domingo, 26 de junio de 2011

Misterios de la Santísima Trinidad

por Juan Carlos Starchevich (de la Santísima Trinidad)

Antes de mostrar el modo de rezar el Santo Rosario con estos nuevos misterios veamos lo que nos enseña la Iglesia respecto de la Santísima Trinidad (ver también el Trisagio en su honor>>):

"El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Solo Dios puede dárnoslo a conocer revelándose como Padre, Hijo, y Espíritu Santo.
La fe católica es ésta: que veneremos un Dios en la Trinidad y la Trinidad en la Unidad, no confundiendo las Personas, ni separando las sustancias: una es la Persona del Padre, otra la del Hijo, otra la del Espíritu Santo; pero del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo una es la divinidad, igual la gloria, eterna la majestad.
Las Personas divinas, inseparables en su ser, son también inseparables en su obrar. Pero en la única operación divina cada una manifiesta lo que le es propio en la Trinidad" (Catecismo de la Iglesia Católica, NS 261-267).




Volvemos a los misterios del Rosario de la Santísima Trinidad.

* Se rezan los días miércoles.
Primer Misterio: La Creación.
Segundo Misterio: La purificación del Pueblo de Dios.
Tercer Misterio: Jesús nos da un mandamiento nuevo.
Cuarto Misterio: Iglesia, Vientre de María embarazada de Eucaristía.
Quinto Misterio: La Parusía.
Con estos misterios se completan todos los días de la semana sin repetición de los mismos y completando la obra de Dios, quedando finalmente:
Lunes: Misterios de gozos >>
Martes: Misterios de la Caridad >>
Miércoles: Misterios de la Santísima Trinidad.
Jueves: Misterios de la Luz (o de la fe).
Viernes: Misterios dolorosos.
Sábado: Misterios de la esperanza >>
Domingo: Misterios Gloriosos.

Misterios de la Santísima Trinidad
Se lo reza de la siguiente manera:
  • Pedimos perdón por nuestros pecados
  • Rezamos por las siguientes intenciones:
    • En desagravio y reparación a:
      • la Santísima Trinidad, Dios único y eterno en tres divinas Personas, Padre Hijo y Espíritu Santo;
      • la Divina Providencia;
      • la Divina Misericordia;
      • la Divina Caridad;
      • los Sagrados Corazones de Jesús y de María;
      • la preciosísima Sangre de nuestro Señor Jesucristo;
      • Jesús en el Santísimo Sacramento del altar;
      • la Excelsa Madre de Dios María Santísima;
      • la Santa Iglesia Católica.
    • Pidiendo el Espíritu Santo y sus siete sagrados dones y los frutos de los dones del Espíritu Santo.
    • Dando gracias al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo por todos los beneficios recibidos a toda la iglesia y en forma personal.
  • Comenzamos el Rosario con la oración de alabanza de San Francisco de Asís.
    Tú eres Santo, Señor Dios único, que haces maravillas;
    Tú eres fuerte,
    Tú eres grande,
    Tú eres altísimo;
    Tú eres Rey omnipotente;
    Tú eres, Padre Santo, el Señor del universo;
    Tú eres Trino y uno, Señor Dios, todo bondad;
    Tú eres el bien, Dios vivo y verdadero, todo bien, el sumo bien;
    Tú eres quietud, gozo y alegría;
    Tú eres justicia y templanza;
    Tú eres la plenitud de nuestra riqueza;
    Tú eres hermosura y mansedumbre;
    Tú eres protector, custodio y defensor;
    Tú eres fortaleza y refugio;
    Tú eres nuestra esperanza y nuestra fe;
    Tú eres la gran dulzura nuestra;
    Tú eres nuestra vida eterna,
    Dios admirable y misericordioso Salvador.
Oraciones para cada Misterio:
  1. Padre Eterno yo te ofrezco el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de tu amadísimo hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y del mundo entero. Por su dolorosa pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
  2. Padre Nuestro que estás en el cielo...
  3. Santo, Santo, Santo; Señor Dios de los ejércitos; llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
  4. Diez Ave Marías. (Dios te salve María...)
  5. Santo Dios, Santo fuerte, Santo inmortal; ten compasión de nosotros.
  6. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo...
  7. Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno; lleva al cielo a todas las almas y socorre especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

