia nuevamente a la empresa para monitorear más de cerca su marcha de producción.

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Capítulo VI

    Se muestra muy hermoso el jardín de la familia Mizrachi, se han renovado varios rosales con otras nuevas, se agregaron margaritas, jazmines, claveles que entre todas ellas emiten un aroma tan exquisito que invita a todos a contemplar su belleza, fruto del trabajo de Orontes a lo largo de estos diez u once meses. Es la atracción de esos hermosos colibríes que visitan de flor en flor. Lugar preferido de Dorita que pasaba gran tiempo contemplando este jardín, asomando su rostro en algunas rosas disfrutando de su aroma y cortando algunas de ellas formando un ramillete para su maestra. Alguien la observaba desde afuera, la miraba sin ser visto semi escondido desde la vereda. Es un hombre raro que no observa a las flores sino a Dorita y lo hace desde hace varios días; ella es una niña muy bonita de casi once años que visita el jardín por las tardecitas cuando el sol ya comienza su camino de retirada, excelente oportunidad para este observador que acecha desde la vereda a la espera de un instante propicio mientras los padres están fuera de casa y Dorita distraída con sus flores. En un descuido este hombre ingresa con el sigilo de un felino golpeando con fuerza el rostro de Dorita dejándola inconsciente para que no pueda gritar. Dorita, tirada en el suelo, oculta entre las plantas del jardín, comienza a sufrir el desgarro y rotura de su ropa por este hombre para ser violada. Nadie los veía, no había alguien cerca mientras Dorita está a merced de este depravado que ha logrado su objetivo dejando heridas en ese cuerpo ensangrentado; abandonando su niñez en forma brusca y lamentable.

Cerca del lugar Orontes estaba trabajando en la huerta embellecida y enriquecida por distintas variedades de hortalizas. Comienza el riego con mangueras en la huerta y luego el jardín cuando alcanza a ver a Dorita en el suelo en estado de shock que no podía ni hablar ni llorar. Acudió de inmediato, la cargó entre sus brazos mientras llegaban Sara y Elías, padres de Dorita. La desesperación era demasiado grande al ver su ropa rota y ensangrentada sin que Dorita pudiera emitir una sola palabra. Culparon a Orontes y lo entregaron a la policía, quedando detenido a la espera de un juicio y sentencia.

Dorita fue internada en la clínica para las correspondientes curaciones y pruebas de laboratorio y no lograban sacarla del estado de shock, solo reaccionaba con pánico cuando alguien se le acercaba, acurrucándose en posición fetal abrazando sus piernas, por instantes emitía algunos sonidos de terror dentro de esta horrible pesadilla estando despierta.

— ¿Comprenderán los hombres lo que siente una mujer al ser violada? Y aún más, ¿Cuándo esta mujer está entre niña y adolescente? —Dijo Sara, su madre, en presencia de sus familiares y amigas. —

—Genera un trauma muy profundo en la familia. Yo vivo sobresaltada en estos días y no puedo dormir. —Dijo Rebeca, con ojos llorosos. —

—Le di unos golpes a Orontes, y si la policía no llegaba tan rápido quizá lo habría matado. —Dijo Elías con rostro furioso. —

Las Clarisas se pusieron muy tristes al enterarse de la noticia y les costaba imaginar que Orontes fuese el autor, pero no lo conocían, nadie lo conocía, así que no podían formar una opinión del caso.

Orontes no tiene dinero, por lo tanto tampoco puede contratar un abogado particular, aún más, nadie quiso poner ni un centavo por él; por lo tanto, le designaron un defensor de oficio que, junto con fiscalía le han hecho los estudios correspondientes para compararlos con los de la víctima.

Al cabo de estos días Dorita salió del estado de shock, pero no sirvió de nada para el caso porque ella no alcanzó a ver a su agresor por haber sido atacada por detrás y luego quedar inconsciente; entonces solo quedan las pruebas del laboratorio.

El resultado fue sorprendente para todos. No existe rastro alguno que lo incrimine a Orontes como autor de la violación a Dorita. Todas las pruebas y huellas son negativas. Hay que encontrar al verdadero violador y urgentemente dejar en libertad a Orontes por ser totalmente inocente.

