jueves, 23 de abril de 2026

Resonancia en el alma II


Novela en crudo

por Juan C. Starchevich

Continua esta Novela familiar que relata la vida de una mujer empresaria viuda que vive el conflicto del amor entre los recuerdos y nuevas experiencias que aquí presentamos.

Que lo disfruten!

Los lectores, también leyeron la siguiente novela:




Capítulo I

    Tendido en la vereda del parque yace el cuerpo de un hombre que respira con dificultad emitiendo algunos débiles quejidos de dolor, propios de un agonizante que no quiere soltarse de la vida; viste andrajoso, muy andrajoso, un saco despintado y roto con manchas de suciedad, pantalones sujetados con una soga sisal que cumple la función de cinturón; pantalones desgarrados con restos de sangre; un par de zapatillas rotas que muestran los dedos de sus pies; barba crecida y despareja, como los cabellos de su cabeza, que huelen a vómito y a cosas apestosas, como en todo su cuerpo. ¿Está muerto? No, pero casi lo está; tal vez su vida estaba esperando algo antes de ser atacado por varios perros la noche anterior, desgarrando su cuerpo al límite de su muerte, quizá para que continúen sus sufrimientos del día a día del hombre que vive en las calles a merced de la limosna de algún alma temerosa que, al verlo, siente que su vida está llena de abundancias frente a este pobre que no tiene nada.

Tardecita agradable y silenciosa con un sol suave que poco a poco comienza a esconderse; pasto cortado con prolijidad que muestra algunos elementos de riego rotatorios que distribuyen uniformemente y con mucha suavidad su agua regando el césped y rosales del lugar. Tardecita hermosa que invita a contemplar la belleza del paisaje y el sonido agradable del trino de los pájaros que regresan a sus nidos para iniciar su descanso. Lugar donde la naturaleza ofrece, en forma gratuita, el remedio que cura el estrés; espacio que permite retirarse del ruido para encontrarse con uno mismo, como renovando el oxígeno y las ideas; lugar que invita a las parejas a declararse su amor, como también a aquellos que desean hacer gimnasia, caminar y correr en sus veredas alrededor de estos frondosos árboles de pinos y lapachos que decoran con hermosura los espacios de este parque.

La gente pasea por estos senderos, algunos caminando, otros con algún trote continuo alrededor de este parque. El hombre está tirado en el suelo atravesando la vereda, hay que esquivarlo como a un simple obstáculo en el camino. Dos jóvenes y una mujer que están dando la segunda vuelta tuvieron la idea de hacer algo con este hombre.

—Tenemos que sacarlo de ahí —dice Juanita a sus dos compañeros.

—Está obstaculizando el paso y nos podemos tropezar, —dice Félix, tomándolo de las piernas al mendigo e invitando a Aroldo a sujetarlo de los hombros y dejarlo a un costado del camino.

— ¡Qué mal huele!, —dice Aroldo, — ¿Será que está muerto? —No, pero no le falta mucho,  —dice Félix.

— ¿Habrá que llamar a una ambulancia? —Pregunta Juanita, mientras se acomoda sus cabellos con sus manos— ¡No!, —dijo Aroldo— ¿Acaso tú te harás cargo de este pobre diablo?— Mejor lo dejamos aquí y continuamos con lo nuestro, — convirtiéndose en invisible, este mendigo, para estos tres jóvenes.

No son los únicos caminantes que disfrutan de estas hermosas caminatas, algunos pasan solos con auriculares disfrutando música, otros conversando de sus cosas, ignorándolo, como si fuese un tronco de algún árbol caído al costado del camino. En esto, una mujer lo encuentra y se conmueve al verlo tirado y abandonado como si fuese basura arrojada en el camino; se acerca a este pobre hombre, no le importó el olor que despedía, puso sus dedos en el cuello de este hombre verificando que está vivo; hizo señas a un auto y pidió que la ayude a llevarlo a una clínica, pero se negó a hacerlo, para no contaminar su vehículo y así pasó con todos aquellos a los cuales les ha pedido auxilio. No quiere llamar a una ambulancia por temor a que ocurra lo mismo que con aquellos conductores que mostraron un gran desprecio a este pobre harapiento que se ha convertido en nadie, en un estorbo en el camino, pero se quedó allí junto a este mendigo herido y mal oliente hasta que alcanza a ver un camión de recolección de residuos que pasa por el lugar y se detiene para cargar las bolsas de basura de esa vereda. Ella se aproxima al chofer, saca dinero de su cartera y les ofrece para que lo lleven hasta una clínica cercana. Los obreros, poniendo mala cara, reciben el dinero ofrecido y lo acomodan en la caja del camión donde cargan la basura. Ella tiene que subirse a un estribo del mismo para poder acompañarlo.

Al llegar a la clínica, tiene que pagar a unos enfermeros para que lo reciban, lo aseen y le den los primeros auxilios. Lo ingresan bajo su responsabilidad, luego de firmar varios papeles, rellenar algunos formularios y presentar su tarjeta de crédito, haciéndose cargo de todos los gastos. Habla con una enfermera y le da dinero para que le comprase ropa, reemplazando a toda la que trae puesta.