Primer Misterio: La Creación
*Anunciamos en voz alta que: Rezamos con: los Serafines, Querubines y Tronos
>>Oraciones para cada Misterio…
Segundo Misterio: La purificación del Pueblo de Dios
*Rezamos con: los Profetas, Reyes, Jueces y Patriarcas; y con todas las almas del purgatorio.
>>Oraciones para cada Misterio…
Tercer Misterio: Jesús nos da un Mandamiento Nuevo
*Rezamos con: las Dominaciones, Virtudes y Potestades.
>>Oraciones para cada Misterio…
Cuarto Misterio: Iglesia, Vientre de María embarazada de Eucaristía.
*Rezamos con: todos los bienaventurados del cielo, los santos mártires y los Apóstoles del Señor.
>>Oraciones para cada Misterio…
Quinto Misterio: La Parusía.
*Rezamos con: los Principados, Arcángeles y Ángeles; y con toda la Iglesia, Pueblo de Dios.
>>Oraciones para cada Misterio…

  • Finalizamos el Rosario con el Magníficat.
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador,
porque se fijó en su humilde esclava,
y desde ahora todas las generaciones me llamarán feliz.
El Poderoso ha hecho grandes cosas por mí:
¡Santo es su Nombre!
Muestra su misericordia siglo tras siglo
a todos aquellos que viven en su presencia.
Dio un golpe con todo su poder:
deshizo a los soberbios y sus planes.
Derribó a los poderosos de sus tronos
y exaltó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su siervo,
se acordó de su misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
a Abraham y a sus descendientes para siempre.


Explicación de los cinco misterios

1.- La Creación (Dios Padre, Divina Providencia)
Agregado el 20 de julio de 2011:
En este misterio honramos de modo especial a La Divina Providencia, Dios Padre, primera divina Persona de la Santísima Trinidad. Quién alimenta a las aves del cielo y viste a los lirios del campo. ¿Cuánto más hará por vosotros hombres de poca fe? (Jesús).

Dios Padre, Divina Providencia, te ama más que a las estrellas, te ama más que al sol, te ama más que al universo, porque lo ha creado para vos.

Te provee de todo lo necesario para que vuelvas a Él porque quiere compartir contigo su felicidad y reino eterno. Amén.
Al principio existía Dios. Dentro de él existía la nada del universo, del mismo modo que dentro del vientre de una mujer existía la nada antes de la concepción. El Espíritu de Dios se mueve y crea, Dios ve que es bueno y le pone nombre a cada cosa creada, al mismo tiempo que va creando el tiempo y el espacio. El Espíritu de Dios se mueve y se derrama dando existencia a las cosas creadas y estableciendo sus leyes naturales hasta la creación del hombre. (Ver Génesis desde capítulo 1).

La ciencia del mundo trata de encontrar y descubrir el origen del universo, pero no lo puede lograr pues se basa en la misma existencia y no en la nada. Parte de algo presente que luego ha explotado formando todas las galaxias y todos los elementos que constituyen el universo en expansión, sin tener en cuenta "la existencia" de las leyes que rigen los movimientos, atracción y repulsión de los objetos, y demás leyes que hacen a la gran configuración de la existencia y la conducta de rotación, traslación y desplazamientos; como tampoco la identidad de estrellas, planetas, satélites; conductas y leyes gravitatorias; la energía, sus leyes y conductas, entre tantas otras cosas que existen y la ciencia del mundo todavía no las ha descubierto. Dios ha creado todas las cosas, ha establecido sus leyes y la armonía del universo. Ha creado todo desde la nada que existía en su seno, dentro de su eterna existencia. Ver Teoría de la Concepción>>


2. La purificación del Pueblo de Dios. Es el comienzo de la nueva creación del nuevo universo.
Agregado el 20 de julio de 2011:
Este misterio básicamente se refiere a la Santísima Virgen María. Es la creación de María como conclusión final de todo el proceso de este nuevo “barro” purificado y nuevamente amasado para obtener de este la nueva mujer (nueva Eva), creada a imagen y semejanza de Dios. Personalmente lo interpreto como si el alfarero seleccionara un conjunto de sus piezas, creadas por él, las toma y las vuelve a convertir en polvo. Este polvo es tamizado, se le quita todas las impurezas quizás en varias etapas hasta lograr la “arcilla esperada”. El alfarero debe “dar fe” de la calidad de esta arcilla, una arcilla varias veces purificada y “probada” hasta que su calidad sea la “esperada” por el alfarero para poder hacer con ella un vaso muy especial, un vaso fabricado con mucho “amor”, moldeado con sus propias manos, con mucha dulzura, creatividad e inteligencia. Un vaso de arcilla que sea capaz de contener sin romperse ni fisurarse la presencia del Infinito. Un vaso de arcilla sin impurezas ni manchas, sin máculas; un vaso “inmaculado”, “sin pecado original”.