Elías, muy avergonzado, le pidió disculpas a Orontes por haberlo golpeado y acusado injustamente. Sara y Rebeca también se han disculpado por haberlo tratado y considerado un criminal a este hombre simple lleno de humildad y resignación que habla muy poco, casi nada, con una constante actitud de servicio y trabajo desde que llegó a casa de los Mizrachi. Le rogaron que vuelva y retome su trabajo habitual.

Volvió a la huerta y al jardín, descuidados por todos estos largos días de angustias y dolor. Caían los pétalos de las rosas, de las margaritas y claveles como llorando en el jardín, como si ellas mismas supieran y sintieran lo que ocurre allí. La palidez de este vergel es como la de aquel niño que extraña a ese ser tan querido que hace tiempo no lo ve ni sabe si volverá; extrañan a Dorita que les hablaba, las besaba y las acariciaba con mucho amor. También extrañaban a Orontes, que en su silencio y en el silencio de ellas también conversaban con un lenguaje espiritual más nítido y profundo que las palabras auditivas, mientras él ablandaba su tierra, las regaba y podaba esas plantas con total delicadeza como evitando causarles dolor en un corte descuidado que no sea apropiado. Los claveles le dijeron que vieron todo lo ocurrido a Dorita por el hombre malo, también se manifestaron con fuerza de modo casi auditivo, las rosas y margaritas. Orontes trabajaba la tierra alrededor de cada planta, las arreglaba y regaba mientras las escuchaba a todas ellas, que en ese silencio parecían un grupo de niños que venían a contar una noticia y todos querían hablar al mismo tiempo.

Orontes aprendió en la vida que el apuro, los ruidos y las voces apartan a uno de la realidad presente que se está pisando, hace vivir en un mundo diferente al real, otro mundo, un mundo ficticio lleno de ilusión que transforma al conjunto de vivientes en una gran masa de sobrevivientes que caminan sin rumbo atraídos por máscaras humanas, carteles y propagandas que seducen a las personas a transitar senderos tan enigmáticos que le hacen olvidar  quiénes son y de dónde vienen; ocultando, al mismo tiempo, como con una gruesa cortina oscura en la mente y en el alma dónde están y hacia dónde van. Se vive una ilusión creyendo que esa es la realidad; se vive la mentira creyendo que esa es la verdad. Como todo esto es tan impropio para el ser humano, entonces aparecen depresiones enfermedades psicosomáticas, deseos de morir, de jamás haber existido, de negar la naturaleza de las cosas con su Creador y adoptar como dioses a los que manejan las máscaras, los carteles, la propaganda, la moda, la ilusión. ¡Dios es un ilusionista! Lo dicen todos aquellos que lo han adoptado como tal, pero lo dicen con otras palabras: Soy ateo, soy agnóstico, no hay Creador, el universo se hizo solo (¡Claro, porque se lo ve desde el punto de vista de la ilusión!), mi vida me pertenece (… desde la fantasía, porque siempre hay algo o alguien que te esclaviza, pero te hace ilusionar que eres libre).

El hombre ha nacido para ser esclavo; la libertad y las cadenas solo dependen del amo. El mundo te grita que eres libre, pero te miente al llenarte de cadenas y candados en los brazos y piernas, en la mente y en el alma. Tu libertad es semejante o igual a la del ganado que contento pasta en el campo en engorde para luego ser llevado al matadero, pero mientras tanto debes sonreír y si no eres feliz entonces debes aparentar que lo eres. Los ilusionistas son los dioses de las masas. Las conductas y las apariencias están regladas por ellos.

Orontes sabe todas estas cosas y también se dio cuenta que es muy difícil caminar con libertad en un mundo lleno de encadenados por eso decidió vivir así, como mendigo, aprendió a degustar el silencio, a contemplar todo lo que lo rodea ya sean personas o la propia naturaleza. En esas contemplaciones de largas horas, sin darse cuenta, iba afinando el oído del alma hasta darse cuenta que escuchaba las voces de los árboles en el silencio atento e inmóvil como si fuese un árbol más.