Ella tiene prisa, debe viajar con urgencia para atender unas cosas personales, pero no está conforme con dejarlo solo, sin saber si lo atenderán correctamente, entonces, mientras los médicos atienden al mendigo, ella se pone a caminar por los pasillos para ver si encuentra a alguien confiable que pueda acompañar a este hombre. Hay todo tipo de personas, algunas llorando, otras preocupadas, todas en sus cosas atendiendo a sus enfermos. Ve también a una mujer de hábito gris claro que muestra paz en su rostro y desliza suavemente un collar de bolitas que tiene una cruz al final del mismo. Esta mujer está cuidando a una monja de su convento que recientemente salió de cirugía y se está recuperando.

—Creo que puedo confiar en ella. —Se dijo en su silencio. —




     — ¿Por qué estoy haciendo esto? —Se pregunta sin encontrar respuesta— Nunca me interesé por nadie ¿Por qué, por este mendigo desechado por el mundo? ¿Qué me pasa? —No hay respuestas. —

Se sentó en un banco del pasillo de la sala de internación y se puso a pensar en silencio luchando fuertemente con su propia razón. No quiere recordar esas cosas terribles de su historia que le dan tanto dolor; pero se encontró con una gran sorpresa, ya no siente dolor; puede recordar a su esposo y también a su hija, pero no con ese dolor de desesperación; es un dolor suave, con esperanza que poco a poco se va diluyendo; queda el recuerdo, la historia; eso no se olvida ni debe olvidarse; pero hay una diferencia, se está sanando su interior, aunque todavía quedan muchas durezas de la vida en su corazón, que durante tanto tiempo le han hecho olvidar su humanidad.

En esta larga lucha, entre la razón y el corazón, se da cuenta que para ser feliz debe aprender a ser humana; ella cree que nunca lo fue;  entiende que tiene aprender todo desde el principio y no sabe cómo hacerlo. Su razón le advierte que su corazón le está diciendo algo, pero no alcanza a traducir; sabe que es algo muy importante, algo diferente, pero no alcanza a comprender.

—Me he graduado en la universidad; —piensa con recogimiento; — he hecho muchas maestrías y posgrados, pero en ninguno de ellos enseñan humanidad, —protesta en su silencio—

Continúa su intriga acerca de esa mujer con hábito gris claro sentada a unos diez metros de ella, que en su silencio y lentamente, pasa sus dedos por esas bolitas; entonces se acordó que en el monasterio el padre Emilio le dijo que esas bolitas son rosas que se le regala a esa mujer bonita que ella vio en la capilla del monasterio.

Se levantó y, con determinación, se acerca a esta mujer de hábito gris claro que en silencio reza, mientras siente el abrazo de esta incipiente y hermosa noche que empieza a regar el cielo con brillantes estrellas.

—Buenas noches señora. —Saluda con humildad, — disculpe que la moleste, pero ¿usted le está regalando rosas a una mujer muy buena y hermosa? —Pregunta con gran interés. —

—Así es, —responde sorprendida esta religiosa— ¿Cómo lo sabe usted? —

—Eso me enseñó el sacerdote de un monasterio, se llama padre Emilio, pero no alcanzó a enseñarme cómo hacerlo porque vivo corriendo de aquí para allá. —Expresa mientras delicadamente se sienta al lado de la religiosa. —

—Jamás he visto mujeres vestidas con esos atuendos que usted lleva, ¿me podría decir qué significan? —Con curiosidad sigue indagando, mientras saca de su cartera un caramelo que convida a la religiosa. —

—Soy la hermana Amelia y pertenezco a la congregación de las hermanas Clarisas. —Responde mirándola con suavidad. —Existen otras congregaciones que se visten con otros hábitos y colores pero todas pertenecemos a la Iglesia Católica. —Respondió con mucha calma y una mirada muy limpia en un rostro lleno de paz. — ¿Cómo se llama usted?  —Pregunta Amelia, amigablemente. —

—Me llamo Hortensia y vengo acompañando a un enfermo que en estos momentos lo están atendiendo. —Respondió bajando la mirada al suelo. —

— ¿Qué sabe de esa mujer a la cual usted le está regalando rosas? —Irrumpe. —Acaso, ¿usted la conoce, la ha visto alguna vez? —Pregunta Hortensia con sus ojos muy atentos y llenos de interrogación. —

—La conozco en la medida que ella se me da a conocer; fundamentalmente por la enseñanza y tradición de la Iglesia. —Explica mansamente la hermana. —Además se la puede ver sólo por aquellos a quienes ella se quiere mostrar; aunque esto es muy privado, ella se suele mostrar a veces a través de nuestros ojos y otras veces con el corazón. —Responde Amelia. —

—Acaso, ¿conoce su nombre? —Pregunta Hortensia muy atenta a la respuesta. —

—Se llama María, es la Madre de nuestro Señor. —Con mucha suavidad y una hermosa sonrisa responde la hermana Amelia. —

—Es tan difícil de creer que una persona tan importante se haya dejado ver por mí. —Confiesa Hortensia. —Me ha recostado en su regazo, me ha consolado y me ha tenido entre sus brazos. —Continua, mostrando sentimientos, al límite de sus lágrimas. — ¿Me puede enseñar a regalarle esas rosas? Quiero verla otra vez. —Con los ojos, como en la mirada de una niña y muy expectantes, ella esperó. —

Amelia quedó muy contenta al conocer esta hermosa experiencia mística que la Santísima Virgen le ha regalado a Hortensia, aun cuando ella no tiene algún conocimiento mínimo de la fe cristiana, pero la ve conmovida y deseosa de conocerla más.