María es ese vaso; Ella es concebida sin pecado original, es inmaculada, es la única persona que puede resistir la presencia del Infinito sin romperse ni fisurarse. María fue creada con “fe, esperanza y amor” concibiendo en su vientre, alma, mente y corazón a Dios Hijo. Ella es la única persona capaz de alojar en sí a la Santísima Trinidad en forma plena. Ella siempre se ha mantenido virgen en cuerpo, alma y espíritu. María jamás ha dejado de ser virgen, ni antes ni después de dar a luz a Jesús; ha sido preparada para eso, ha sido creada para eso. María solo tuvo un hijo, el Hijo de Dios; y todos aquellos que afirman lo contrario por una falsa interpretación bíblica están cometiendo un pecado muy grave en contra de la Santísima Trinidad.

* Resumiendo estos dos párrafos, podemos decir que en este misterio honramos La creación de María y se manifiestan de modo muy especial las Virtudes Teologales: Fe Esperanza y Amor.

Noé, Abrahán, Israel, Moisés, Juan el Bautista… Patriarcas, Jueces, Reyes, Profetas…

Luego de la desobediencia del hombre que dio origen al pecado original, Dios libera al pueblo de Israel de la esclavitud de los egipcios por medio de Moisés. Comienza el éxodo en el desierto. Dios le da los diez mandamientos y va purificando a “su pueblo” durante cuarenta años en el desierto hasta que nace María, esperanza del pueblo de Dios; Templo viviente de la Santísima Trinidad.

Cuando Adán y Eva cometen el pecado original ellos mismos han perdido la comunión con Dios, quizás no fue una condena del Altísimo sino una auto condena fruto del desprendimiento que dio como consecuencia el valerse por sí mismos, encontrándose desnudos y desprovistos de poder, degradando progresivamente su propia realidad actual involucionando hacia realidades inferiores que conducen a la muerte.

Pero, más adelante aparecen Abel, Noé, Abrahán, Israel y otros que, dentro de su realidad involutiva a la gracia, existía amor a Dios. Dios tuvo compasión de esto y no quería que ese amor muriese ni se perdiera; tampoco quiso que se perdiese eso que tanto Él amaba, el hombre, broche de oro de su creación e imagen y semejanza suya. Entonces comenzó a recrear su propia creación tomando la parte buena de aquello que se perdía, haciendo alianzas con aquellos que lo amaban y preparándolos como arcilla nueva para hacer al hombre nuevo.

Cuando la arcilla estaba lista, comenzó a amasarla, era el pueblo de Israel bajo la esclavitud del pueblo egipcio que tomando a Moisés como instrumento, comenzó su amasado soplando sobre esa masa nueva su Espíritu, le iba dando forma al nuevo broche de oro de su creación. Los Diez mandamientos fueron la receta, el desierto era su crisol que con el fuego de su Espíritu se iba forjando esa nueva arcilla capaz de resistir la presencia de su soplo, sin romperse ni fisurarse.

Moisés era como ese palo que mezcla la masa, el desierto el recipiente, y el Espíritu de Dios las manos que mezclaban y sobaban la masa.

Dios, el Altísimo, miraba la tierra y solo encontraba oscuridad, pero seguía amasando, amasaba con esperanza porque había visto amor en la tierra, era su amor, y sabia que eso no puede morir, entonces continuaba amasando pero seguía viendo oscuridad; siguió soplando, hasta que de repente, al límite de su esperanza, sus ángeles del cielo le mostraron la tierra, le pidieron al Altísimo que dirigiera su mirada hacia ella; se comenzó a mostrar una luz, una luz muy hermosa, más hermosa que la luz del sol, más hermosa que la luz de las estrellas, más hermosas que todas las luces. Era la luz de la esperanza, estaba naciendo María.


3. Jesús nos da un nuevo mandamiento. (Dios Hijo, Divina Misericordia). Dios prepara y selecciona la nueva arcilla para crear al hombre nuevo.
Agregado el 20 de julio de 2011:
En este misterio honramos de modo especial a La Divina Misericordia, Dios Hijo, segunda divina Persona de la Santísima Trinidad.
Un mandamiento nuevo nos da el Señor, que nos amemos todos como nos ama Dios.