En todos esos años de mendigo solitario ha aprendido el lenguaje de otras plantas, de algunos animales y de las personas en su silencio. Eligió como amo a la naturaleza, o mejor dicho, se ha dejado esclavizar por ella, porque en ella encuentra mucha más libertad que en el mundo, lejos de las ilusiones y fantasías.

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Capítulo VII

    Se oye en el pasillo de la empresa el sonido del tic tac de los tacos altos de las hermosas botas de Hortensia que se dirige al despacho de la gerencia de producción donde ella asesora; continúan vistiendo sus piernas una finas y vistosas medias de lycra perdiéndose debajo de su pollera cortita de cuero negro ajustada a su cuerpo, que, a su vez sujeta una blusa blanca bordada que se deja caer moderadamente muy cerca y por encima de la parte superior de la pollera. Su hermoso cabello negro y sedoso caía como una suave cascada de aguas mansas por debajo de sus hombros. Sus hermosos ojos y maquillaje completan el encanto de ese cuerpo delgado y esbelto que al caminar hace temblar a los hombres que la miran. — ¡Es increíble!, —murmuran algunos, mientras se le caen los anteojos a otro. —

Ingresa al despacho del gerente con una carpeta que la apoya sobre su escritorio,

— ¿Qué me trae aquí? —Dice Manuel al tomar esa carpeta. —

—He preparado un proyecto que estimo mejorará mucho el plan de producción obteniendo menores costos y una mayor producción. —Dice Hortensia señalando la carpeta. —

—Déjeme que lo analice y lo discuta con los jefes de producción y en una semana le doy mi parecer. —Dijo Manuel. —

—Voy a ir de viaje para investigar unas nuevas máquinas que han salido recientemente. Estaré al teléfono. —Dijo Hortensia retirándose. —

—No se olvide pasar por contaduría para retirar su cheque correspondiente a sus honorarios. —Dijo Manuel mientras se despedían. —

Con la alegría de otra tarea cumplida Hortensia sube al taxi que la lleva al aeropuerto.

Al día siguiente, luego de haber leído e interpretado el proyecto de Hortensia, Manuel convoca urgente una reunión de directorio de la empresa.

Al día siguiente se realiza esta reunión convocada por Manuel, donde han participado todos los gerentes de la empresa y  jefes de producción. No fue invitada Hortensia por no poseer algún cargo jerárquico. En esta reunión Manuel se luce en la pizarra explicando todo el proyecto de renovación productiva que ha impactado a todos los presentes. Lo ha presentado como cosa propia, como que él mismo lo ha realizado sin la colaboración de alguien. Fue ovacionado por todos disfrutando por primera vez en su vida momentos de gloria y exaltación. Todos lo felicitaban, ponderaban su trabajo a tal punto que consideraron darle un ascenso por encima de producción, mantenimiento y ventas de la empresa. Luego de esto los presentes fueron invitados a un lunch y brindis en el mismo lugar de reunión para luego dar paso al correspondiente debate de preguntas y respuestas considerando los pormenores del proyecto que se ocultan debajo de las cuestiones generales presentadas. Los jefes de producción hacían preguntas muy precisas del funcionamiento de varios elementos que se muestran invisibles debajo de elementos generales que engloban grandes partes del núcleo principal de la matriz del proyecto. Esto incomodó de gran modo a Manuel por no conocer las respuestas. El gran apuro y la ansiedad lo precipitó a presentar todo esto sin percatarse de todos los pormenores no mencionados en este trabajo. Manuel, simplemente dijo que todo esto está resuelto en otro trabajo que lo presentará en una próxima reunión. Esto no cayó bien en el recinto, quedaron muchas intrigas, aunque aceptaron aclarar en una próxima jornada.