—Le voy a enseñar a rezar el Santo Rosario, con él le regalará muchas rosas. No es necesario que Ella se haga visible a los ojos, pero tenga la certeza que cuando lo rece, Ella la acunará, la consolará y la cargará en sus brazos, aun cuando usted no la vea. —Respondió con mucha alegría la hermana Amelia. —

Continuaron la conversación con mucho interés mientras Hortensia va descubriendo un mundo de cosas que jamás se habría imaginado que existirían. Pero hay algo que Amelia también quiere saber de esta presencia de Hortensia en esta clínica:

—Ahora cuénteme ¿Qué pasa con su enfermo? —Pregunta Amelia. —

—Es que debo viajar con urgencia y necesito que alguien vea por él hasta que yo regrese. ¿Podría hacerlo usted? —Dice Hortensia

—Lo haré, además vendrán otras hermanas de la congregación que lo acompañarán hasta que le den el alta. —Responde la hermana Amelia. —

—Aquí le dejo este dinero por si acaso surge algún otro gasto. —Dice ella sacando un fajo de billetes de su cartera. —

—Ese hombre ¿es familiar suyo? —Pregunta Amelia. —

—No, no sé quién es. Lo encontré tirado en la calle, abandonado, muriéndose solo y lo traje para acá. —

— ¿Conoce la parábola del buen samaritano? —Pregunta Amelia

—No, no sé de qué me habla. —Responde con ojos muy curiosos. —

—Lo que no comprendo es por qué ese Dios del que usted habla no se interesa por los pobres y al parecer solo alimenta, viste y asiste a los ricos. —Casi con exclamación dice Hortensia. —

—Veamos por parte. —Dice Amelia. —Cuando usted va a la escuela necesita lápiz, cuaderno, algunos libros, maestro y otras cosas. En el mundo existe otra escuela donde no es necesario matricularse; esa escuela son los pobres del mundo, se llama escuela de la caridad o también escuela de misericordia, donde el maestro es Jesús, Dios; y los alumnos son todos los ricos y pudientes que los asisten con sus manos, compañía, asistencia, recursos económicos. Es la única escuela de humanidad que existe en el mundo. Quienes asisten a esta escuela y obedecen al Maestro, se van haciendo más humanos, de tal modo que al final el propio Maestro les entrega el diploma que los titula Santos. Sin los pobres no hay escuela de humanidad y ya no tendríamos la posibilidad de ser compasivos. Dios permite la pobreza y el sufrimiento porque quiere que aprendamos a ser misericordiosos y así poder salvarnos a todos para vivir eternamente junto a Él. —

    Las guerras y el dolor no son provocados por Dios sino por la dureza del corazón del hombre que se aleja de Dios. La pobreza, el sufrimiento y la injusticia no es prueba de la inexistencia de Dios, sino que sólo prueba la inexistencia del hombre. Sin Dios no existe humanidad y sin humanidad no existe el hombre.


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Capítulo III

    La reunión no se pudo postergar hasta el día siguiente como ella quería, así que tuvo que viajar de prisa para llegar a tiempo. Por su experiencia tan calificada y reconocida por todos, la convocaron como integrante de la mesa grande de la empresa. No es el directorio, pero es el lugar donde se toman decisiones importantes que luego pasan al directorio para ser evaluadas. Se está definiendo un modelo donde unas inmensas chimeneas industriales exhalarán gases tóxicos al medio ambiente sin que las normas del gobierno las prohíban. Todos los de la empresa, alegres por sus ganancias, aprueban este proyecto; pero Hortensia se puso de pie y enérgicamente alzó la voz explicando el daño ambiental que causarían estos residuos tóxicos provocando muchas enfermedades en las personas, especialmente a aquellas de pocos recursos económicos que no pueden defenderse ni se les permite el derecho de una protesta vinculante, como también de todos los otros de inferiores recursos que para los grandes capitalistas son nadie y quizás una molestia, un estorbo social que impide el desarrollo de las empresas. Ella pone de manifiesto que los más poderosos tienen la responsabilidad de ver por la gente simple. Esta gente no puede reclamar ni hacer juicios cuando sus hijos mueren por asma, enfermedades pulmonares o algún cáncer ocasionado por la irresponsabilidad y negligencia de aquellos que solo piensan en las ganancias a costa de cualquier cosa. Es escuchada con total atención, es respetada como si fuese la directora o dueña de la empresa. Goza de una fama altamente calificada por todos, por su trayectoria y experiencia en aquella empresa en la cual, anteriormente, fue su dueña.

