En reflexiones anteriores puse de manifiesto algunas ideas acerca de la concepción virginal de María y las respaldo con las profecías de los profetas, especialmente Isaías 7, 14. Sin embargo debemos tener en cuenta que al dar a luz también debe mantenerse en el mismo estado de virginidad en cuerpo y alma. Parece muy difícil comprender este hecho tan irracional para el sentido común, según lo que se acostumbra a ver en nuestra realidad humana, como si acaso fuese un mérito humano la concepción normal y el parto normal, pero como estamos acostumbrados a estos hechos no nos damos cuenta que el hombre es incapaz de hacer estas cosas por sí mismo; solamente participa con su aporte a un mundo misterioso que no alcanza a comprender.
La ciencia va descubriendo varios modos de concepción humana sin la presencia material del ser masculino, sino solamente de su semen; en otros casos, también, sin la presencia material femenina reemplazada por elementos de laboratorios, por lo tanto, la virginidad no sería un obstáculo…
Por otro lado, la piel y el tejido carnal son elásticos. Notamos que en presencia del calor los poros se dilatan hasta cierto punto, también notamos que las gotas de transpiración atraviesan la carne sin lastimarla ni dañarla. La bioenergía manejada por expertos en esta ciencia pueden hacer cosas en el cuerpo humano llegando a órganos internos atravesando la carne sin dañarla, pienso que también podrían dilatar los poros de tal modo que pueda atravesar por ellos un cuerpo dentro del vientre materno, sin necesidad de recorrer el camino vaginal de la madre. Quizá dentro de un tiempo ya no se necesite bisturí para realizar una cesárea.
De esta manera resulta totalmente lógico y razonable admitir que Jesús no necesitó recorrer la vía vaginal para nacer y Dios no necesitó hacer un milagro extraordinario para dar a luz a su hijo por dilatación momentánea de los poros del vientre de María. Entonces es totalmente racional, no normal, que María haya permanecido virgen durante el parto y después del parto.
Lo que relato en estas líneas son puras especulaciones mías tratando de acomodarlas a los hechos ocurridos en nuestra fe cristiana.
De ningún modo digo ni afirmo que los hechos hayan ocurrido de este modo, sino, solamente, que es posible.
Para la época del nacimiento de Jesús era un milagro que una virgen conciba y dé a luz un hijo manteniendo intacta su virginidad, convirtiéndose en un signo de algo importante, el signo del Mesías que profetiza Isaías en cap. 7, verso 14; Que Dios dará un signo para reconocer al Mesías; que una virgen concebirá y dará a luz un hijo que será llamado Emanuel, Dios con nosotros.
En un futuro próximo esto ya no sería un signo, pues, la mujer podrá concebir y dar a luz sin usar la vía vaginal ni cortar la carne en una cesárea. Aunque el hijo solo sería humano, mediante el semen humano del hombre y el óvulo humano de la mujer.
Es importante reconocer que Dios, nuestro Creador, nos mira siempre, sabe de nosotros y conoce hacia dónde vamos. Sabe que lo buscamos constantemente como ciegos que caminan a tientas sin saber hacia dónde se dirigen encontrando distintos elementos de la naturaleza que le impactan creyendo que algunos de estos son dioses o que todos lo son, porque el sentido religioso siempre está inmerso en el corazón del hombre como un mapa del tesoro dibujado en lo más profundo del corazón humano que lo obliga a buscarlo para que así tenga sentido su vida, entonces creen algunos que el sol es dios, también la luna, quizás una cascada de agua, un árbol, un animal, un objeto, etc.
Dios sabe que el hombre lo busca desde tiempos ancestrales pero no puede encontrarlo por su condición humana llena de imperfección e impurezas frente al inmaculado, perfecto y santo que es el Dios verdadero.
El hombre, al no encontrarlo, sigue a su propia imaginación que lo conduce muy lejos del Dios verdadero y se pierde, se muere, sin haber encontrado aquello que le da verdadero sentido a su vida. El hombre es incapaz de encontrar al verdadero Dios, durante toda su vida y durante todas las generaciones. La creación es tan hermosa y maravillosa que todo nos hace creer que es Dios y no alcanzamos a darnos cuenta que Dios es maravilloso y hermoso que ha creado todas estas cosas que impactan y seducen al observador.
Dios ha creado todas estas cosas y también ha creado al hombre y quiere que lo conozcamos para poder amarlo, para reconocer que es hermoso, maravilloso, inteligente y sabio. Para caminar con Él, para conversar con Él, para que le ofrezcamos nuestra vida para que la haga tan maravillosa como hizo todas las maravillas de su creación, porque todas esas cosas que hizo las hizo para nosotros y no a nosotros para ellas, A nosotros nos hizo para Él y nos quiere con Él allí en donde Él vive. Entonces Él sale a nuestro encuentro, se muestra y nos dice cosas para que lo conozcamos y nos relacionemos con Él.
Como de ese modo, el hombre no alcanza a descubrirlo como para familiarizarse, entonces se hizo hombre en la Virgen y habitó entre nosotros. Amén.
Juan C. Starchevich
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