Manuel no es considerado un hombre de muchas luces como para realizar cosas extraordinarias, solo le alcanza para conducir moderadamente la gerencia de producción, tiene muchas capacidades pero limitadas, es por esto que le han puesto una asesora para que lo ayude. Todo el directorio es muy consciente de esto. Quedaron muchas dudas respecto de la honestidad de Manuel y comenzaron a investigar en silencio cada cual por su lado sin que nadie se entere.

Es un hecho que todos apuntaron a Hortensia, además el equipo de producción sabe la verdad, puesto que Hortensia había hablado con cada jefe de producción y varios obreros de la planta para realizar un buen diagnóstico de esa área analizando varias propuestas brindadas por algunos jefes y obreros; por lo tanto, los jefes de producción conocían las respuestas a sus propias preguntas formuladas a Manuel, siendo que todo esto ya lo habían planeado de antemano con Hortensia y Manuel no estaba enterado.

Cuando los otros gerentes, en forma individual y secreta, contactaron a Hortensia, ninguno le contó lo sucedido. Descubrieron que la autoría del mismo pertenece a Hortensia con la colaboración sigilosa de los jefes de producción y algunos obreros del departamento.

La noticia no se hizo esperar poniendo en conocimiento a todo el directorio. Inmediatamente Manuel fue despedido de la empresa por plagio, deshonestidad y varias otras cosas más.

Esa próxima reunión anunciada anteriormente por Manuel, se ha realizado, pero con la disertación de Hortensia que ha disipado con holgura y precisión cada detalle del proyecto, haciendo participar en varias respuestas a los jefes de producción que son los colaboradores principales de la elaboración de este trabajo.

Le ofrecieron la gerencia de producción a Hortensia pero ella no aceptó prefiriendo continuar como asesora porque necesita tiempo libre para realizar cosas personales. Entonces le ofrecieron una asesoría móvil que no se limita solo a producción sino también a compras, ventas, mantenimiento y cualquier otro departamento de la empresa que la necesite, además le han triplicado sus honorarios quedando todos satisfechos.



    Dorita se empieza a recuperar con la ayuda de psicólogos en un proceso muy lento, no se notaban grandes avances, su mirada apunta al infinito moviéndose casi como una autómata y sus padres no saben qué hacer para ayudarla. Orontes pidió a Elías que le permitiera ayudarla colaborando con él en el trabajo de la huerta y el jardín, explicando que la laborterapia suele lograr cambios muy importantes, a lo cual Elías y Sara aprobaron esa idea.

Dorita no se aparta en ningún momento de Orontes que le enseña, sin utilizar palabras, el cuidado de la huerta y el jardín. Él solo le muestra cómo hacer los trabajos y ella lo imita. Reina el silencio en el jardín mientras Orontes y Dorita trabajan, aunque las flores les hablan todo el tiempo a Orontes. En el silencio él las escucha y también les responde sin mover sus labios ni emitir algún sonido. En eso un clavel pone una advertencia, le dice a Orontes que escondido en la vereda se encuentra el hombre que lastimó a Dorita; inmediatamente y sin levantar sospechas Orontes pasa la noticia a Elías que llame con urgencia a la policía, aunque no fue necesario porque la policía ya había llegado antes que Elías levantara su teléfono. Estaban vigilando discretamente y han detenido al agresor, descubriendo que ya tenía antecedentes de varias violaciones anteriores y no lo podían encontrar. Dijo el policía que con tantas causas acumuladas le darían cadena perpetua. No había mucho que probar, con los análisis de laboratorios demostraron su culpabilidad en forma inmediata.

Dorita sigue progresando día a día, se acerca a las rosas, las acaricia y les habla, les cuenta cosas y parece que todas las flores las ayudan, de algún modo lo hacen, es como que le absorben su tristeza y sus miedos, como que también le transmiten esa paz de la naturaleza, esa paz que poseen las flores en su suavidad, en su belleza, en su armonía con el universo, en esa continua alabanza al Dios creador que las hizo con tanto amor y dulzura haciendo que ellas, con su presencia, hablen de Dios al mundo. Con su hermosura están diciendo: Dios es hermoso, con su suavidad nos dice que Dios es ternura, en cada pétalo también nos cuentan algo, en su perfume, en su color. Si miras con atención, en cada rosa se puede ver la sonrisa de Dios. Aquellos que dicen que Dios no existe, es porque jamás han contemplado a una flor.