—Vamos a convocar a ingenieros químicos, ambientalistas y afines para lograr controlar las salidas de los gases, de tal modo de no generar contaminación ambiental. —Expresó enérgicamente de forma muy segura, de tal modo que generó varias caras mostrando desacuerdo y unas pocas en apoyo, a sabiendas que este proyecto restará beneficios económicos a la empresa. —

Como la mayoría de los empresarios solo quieren tener ganancias, sin importar los daños colaterales, el voto mayoritario fue negativo, aunque la consideración de Hortensia es incorporada por escrito en el dictamen que será elevado al directorio.

Al día siguiente el directorio analiza el dictamen de la mesa grande con las consideraciones de Hortensia. Ellos la respetan, saben que tiene razón, incluso los de la mesa grande que han votado en contra; aunque todo esto toca sus intereses, siendo que sus ganancias se reducen apreciablemente. Se generan grandes discusiones y desacuerdos en el directorio, golpes de puños en la mesa y palabras violentas entre ellos. Una gran discusión entre lo que quieren hacer y lo que Hortensia aconseja no hacer.

Llaman a Hortensia a la reunión del directorio para ayudarlos a llegar a un acuerdo, puesto que los intereses económicos de varios de ellos son más elevados que la responsabilidad moral necesaria que debe existir en una empresa inserta en una población semiurbana.

Uno de los directores le dice: —Hortensia, ¿Cuándo has tenido estos miramientos mientras conducías tu próspera empresa? ¿Cuándo has mirado a los pobres a tal punto de comprometer tus ganancias haciendo más lento el desarrollo y crecimiento de ella? Nunca has hecho esto, entonces ¿por qué te conviertes en un obstáculo para nuestro crecimiento? —Acusó Jaime de pie con los puños apoyados sobre la mesa. —

—Yo solo miro lo que veo, veo gente muy rica con más dinero del que pueden gastar, veo gente pobre y muy pobre que, muchos de ellos, no alcanzan a comprar la comida del día, veo a enfermos en las calles que ninguna casa de salud los atiende por no tener seguro social ni dinero, veo mucho sufrimiento en la gente con pocos recursos económicos, veo a mi esposo y a mi hija muertos en un accidente, que por una ambición mía, les he quitado la vida; Veo que todos ustedes gozan de mucha riqueza mientras ahí afuera hay personas enfermas, tan carenciadas, que sus dineros pagarían con holgura sus remedios y curaciones. Controlen las salidas de los gases industriales de forma adecuada y descubran lo que se siente cuando ayudan a algún necesitado.

La discusión se terminó, pasaron a un cuarto intermedio hasta el día siguiente, donde luego aprobaron por unanimidad la propuesta de Hortensia.

Si hubiera sido otra persona la hubiesen despedido de inmediato, pero Hortensia es tan respetada, que aun no siendo jefa ni siquiera en un cargo intermedio, pudo desde su sitio modificar el curso de la historia de esta empresa.

La contrataron como asesora de una gerencia intermedia dedicada a la producción que no le exigirá presencia diaria, incluso podría comunicarse vía internet desde otro lugar fuera de la empresa. No quisieron ofrecerle algún cargo jerárquico porque le tienen miedo a su integridad, capacidad y experiencia, capaz de ascender con mucha facilidad a la gerencia general pisando cabezas a lo largo de ese camino. Esto le resulta muy fácil, solo debe dar algunos consejos que por su experiencia serían los más adecuados y consultar a unos y otros empleados de la producción para lograr un buen diagnóstico de la marcha de ese área. Esto le permite hacer una conducción secundaria a distancia y así poder retomar con soltura esas cosas del corazón que tanto la sacian. Es como un nuevo desafío, tiene que investigar, probar y demostrar en sí misma la realidad de esas cosas que no se ven pero que impulsan con gran aceleración el movimiento de su alma.


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Capítulo IV


    Las hermanas Clarisas cuidaron a este mendigo hasta que los médicos y enfermeros le han dado todas las curaciones y remedios necesarios.

—Hermanitas, mañana le damos el alta. —Dijo el doctor Clausius a estas Clarisas, —

Orontes ya está listo para irse al día siguiente, aunque no le alegra esa noticia. Aquí tiene techo, cuidados y comida todos los días, luego volverá a las calles sin techo, ni cuidados ni comida.

—Cuénteme algo de usted. — Le dice la hermana Dolores. —

—Soy jardinero, además trabajé varios años como horticultor, —Responde Orontes. —

Las Clarisas no quieren que regrese a las calles, además, ellas son monjas de clausura, significa que viven encerradas en su convento y solo han salido para acompañar a una de sus hermanas mientras está internada y para cuidar a Orontes según lo habían prometido a Hortensia, de ahora en más volverán al claustro. Todas las congregaciones de monjas de clausura viven en oración, una oración tan poderosa que hacen llover la gracia de Dios sobre todos aquellos que le solicitan; suelen acudir a ellas los estudiantes para que Dios les ayude en sus exámenes y estudios, también a pedirles por enfermos y por cualquier otra necesidad. Ellas atienden a través de una reja, como si estubieran presas, a todos aquellos que acuden a pedir oraciones.

