martes, 27 de enero de 2026

¿Cómo es el que hizo todas las cosas?

    La naturaleza, el mundo, están llenos de cosas, panoramas, lugares que parecen encantados o quizá en realidad lo son, solo depende del modo en que lo vemos porque si miramos de modo superficial solo veremos cosas, un conjunto de cosas emplazadas en distintos lugares generando paisajes como esperando ser contemplados como a esa mujer que se arregla y se maquilla pero no se le presta atención, solo se pasa por al lado de ella hasta que salga del espacio visual. Muchas veces la belleza que se muestra pasa desapercibida a causa de la ceguera del que mira y no está dispuesto a ver, de este modo, la creación hasta puede parecer un conjunto de obstáculos molestos cuando los ojos solo quieren ver rentabilidad económica o simplemente están abarrotados de problemas que ocupan todo su cerebro y no están dispuestos a mirar las cosas más allá de la superficie exterior que se muestra.

    No se puede ser feliz si no se mira en profundidad, entonces ¿de qué sirve vivir?

    El mundo está lleno de mensajes que están a la vista si acaso se los quieren ver; está lleno de voces en el silencio que hablan de distintas cosas, un gran mundo de elementos diferentes que están para ser descubiertos. ¿De qué nos hablan todas ellas?

    En toda la existencia, en los objetos y paisajes está escrito la felicidad de cada uno, solo hay que saber mirar, hay que saber escuchar el silencio que habla con claridad. De la observación y de la escucha surgen las grandes sinfonías musicales, las hermosas pinturas artísticas, las leyes de la física y las matemáticas, el conocimiento del cosmos, la poesía, las ideas, los remedios, mirando a una determinada profundidad, pero si nos atrevemos a sumergirnos más vamos a encontrar la firma del autor.

    Sabemos que el árbol se conoce por sus frutos, también podemos afirmar que el autor se conoce por sus obras, no se lo va a conocer plenamente pero sí muchas de sus características que se muestran en sus obras, aunque es muy bueno comenzar por algo y quizás vayamos descubriendo más de él si afinamos nuestra observación y nuestra escucha.

    Debemos aprender a leer el lenguaje de la creación para así comprender que un cuadro no se pintó solo, sino que un artista lo hizo; una sinfonía musical tampoco se compuso sola. El universo tampoco se hizo solo, sino que alguien lo hizo. Si empezamos a descubrir a ese alguien, entonces podemos afirmar que comenzamos a conocer al autor, lo llamamos Dios, aunque es una palabra muy difícil de comprender. ¿Qué significa Dios? No creo que alguien conozca el significado, entonces solo podemos tener acceso a algunas cualidades de Él. Luego, cada uno, según sus capacidades y según su propia mentalidad se hace su propia imagen de Dios, que no es real por ser imaginario, pero aun así le rinde culto. Cada persona tiene su propia imagen de dios que es diferente al de las demás personas porque no se continuó avanzando en la búsqueda, entonces se ha creado un ídolo que reemplaza al Dios verdadero.

    En fin, contemplando la creación, observando a máxima profundidad, solo vamos a encontrar la firma del autor y muchas de sus cualidades pero todo esto no alcanza para conocerlo y siempre terminamos reemplazándolo por un ídolo creado con nuestra propia imaginación, un dios creado por nosotros mismos. Las distintas culturas a lo largo de toda la historia nos muestran todo esto.

    Si de verdad queremos conocer al Dios verdadero, primero debemos despojarnos de todos nuestros dioses imaginarios, vaciarnos de todos estos ídolos creados por nosotros mismos o copiado a otras personas o culturas para estar dispuestos a conocer al Dios verdadero.

    Pero ¿Cómo lo hacemos? Esto es imposible. Veamos por qué.

    Cuando vemos y contemplamos la belleza de los paisajes notamos que Dios es hermoso, muy bello, la belleza misma; analizando las leyes físicas del cosmos notamos que es la inteligencia misma; que es muy poderoso, cuando notamos la fuerza de un volcán y los sucesos atmosféricos que nos hacen temblar de miedo; y así podemos seguir continuamente descubriendo sus características, pero no lo podemos alcanzar por estar muy lejos, muy alto, altísimo. Nadie lo puede alcanzar, nadie lo puede tocar ni siquiera las religiones, absolutamente nadie. Es inmaculado, purísimo, santo. Es imposible llegar a Él. No hay manera. Lo máximo que podemos lograr es imaginarlo de modo incorrecto.

    Cuando contemplamos la naturaleza nos encontramos en un mundo que interpela nuestra razón. De repente nos vemos como extraños como que estamos aquí sin saber cómo y nos empezamos a preguntar por qué esto y por qué aquello y terminamos descubriendo que con todos los años que tenemos todavía no sabemos quiénes somos como un gran reto a la razón. Pero si observamos con profundidad y con inteligencia nos damos cuenta que también existimos porque hemos sido creados y no por relaciones sexuales de nuestros padres que solo tienen capacidad de engendrarnos.

    El mismo que hizo la creación nos ha creado también a nosotros y nadie puede escapar de esto, no es posible imaginar que venimos de afuera del ser creador, no hay forma, es imposible. Estamos aquí porque fuimos creados por el mismo ser que hizo todas las cosas de la existencia.

    Para crear algo, primero hay que pensarlo, imaginarlo, aprobar interiormente esta idea, amarla y finalmente crearla.

    Todos somos diferentes y únicos, aun cuando somos millones de millones de personas, nadie es igual a otro. Primero te imaginó, te pensó, te amó, te creó y te dio la vida de su propia vida, de su propio espíritu.

    Por ser nuestro creador nos conoce a todos individualmente, por dentro y por fuera y quiere que nosotros lo conozcamos a Él, de modo verdadero y no de forma parecida o reemplazada por otro. Su presencia es tan poderosa, tan fuerte que no podemos resistir. Para poder estar en su presencia debemos ser santos como Él y de ninguna otra manera. Pero quiere que lo conozcamos, entonces ideó un método, un camino para llegar a Él. A esto se lo conoce como Plan de Salvación.

    Como nosotros no podemos llegar a Él, entonces Él viene a nosotros. Dios es espíritu, es invisible y no pertenece a nuestra dimensión material, es una realidad sin límites o sea infinito, pero para que lo podamos conocer tuvo que hacerse finito, tomar dimensión humana, entonces este espíritu tomó carne de la Virgen y se hizo hombre llamándose Jesús.

    Aquí están todas las respuestas, Jesús es Dios Hijo y al mismo tiempo es hijo humano por haber sido engendrado en la Virgen. Él es el camino o método para llegar a Dios Padre.

    Si alguien quiere conocer verdaderamente a Dios, primero debe despojarse de todos esos dioses imaginarios y observar a Jesús, que si se observa de modo superficial solo se va a encontrar un hombre con ciertas características particulares. Pero si se quiere conocer a Dios hay que mirarlo con la máxima profundidad y contemplarlo, escuchar su silencio y conocer sus enseñanzas para hacer lo que nos manda.

    Solamente podemos conocer a Dios verdadero mirando a Jesús, no existe otra posibilidad. Amén.

Juan C. Starchevich

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