Dorita comienza a darse cuenta que las flores le hablan, que le sonríen, que la escuchan, ya está percibiendo estas cosas y Orontes se da cuenta, pero no dice nada, solo trabaja en silencio y Dorita ya está aprendiendo a imitarlo.

Elías sale hacia el convento de las Clarisas llevando una caja llena de mercaderías para colaborar con las hermanas por ser un hombre agradecido que siempre recuerda los favores logrados por estas hermanas que con sus oraciones han conseguido sanar a Sara de sus enfermedades que la conducían a la muerte. Le contó a la hermana Amelia lo ocurrido con Dorita y les pidió oración por su sanación y pronta recuperación. Amelia anotó en un papelito y le pasó a una de las hermanas para que incluyan oraciones por Dorita.

—Elías, podría traer a su hija al convento para quedarse unos días con nosotras. Eso le va a hacer mucho bien. —Dijo Amelia con un gesto de invitación. —

—Es una excelente idea y no tengo dudas que ella aceptará. —Respondió Elías. —

Le costó un poco desprenderse de Orontes que es un verdadero maestro para ella, como también de ese jardín que en su silencio y contemplación parece encantado. De todos modos preparó un bolso con algo de ropa y su padre la llevó al convento.

Dentro del convento existen reglas y horarios muy estrictos que deben observar y obedecer todas las hermanas, pero Dorita no tiene obligación de cumplir ninguna de ellas, aunque se siente muy cómoda y a gusto acompañar a las hermanas del claustro en todo lo que ellas hacen. Tienen oración al amanecer, desayunan, luego cada cual tiene alguna actividad particular, ya sea en la limpieza, en la cocina, la huerta o algunas otras actividades. Dorita eligió trabajar en la huerta; es muy incómodo no hacer nada mientras todo el mundo está trabajando en algo, así que lo mejor es trabajar con ellas. Notó que todas ellas trabajan en silencio, no hay chismes ni conversaciones vanas, sólo se habla cuando es muy necesario, esto ya lo aprendió con Orontes, pero aquí había algo más, ese silencio no es mudo; todas rezan mientras trabajan, hablan con Jesús, hablan con María, no hablan con las flores ni con la naturaleza, que no estaría mal si lo hicieran, puesto que San Francisco lo hacía, incluso hablaba con los animales, con el viento, con las nubes. Ellas hacen otro tipo de conversación, rezan el Santo Rosario o algunas otras devociones en silencio mientras trabajan. Rezan con el pensamiento y conversan con el corazón. Algo nuevo aprendió Dorita. Luego, a media mañana se hace otra oración en la capilla, se vuelve al trabajo, se hace oración al mediodía y luego el almuerzo, breve descanso, oración y trabajo al modo de la mañana. Oración de intercesión por todos los pedidos que la gente les hace, en algún momento la merienda, en otro la cena, oración y a dormir temprano que luego hay que madrugar viviendo una nueva y larga jornada de cada nuevo día.

Dorita quedó molida en su primer día de estas raras vacaciones. Al cuarto día cuando ya estaba más o menos en forma atlética espiritualmente, Amelia comienza a guiarla con reflexiones y oraciones particulares; la separó del grupo de las hermanas; ya no debe trabajar ni seguir la rutina de las monjas, tampoco debe ir al comedor sino que se le sirve la comida aparte en este retiro espiritual guiado por la madre superiora Amelia. Fue un retiro de tres días aislada y en silencio. Al finalizar quedó como si la hubiesen fabricado de nuevo, es una mujer diferente a la que ingresó, es mucho mejor, se fueron los traumas, los miedos y el dolor. Ya está lista para volver a casa, regresar a la escuela y a la vida normal.

Después de una fuerte experiencia en la vida que ha causado daños profundos no hay nada mejor que un buen retiro espiritual. Esto lo han aprendido muy bien Hortensia y Dorita.



Capítulo IX * Próximamente.

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