Ellas no pueden salir a conseguirle trabajo a Orontes, pero pueden rezar por ese motivo y así lo hicieron. La ayuda de la Santísima Virgen se dio de inmediato, de tal modo que uno de aquellos que les piden oraciones está necesitando un peón de patio que atienda el jardín y la huerta familiar, además le permitirán vivir allí en una piecita donde guardan las herramientas. Orontes ya tiene trabajo, techo y comida.

La familia MIzrachi es la que recibe a Orontes como peón. Una familia de judíos conversos que se bautizaron en la iglesia católica hace casi un año, luego de una sanación del cáncer de su esposa Sara mediante las oraciones de las Clarisas. En ese tiempo de dolor y desesperación, su esposo Elías Mizrachi, le prometió a la Santísima Virgen María que si sana a su esposa se convertirán él y toda su familia y se bautizarán todos en la Santa Iglesia Católica. Y así fue, Elías y Sara, sus dos hijas, Dorita y Rebeca, ambas en edad escolar.

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Dorita, sentada a la mesa del jardín, está sin poder resolver un problema de tareas de la escuela; Orontes, que está ablandando la tierra alrededor de unos rosales del jardín, ve a Dorita muy preocupada sumergida en sus tareas mientras escribe y borra continuamente; Se acerca a ella a una distancia prudencial de tal modo que le permitiera visualizar el cuaderno.

—Ese problema se resuelve aplicando la regla de tres simples. —Afirma Orontes con total certeza. —

Dorita quedó desconcertada al ver que este, hace poco mendigo y vagabundo, ahora jardinero y peón de patio, determine con tanta facilidad la solución de un problema de la escuela.

La noticia corrió rápido, se enteró toda la familia, también las Clarisas e incluso llegó hasta Hortensia.

Rebeca le contó a su prima Anita, que cursa la secundaria; curiosas, quizá por ser judías, Anita preparó unas ecuaciones que ella no podía resolver. Se sentaron alrededor de la mesa del jardín y llamaron a Orontes que está cortando el césped.

—Don Orontes ¿Puede venir un momentito? —Dice Rebeca, mientras Anita abría su carpeta. —

—Si niña, ¿qué necesitan de mí?

— ¿Usted entiende de estas ecuaciones? Yo no las puedo resolver. —Dice Anita señalando con su dedo la hoja. —

—Veamos, —dijo Orontes, mientras observa de lejos. Inmediatamente fue a su piecita, se lavó la cara y sus manos, se cambió de camisa y se acercó a las niñas y en un instante le solucionó las siete ecuaciones que Anita no podía resolver. —

Jamás ha revelado su secreto, nadie sabe qué es ni quién es, es solo un hombre simple que se ha dejado estar, tal vez en protesta y rechazo a las tantas máscaras, hipocresías y vanidades en un mundo cada vez más vacío de contenido y verdades.


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Capítulo V


    Suena el timbre desde la ventanita enrejada del monasterio de las Clarisas.

—Ave María purísima, —Se oye desde adentro. — Pero como Hortensia no conoce la respuesta, la monja se ha respondido sola. —Sin pecados concebida. Soy la hermana Amelia ¿A qué se debe su visita? —

—Soy Hortensia, ¿se acuerda usted de mí? Me había prometido enseñarme a rezar el Rosario. —Dijo mientras la hermana Amelia corría el biombo de madera, detrás de la reja, para hacer visible su rostro y el de Hortensia. —

—Si a usted le parece, podemos comenzar de inmediato. —Dijo Hortensia mostrando total disponibilidad, —

Amelia le pasa una llave a través de la reja y le señala con su mano la puerta por donde debe ingresar al convento.

Mientras se hace el camino de ingreso, Amelia les encarga a sus hermanas que incluyan en sus oraciones la conversión de Hortensia.

Hortensia se siente muy rara desde hace mucho tiempo, está como viviendo una crisis que la deja en un desconcierto mental e interior generando una terrible lucha de querer ir sin saber a dónde mientras hay algo poderoso que la retiene y la guía por otro sendero, no puede soltarse, no puede ser libre. Se encuentra en medio de una espesa nebulosa. No puede soltarse del mundo ni puede soltarse de esta mujer que la atrae y la consuela. Ella no quiere soltarse de María pero tampoco quiere soltarse del mundo.

En ese tránsito de ingreso al interior del convento va pensando rápidamente lo que el mundo le ofrece y lo que esta mujer llamada María le puede prometer. Pero ella sabe con sobrada experiencia lo que le ofrece el mundo porque ya ha triunfado ahí y luego lo ha perdido todo, queda como degustando un mundo de sinsabores que no tiene tanta fuerza como para retenerla en él. Por otro lado tiene miedo en esta nueva experiencia desconocida que no sabe hacia dónde la lleva, como caminar en el vacío, en la oscuridad. No sabe qué hay más allá de esto que está conociendo, pero por su talento y vocación de lucha ha decidido investigar hasta lo más profundo de esta novedad tan misteriosa que le hace resonancia en el alma.