En este misterio vemos la vida de Jesús, es la presencia de Dios Hijo. Dios Padre manda a su hijo a redimir a sus hermanos. Jesús vino a nosotros porque nos quiere, y quiere que nosotros lo ayudemos imitándolo a él, siendo como él; por eso nos da el modo exacto de imitarlo para redimir con y en él. Se trata del elemento más preciado de la salvación, el amor de Dios. Significa que para poder ser como él debemos amar como él para atraer a todos los otros hacia la construcción de un solo cuerpo unido por la fuerza del amor de Dios. Debemos entender al amor más allá del mero sentimiento de afecto por ser el amor responsabilidad, cuidado por el otro, misericordia, deseo del bien, enseñar, exhortar si hace falta, compromiso, dar la vida.

Jesús nos manda a madurar como personas, en hacernos adultos ante los otros, en ser como el papá y la mamá de los demás así se tenga quince años. Nos quiere responsables y comprometidos en su plan salvador. Quiere que seamos misericordiosos; que actuemos como el buen samaritano; que dejemos de mirarnos tanto a nosotros mismos y miremos a los demás como Dios los miró cuando los estaba creando. Nos da la gracia de su Espíritu para tener la fuerza y la grandeza de sostener y levantar a los demás. Nos llena de dones y carismas para redimir en él con el poder de Dios.

Nos redime y nos da el poder de co-redimir a los demás en su nombre. El poder más grande es el amor de Dios, que se consigue amando a Dios en primer lugar para que con su amor amemos a los demás como él nos ama.

Si en verdad amamos a Dios, entonces amaremos a los demás. Si amamos a los demás, entonces significa que en verdad amamos a Dios.

El Padre lo manda al Hijo, este nos manda a nosotros, y nosotros mandaremos a otros construyendo todos los eslabones de esa cadena más fuerte que el odio y que la muerte, la cadena del amor que rescata, redime y salva.


4. Iglesia, vientre de María embarazada de Eucaristía. (Dios Espíritu Santo, Divina Caridad). Es la nueva creación del nuevo hombre.
Agregado el 20 de julio de 2011:
En este misterio honramos de modo especial a La Divina Caridad, Dios Espíritu Santo, tercera divina Persona de la Santísima Trinidad. Y a María, Reina y Madre de toda la Creación.
La Eucaristía es la común unión de todos los santos en Jesucristo. Es la redención del hombre que se crea y se recrea a imagen y semejanza de Dios según Jesucristo, el nuevo Adán, el nuevo hombre.

Jesús es Dios hecho hombre, es al mismo tiempo la humanidad de Dios y la divinidad del hombre en comunión con él. Jesús es el camino que significa el modelo; es la fórmula del hombre nuevo. Solo en Cristo se va al cielo, solo en Cristo se retorna al Padre, solo en Cristo se consigue la vida eterna.

La Eucaristía es el nuevo cuerpo de Cristo compuesto con todos los redimidos que comulgan con él; es la comunión de los Santos que se hacen uno en Jesucristo, haciéndose uno en la Santísima Trinidad.

La Iglesia tiene en su seno a la Santa Eucaristía, que es el hombre nuevo creado a imagen y semejanza del único hijo de Dios, Jesucristo. La Iglesia es el vientre que está gestando a la Eucaristía.

María es el templo de Dios viviente que ha concebido en su seno al Hijo de Dios para redimirnos. Es la puerta de entrada de Dios al mundo, luego Dios la ha coronado con su gloria y la ha hecho Reina y Madre de toda la creación. La hizo Madre de la Iglesia, es Madre del Señor. La Iglesia es el vientre de María Gloriosa embarazada de Eucaristía, embarazada de Comunión en Jesucristo. Es madre de todos los hombres que están en comunión con Jesús. Es madre de la comunión. Es la única puerta de salida del mundo hacia el cielo, poniéndonos en el único camino de salvación que es su único hijo Jesús. María es la única puerta de entrada al cielo, Jesús es el único camino que nos lleva al Padre y la comunión con él es el único medio de transporte.

La Santísima Eucaristía es La Santísima Trinidad que viene a salvar al hombre; y la Santísima Virgen María es el Templo Vivo de la Santísima Trinidad.

