lunes, 15 de julio de 2013

Las Intenciones de María Santísima

Debemos rezar por las intenciones de María Santísima, en el Rosario, en las Misas, en los Grupos de Oración, en las Oraciones Personales e Individuales.

Solo hay que anunciar: “En este Rosario rezamos por las intenciones de María Santísima”, y ya está, ya estamos rezando con Ella ante Dios, nuestro Señor.

“Hagan lo que Jesús les dice”, manifiesta en las Bodas de Caná cuando se les terminaba el vino, proveyéndoles luego el mejor vino que jamás habían probado…

La intención de Ella es que todo el mundo haga lo que Cristo dice, para que los hombres del mundo puedan saborear por primera vez el vino de Dios que le da verdadero sabor a la vida.

Los hombres del mundo caminan masificadamente hacia los abismos, pero no se dan cuenta. Son como las aguas del mar que se pierden en las orillas y ya no pueden retornar. Caminan con alegría gozando de los entretenimientos y placeres que el mundo les da y sin poder retenerlos luego, como esa arena que se escurre entre los dedos y, en algunos casos, como ese vino que se avinagra después de tomar. Pero la gente del mundo no sabe, no sabe que camina hacia su propia muerte, la eterna soledad, el infierno. Esta gente, esta masa de gente que camina, no sabe a dónde va. ¿Destino o ignorancia? ¿Riesgo o estupidez?

Son una pobre gente inconsciente de la verdad. Son dignos de lástima porque no saben lo que hacen, no saben dónde van. Son esclavos del mundo. El mundo les dice que caminen, señalando los abismos que ellos no ven, porque hay oscuridad, pero igual van. Esto entristece al que los ve caminar.

Da mucha pena ver personas que van a accidentarse, que sin darse cuenta se van a matar. Pero más pena da cuando se les avisa, se les grita, pero ellos no escuchan e igual se van. Debe ser horrible ver personas accidentadas, mutiladas, gritando sin consuelo su dolor. ¿Y si ellos fuesen tus hijos?

María Santísima ve todo esto, es por este motivo que Ella tantas veces se muestra con lágrimas y lágrimas de sangre al ver cuanta gente se va al infierno.

Debemos unirnos a Ella, rezando y participando en su reino, para que ningún alma se vaya al sufrimiento eterno.

También estaremos pidiendo por las almas del Purgatorio, al rezar por sus intenciones, porque Ella quiere que la Gloria de Dios se manifieste con total plenitud, salvando a todas las almas. Por cada alma que se salva es un grito de victoria para Jesucristo.

También quiere que el Espíritu Santo inunde la tierra y todos los corazones.

Ella reza por los desamparados, por los niños abortados, por todos los que sufren. Reza por los que tienen hambre y por el corazón de aquellos que tienen mucho y no quieren convidar. Reza por los esclavos y los que esclavizan; por las familias divididas; por la sexualidad mal conducida, mal concebida, mal entendida, mal practicada, mal definida.

Reza por la Iglesia, por los servidores de Dios, por el Cuerpo de Cristo que somos todos los bautizados.

Ella es La Reina de todo lo creado que se presenta de modo visible ante los que Ella quiere, cuando Ella quiere y donde Ella quiere. No necesita pedir permiso a los gobiernos de turno de los distintos países, por tener mayor jerarquía que todos ellos. En Yugoslavia paró la guerra dentro de esa multitud atea y anticristiana de gobernantes que querían expulsarla pero no tenían el poder ni la autoridad para hacerlo, en ese Medjugorje donde la gente acude desde todas partes del mundo a adorar a Jesucristo presente en el Santísimo Sacramento del altar. Es la Reina de la Paz.


Quiere la paz en el mundo.

Alguien dijo una vez, creo que era San Luis María Grignon de Montfort:
“Dios juntó todas las aguas y las llamó mares, luego juntó todas sus Gracias y la llamó María”.

Ella es nuestra Esperanza.

Debemos rezar por sus intenciones. Nosotros somos sus intenciones.

Es Madre de todos los bautizados que estamos en comunión con su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Amen.
Sea bendito, alabado, adorado y glorificado Dios uno y trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, en el Inmaculado Corazón de María Santísima. Amén.

Juan C. Starchevich

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