La conversión a Cristo es semejante a un largo tren con muchos vagones que deben cambiar de vía, una vía nueva, donde la máquina va ingresando y con ella algún vagón, pero el resto de los vagones no pueden abandonar las vías viejas, entonces se genera una gran tensión de fuerzas entre la máquina que tira y los vagones que se resisten a cambiar de vía. Si la máquina presenta una excesiva fuerza podría descarrilar el tren, así que deberá maniobrar adecuadamente para ir pasando de uno a uno a todos los vagones rezagados que no los puede pasar. Así es el ser humano, la razón es esa máquina que ha decidido cambiar de camino y comienza a hacerlo. Los vagones son las viejas costumbres, gustos, vicios, nostalgias, esclavitudes. Son tantas cosas como los tantos vagones de un largo tren, que cuando la razón tira hacia una nueva vida, estas otras quieren permanecer en las viejas. Esto produce una tensión tan grande que genera una crisis que amenaza descarrilar. Por esto, cuando una persona comienza el proceso de conversión a Cristo, se la ve como rara y confundida.

La hermana Amelia, superiora de la congregación de este convento, entre silencios, oraciones y enseñanzas, como una gran maestra iba guiando a Hortensia en el conocimiento interior y en la fe. Todo es nuevo para ella, nunca se imaginó de estas cosas. ¿Vida interior? Creía que todo eso era sicológico, jamás podría admitir que dentro de ella existe su propio yo; que su verdadera identidad está en lo profundo de su corazón, en lo más hondo de su alma y que hay un Dios que la ama profundamente, un Dios que se llama Jesús, al cual ella le importa. Y así va descubriendo y experimentando tantas cosas que nunca se agotan, siempre hay más y más, mucho más. Ella quiere saber todo, creía que en una semana conocería a Dios completamente, pero a medida que lo va conociendo hay mucho más por conocer, se torna infinito y muy hermoso, desea que esto nunca se acabe; jamás en su vida ha experimentado estas cosas, no sabía que existían.

—Hermana Amelia, ¿qué significa cuando Jesús dice Yo soy la vida? —Con mucha curiosidad pregunta Hortensia. —

—Cuando Jesús te dice Yo soy la vida, es como si te dijera: Si tú me sigues experimentarás una plenitud de sentimientos y una intensidad de vivencia que jamás imaginaste. —Responde Amelia con una gran sonrisa. —

—Para seguir a Jesús y estar con Él ¿debo hacerme monja? —Con gran interés pregunta Hortensia, —

—No necesariamente, —Responde Amelia. —Jesús nos necesita en todas partes, a algunos aquí dentro y a otros allá afuera. —Indicó la Clarisa. —

—Pero ¿cómo podré rezar allá afuera al igual que aquí? —Pregunta Hortensia con preocupación. —

—Ahí tiene ese rosario que le regalé, récelo como yo le enseñé y vaya siempre a misa y al cabo de un tiempo puede regresar aquí a renovar su alma con nosotras. —Respondió la hermana Amelia. —

Con inmensa alegría y como si hubiese vuelto a nacer, regresa Hortensia nuevamente a la empresa para monitorear más de cerca su marcha de producción.

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Capítulo VI

    Se muestra muy hermoso el jardín de la familia Mizrachi, se han renovado varios rosales por otros nuevos, se agregaron margaritas, jazmines y claveles que entre todos ellos emiten un aroma tan exquisito que invitan a todos a contemplar su belleza; esto es fruto del trabajo de Orontes a lo largo de estos diez u once meses. Es la atracción de esos hermosos colibríes que visitan de flor en flor. Lugar preferido de Dorita que pasa gran tiempo contemplando este jardín, asomando su rostro en algunas rosas disfrutando de su aroma y cortando algunas de ellas formando un ramillete para su maestra. Alguien la observa desde afuera, la mira sin ser visto, semiescondido desde la vereda. Es un hombre raro que no observa a las flores sino a Dorita y lo hace desde hace varios días; ella es una niña muy bonita de casi once años que visita el jardín por las tardecitas cuando el sol ya comienza su camino de retirada. Excelente oportunidad para este observador que acecha desde la vereda a la espera de un instante propicio mientras los padres están fuera de casa y Dorita distraída con sus flores. En un descuido este hombre ingresa con el sigilo de un felino golpeando con fuerza el rostro de Dorita dejándola inconsciente para que no pueda gritar. Dorita, tirada en el suelo, oculta entre las plantas del jardín, comienza a sufrir el desgarro y rotura de su ropa por este hombre para ser violada. Nadie los ve, no hay nadie cerca mientras Dorita está a merced de este depravado que ha logrado su objetivo dejando heridas en ese cuerpo ensangrentado; abandonando su niñez en forma brusca y lamentable.

Cerca del lugar Orontes está trabajando en la huerta embellecida y enriquecida por distintas variedades de hortalizas. Comienza el riego con mangueras en la huerta y luego el jardín cuando alcanza a ver a Dorita en el suelo en estado de shock que no puede ni hablar ni llorar. Acude de inmediato, la carga entre sus brazos mientras llegan Sara y Elías, padres de Dorita. La desesperación es demasiado grande al ver su ropa rota y ensangrentada sin que Dorita pudiera emitir una sola palabra. Culpan a Orontes y lo entregan a la policía, quedando detenido a la espera de un juicio y sentencia.

Dorita es internada en la clínica para las correspondientes curaciones y pruebas de laboratorio. No logran sacarla del estado de shock, solo reacciona con pánico cuando alguien se le acerca, acurrucándose en posición fetal abrazando sus piernas, por instantes emite algunos sonidos de terror dentro de esta horrible pesadilla estando despierta.