“Sin la Eucaristía, la Iglesia no existiría”>>, dijo Benedicto XVI

5. La Parusía.
Agregado el 20 de julio de 2011:
En este misterio honramos de modo especial a Jesucristo, Rey y Señor de todo el Universo.
Es la segunda y última venida de nuestro Señor Jesucristo. El Fin del mundo y el inicio del reino de Dios en la tierra y en todo el universo para siempre.

Luego de un parto, cuando se da a luz, nace el niño que ya antes existía en el vientre de su madre desde la concepción, y en el Todopoderoso desde antes de la concepción.

El vientre de la madre vuelve a quedar vacío, “la nada” en su vientre. Todo ese universo que existía dentro era solo para dar vida y desarrollo al niño que se estaba formando en su seno. Nace el niño y viene con él el cordón umbilical, la placenta, el líquido amniótico y todos los elementos que daban volumen y espacio en ese vientre que se expandía con el tiempo mientras crecía dentro de él el niño esperado.

Solo se conserva al niño, lo bañan, lo limpian y se lo pone en brazos de su madre. Las suciedades que le han quitado mediante la limpieza, con la placenta, cordón, líquidos y todo el resto se lo arroja a la basura; las comen los gusanos o las consume el fuego.

Cuando venga Nuestro Señor en Gloria, la Parusía, significa también que María Gloriosa dará a luz a la Eucaristía, la comunión. Todo el resto corre el riesgo de ser arrojado al infierno. La misericordia de Dios nos sirve para entrar en comunión con Cristo, pero debemos tener cuidado de no rechazarla porque podríamos tener la misma suerte del mundo. Cuando Cristo venga ya no habrá más tiempo para el mundo ni para aquellos que han rechazado su misericordia.

Pero felices todos aquellos que han acogido la palabra de Dios y la han puesto en práctica. Vivirán eternamente con gozo y felicidad en presencia del Señor.

Felices todos aquellos que han aceptado la misericordia de Dios y han hecho su voluntad. Felices todos los que permanecen en comunión con Cristo hasta el fin de los tiempos, porque heredarán la tierra, son y serán los hijos de Dios, les pertenece el reino de los cielos. Serán llamados BIENAVENTURADOS >>
  • Al final rezamos por las intenciones del Papa correspondientes al mes en curso.
  • Finalizamos con el Credo.
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Benedicto XVI: “Sin la Eucaristía, la Iglesia no existiría”
Ciudad del Vaticano, 27 Junio 2011

“Sin la Eucaristía, la Iglesia no existiría, expresó este domingo el papa Benedicto XVI al introducir la oración del Ángelus con los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro para rezar con él. El Papa recordó que, aunque el Vaticano celebró el Corpus Christi el pasado jueves, manteniendo la tradición secular, esta fiesta se estaba celebrabando en muchos países ese domingo.

Por ello, quiso volver sobre el significado de esta “fiesta de la Eucaristía, la cual constituye el tesoro más precioso de la Iglesia”.

“La Eucaristía es como el corazón latiente que da vida a todo el cuerpo místico de la Iglesia: un organismo social basado totalmente en el vínculo espiritual pero concreto con Cristo”, afirmó, insistiendo en que “sin la Eucaristía, la Iglesia sencillamente no existiría”.

“La Eucaristía es, de hecho, la que hace de una comunidad humana un misterio de comunión, capaz de llevar a Dios al mundo y el mundo a Dios”.

“El Espíritu Santo, que transforma el pan y el vino en el Cuerpo y Sangre de Cristo, transforma también a cuantos lo reciben con fe en miembros del cuerpo de Cristo, para que la Iglesia sea realmente sacramento de unidad de los hombres con Dios y entre ellos”, añadió.

El Papa afirmó que “en una cultura cada vez más individualista, como lo es aquella en la que estamos inmersos en las sociedades occidentales, y que tiende a difundirse en todo el mundo, la Eucaristía constituye una especie de antídoto".

“El vacío producido por la falsa libertad puede ser muy peligroso, y ante eso, la comunión con el Cuerpo de Cristo es fármaco de la inteligencia y de la voluntad, para volver a encontrar el gusto de la verdad y del bien común”.

La Eucaristía “actúa en las mentes y en los corazones de los creyentes y siembra continuamente en ellos la lógica de la comunión, del servicio, del compartir, en resumen, la lógica del Evangelio”.
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