sábado, 29 de abril de 2017

El Docente, Riqueza de los Pueblos

Hablar es fácil, comprender lo que uno dice es difícil. Escuchar es muy fácil, pero es muy difícil comprender lo que uno escucha. La falta de entendimiento hace que se hable lo que se escucha, que se repita lo que otros dicen sin haber pasado por el laboratorio del conocimiento que pueda justificar plenamente la retórica del fanatismo que caracteriza a un pueblo ignorante.

¿Cuántas veces opinamos de un gobernante actual o histórico adhiriéndonos a frases hechas por otros sin haber realizado la investigación personal que justifique la veracidad de lo que se dice?

La falta del conocimiento dificulta la investigación y genera falta de entendimiento que conduce al fanatismo de un pueblo que se relega a retóricas de irresponsables que continuamente van creando y perfeccionando esta nueva religión hedónica popular donde su ideología es la ignorancia.

Un pueblo ignorante se caracteriza por el parecer antes que el ser, el maquillaje se torna como verdad ocultando la realidad de lo que está debajo de él. Vive la ficción de un ideal que no se puede lograr, porque no es fácil, porque se necesita conocer, poner mucho esfuerzo, ser profundos.

Construir un edificio lleva mucho tiempo, conocimientos concretos, esfuerzo, responsabilidad, materiales, dinero, ciencia, tecnología, sin embargo, destruirlo solo se necesita de un martillo grande y muy poco tiempo. En un día se puede destruir lo que ha tardado años en construirse.

Para construir se necesita escuela, para destruir no hace falta, solo con el sentido común se logra.

Un pueblo que no pone su primer valor en la escuela es un pueblo que se destruye así mismo.

¿Qué se dice de los docentes hoy? ¿Verdad o retórica populista?

La educación, el conocimiento, la ciencia, ¿serían mejores si los docentes no harían paro?

¿El pueblo, la sociedad, sabe lo que hoy se enseña en las escuelas?

¿Conoce el modo de enseñanza y evaluaciones?

¿Son escuelas o guarderías de niños, adolescentes y jóvenes?

La respuesta es muy fácil. No existe diferencia alguna si se dan clases todos los días del año o no.

El docente promedio cobra aproximadamente cinco mil pesos de sueldo por mes, no puede enfermarse por tener una obra social inútil, le resulta muy costoso ir al médico, muy mal tratado en los hospitales donde deben justificar su enfermedad. No puede elegir el monto de su propio sueldo como los gobernantes, no puede cobrar plus como los médicos que lo hacen en negro violando todas las leyes tributarias.

Soy Ingeniero en construcciones civiles, no soy docente de carrera, pero mi presencia en las escuelas es muy importante porque los conocimientos universitarios son indispensables en las escuelas, aun así soy docente con veintiséis años de antigüedad, significa que conozco muy bien lo que se enseña y cómo se enseña; me doy cuenta que los docentes tienen verdadera vocación por estar remando este barco en un verdadero pantano con mucho barro y muy poca agua.

Se, a ciencia cierta, que los docentes no quieren hacer paro sino que de verdad quieren dar clases todos los días del año, porque cuando no se da clases los alumnos pierden el hilo del estudio y esto dificulta mucho al docente, le cuesta mayor trabajo hacer paro que dar clases sin faltar a ninguna de ellas.

No podemos negar que el docente es una persona como cualquiera de las demás, no es un extraterrestre, tiene las mismas necesidades, deseos, debilidades, que cualquier habitante.

Cuando los docentes piden que se les aumente su sueldo, lo hacen frente a autoridades que administran el tesoro del Estado, funcionarios que los juzgan de irresponsables, vagos, cuando ellos mismos determinan su propio sueldo por Ley, que la hacen ellos mismos.

¿Cuánto cobra mensualmente un funcionario público que tiene el poder de establecer por Ley su propio sueldo y la de los docentes?

Hay algo que me interesaría se verifique, porque escuché por los medios:
Un intendente estaría por encima de los ochenta a cien mil pesos por mes, si no me quedo corto, los concejales cobrarían algo similar y no son extraterrestres, tienen la misma realidad humana que los docentes. Tengo entendido que la actual gobernadora de Buenos Aires estaría por encima de los trescientos mil pesos mensuales de sueldo. Los diputados, senadores, jueces, también cobran una fortuna y ostentan con ella. ¿Acaso son marcianos? ¿Por qué la necesidad humana de ellos es diferente que las de todos los humanos del país?

El Honorable Concejo Municipal. La Honorable Cámara de Diputados o Senadores, ¿tienen algo de honorable cuando ellos mismos se imponen, abusando del poder que les confiere el pueblo, a establecer caprichosamente una fortuna como sueldo?

Cinco mil pesos de un docente frente a presuntos ochenta mil, cien mil, trescientos mil y más de funcionarios públicos es un verdadero insulto a los ideales del progreso de los pueblos.

Si se cierra el concejo municipal, no veo que pase algo, salvo que no cambiarían los nombres de las calles. Si cierran un juzgado, no aumentarían los delitos y quizás sea más conveniente porque la policía no liberaría con tanta facilidad a los delincuentes. Pero si cierran las escuelas habrá un verdadero impacto social.

Si los gobernantes, funcionarios, jueces cobraran como máximo diez mil pesos mensuales como sueldo y otros conceptos, los docentes, con sus sueldos actuales no volverían a hacer más paros. Los precios no se dispararían devaluando tanto el valor de nuestra moneda, se revisaría nuestra obra social con las prestaciones médicas, el costo de energía eléctrica, le daríamos más importancia al ser que al tener, la educación mejoraría, porque nuestros ideales serían más grandes y nuestros representantes serían mejores.

El valor del dólar debería bajar y acercarse a un peso = un dólar, esto al pueblo le conviene porque bajarían mucho los precios, que lo entienda el que quiera.

La sociedad debe exigir a los gobernantes y manifestarse en contra de esas actitudes impropias que generan injusticia, desigualdad y corrupción.

La sociedad debe ver el interior del sistema educativo y tratar de salvarlo en esta constante destrucción sistemática donde, equivocadamente o no, todos somos parte de ella.

Juan C. Starchevich

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