— ¿Comprenderán los hombres lo que siente una mujer al ser violada? ¿Y aún más, cuando esta mujer está entre niña y adolescente? —Dice Sara, su madre, en presencia de sus familiares y amigas. —

—Genera un trauma muy profundo en la familia. Yo vivo sobresaltada en estos días y no puedo dormir. —Dice Rebeca, con ojos llorosos. —

—Le di unos golpes a Orontes y, si la policía no llegaba tan rápido, quizá lo habría matado. —Dijo Elías con rostro furioso. —

Las Clarisas se pusieron muy tristes al enterarse de la noticia y les costaba imaginar que Orontes fuese el autor, pero no lo conocen bien, nadie lo conoce, así que no pueden formar una opinión del caso.

Orontes no tiene dinero, por lo tanto tampoco puede contratar un abogado particular, aún más, nadie quiso poner ni un centavo por él; por lo tanto, le designaron un defensor de oficio que, junto con fiscalía le han hecho los estudios correspondientes para compararlos con los de la víctima.

Al cabo de estos días Dorita salió del estado de shock, pero no sirvió de nada para el caso porque ella no alcanzó a ver a su agresor por haber sido atacada por detrás y luego quedar inconsciente; entonces solo quedan las pruebas del laboratorio.

El resultado fue sorprendente para todos. No existe rastro alguno que lo incrimine a Orontes como autor de la violación a Dorita. Todas las pruebas y huellas son negativas. Hay que encontrar al verdadero violador y urgentemente dejar en libertad a Orontes por ser totalmente inocente.

Elías, muy avergonzado, le pidió disculpas a Orontes por haberlo golpeado y acusado injustamente. Sara y Rebeca también se han disculpado por haberlo tratado y considerado un criminal a este hombre simple lleno de humildad y resignación que habla muy poco, casi nada, con una constante actitud de servicio y trabajo desde que llegó a casa de los Mizrachi. Le rogaron que vuelva y retome su trabajo habitual.

Volvió a la huerta y al jardín, descuidados por todos estos largos días de angustias y dolor. Caen los pétalos de las rosas, de las margaritas y claveles como llorando el jardín, como si ellas mismas supieran y sintieran lo que ocurre allí. La palidez de este vergel es como la de aquel niño que extraña a ese ser tan querido que hace tiempo no lo ve ni sabe si volverá; extrañan a Dorita que les hablaba, las besaba y las acariciaba con mucho amor. También extrañan a Orontes, que en su silencio y en el silencio de ellas también conversaban con un lenguaje espiritual más nítido y profundo que las palabras auditivas, mientras él ablandaba su tierra, las regaba y podaba esas plantas con total delicadeza como evitando causarles dolor en un corte descuidado que no sea apropiado. Los claveles le dicen que vieron todo lo ocurrido a Dorita por el hombre malo, también se manifiestan con fuerza de modo casi auditivo, las rosas y margaritas. Orontes trabaja la tierra alrededor de cada planta, las arregla y riega mientras las escucha a todas ellas, que en ese silencio parecen un grupo de niños que vienen a contar una noticia y todos quieren hablar al mismo tiempo.

Orontes aprendió en la vida que el apuro, los ruidos y las voces apartan a uno de la realidad presente que se está viviendo, hace vivir en un mundo diferente al real, otro mundo, un mundo ficticio lleno de ilusión que transforma al conjunto de vivientes en una gran masa de sobrevivientes que caminan sin rumbo atraídos por máscaras humanas, carteles y propagandas que seducen a las personas a transitar senderos tan enigmáticos que le hacen olvidar  quiénes son y de dónde vienen; ocultando, al mismo tiempo, como con una gruesa cortina oscura en la mente y en el alma dónde están y hacia dónde van. Se vive una ilusión creyendo que esa es la realidad; se vive la mentira creyendo que esa es la verdad. Como todo esto es tan impropio para el ser humano, entonces aparecen depresiones enfermedades psicosomáticas, deseos de morir, de jamás haber existido, de negar la naturaleza de las cosas con su Creador y adoptar como dioses a los que manejan las máscaras, los carteles, la propaganda, la moda, la ilusión. ¡Dios es un ilusionista! Lo dicen todos aquellos que lo han adoptado como tal, pero lo dicen con otras palabras: Soy ateo, soy agnóstico, no hay Creador, el universo se hizo solo (¡Claro, porque se lo ve desde el punto de vista de la ilusión!), mi vida me pertenece (… desde la fantasía, porque siempre hay algo o alguien que te esclaviza, pero te hace alucinar que eres libre).

El hombre ha nacido para ser esclavo; la libertad y las cadenas solo dependen del amo. El mundo te grita que eres libre, pero te miente al llenarte de cadenas y candados en los brazos y piernas, en la mente y en el alma. Tu libertad es semejante o igual a la del ganado que contento pasta en el campo de engorde para luego ser llevado al matadero, pero mientras tanto debes sonreír y si no eres feliz entonces debes aparentar que lo eres. Los ilusionistas son los dioses de las masas. Las conductas y las apariencias están regladas por ellos.

Orontes sabe todas estas cosas y también se dio cuenta que es muy difícil caminar con libertad en un mundo lleno de encadenados por eso decidió vivir así, como mendigo, aprendió a degustar el silencio, a contemplar todo lo que lo rodea ya sean personas o la propia naturaleza. En esas contemplaciones de largas horas, sin darse cuenta, iba afinando el oído del alma hasta darse cuenta que escuchaba las voces de los árboles en el silencio atento e inmóvil como si fuese un árbol más.

En todos esos años de mendigo solitario ha aprendido el lenguaje de otras plantas, de algunos animales y de las personas en su silencio. Eligió como amo a la naturaleza, o mejor dicho, se ha dejado esclavizar por ella, porque en ella encuentra mucha más libertad que en el mundo, lejos de las ilusiones y fantasías.

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Capítulo VII

    Se oye en el pasillo de la empresa el sonido tic tac de los tacos altos de las hermosas botas de Hortensia que se dirige al despacho de la gerencia de producción donde ella asesora; continúan vistiendo sus piernas una finas y vistosas medias de lycra perdiéndose debajo de su pollera cortita de cuero negro ajustada a su cuerpo, que, a su vez sujeta una blusa blanca bordada que se deja caer moderadamente muy cerca y por encima de la parte superior de la pollera. Su hermoso cabello negro y sedoso cae como una suave cascada de aguas mansas por debajo de sus hombros. Sus hermosos ojos y maquillaje completan el encanto de ese cuerpo delgado y esbelto que al caminar hace temblar a los hombres que la miran. — ¡Es increíble!, —murmuran algunos, mientras se le caen los anteojos a otro. —

Ingresa al despacho del gerente con una carpeta que la apoya sobre su escritorio,

— ¿Qué me trae aquí? —Dice Manuel al tomar esa carpeta. —

—He preparado un proyecto que estimo mejorará mucho el plan de producción obteniendo menores costos y una mayor producción. —Dice Hortensia señalando la carpeta. —

—Déjeme que lo analice y lo discuta con los jefes de producción y en una semana le doy mi parecer. —Dijo Manuel. —

—Voy a ir de viaje para investigar unas nuevas máquinas que han salido recientemente. Estaré al teléfono. —Dijo Hortensia retirándose. —

—No se olvide pasar por contaduría para retirar su cheque correspondiente a sus honorarios. —Dijo Manuel mientras se despiden. —

Con la alegría de otra tarea cumplida Hortensia sube al taxi que la lleva al aeropuerto.

Al día siguiente, luego de haber leído e interpretado el proyecto de Hortensia, Manuel convoca urgentemente una reunión de directorio de la empresa.

Al día siguiente se realiza esta reunión convocada por Manuel, donde han participado todos los gerentes de la empresa y  jefes de producción. No fue invitada Hortensia por no poseer algún cargo jerárquico. En esta reunión Manuel se luce en la pizarra explicando todo el proyecto de renovación productiva que ha impactado a todos los presentes. Lo ha presentado como cosa propia, como que él mismo lo ha realizado sin la colaboración de nadie. Fue ovacionado por todos disfrutando por primera vez en su vida momentos de gloria y exaltación. Todos lo felicitan, ponderan su trabajo a tal punto que consideran darle un ascenso por encima de producción, mantenimiento y ventas de la empresa. Luego de esto los presentes son invitados a un lunch y brindis en el mismo lugar de reunión para luego dar paso al correspondiente debate de preguntas y respuestas considerando los pormenores del proyecto que se ocultan debajo de las cuestiones generales presentadas. Los jefes de producción hacen preguntas muy precisas del funcionamiento de varios elementos que se muestran invisibles debajo de elementos generales que engloban grandes partes del núcleo principal de la matriz del proyecto. Esto incomoda de gran modo a Manuel por no conocer las respuestas. El gran apuro y la ansiedad lo precipitó a presentar todo esto sin percatarse de todos los pormenores no mencionados en este trabajo. Manuel, simplemente dice que todo esto está resuelto en otro trabajo que lo presentará en una próxima reunión. Esto no cayó bien en el recinto, quedaron muchas intrigas, aunque aceptaron aclarar en una próxima jornada.

Manuel no es considerado un hombre con muchas luces como para realizar cosas extraordinarias, solo le alcanza para conducir moderadamente la gerencia de producción, tiene muchas capacidades pero limitadas, es por esto que le han puesto una asesora para que lo ayude. Todo el directorio es muy consciente de esto. Quedaron muchas dudas respecto de la honestidad de Manuel y comenzaron a investigar en silencio cada cual por su lado sin que nadie se entere.

Es un hecho que todos apuntaron a Hortensia, además el equipo de producción sabe la verdad, puesto que Hortensia había hablado con cada jefe de producción y varios obreros de la planta para realizar un buen diagnóstico de ese área analizando varias propuestas brindadas por algunos jefes y obreros; por lo tanto, los jefes de producción conocían las respuestas a sus propias preguntas formuladas a Manuel, siendo que todo esto ya lo habían planeado de antemano con Hortensia y Manuel no estaba enterado.

Cuando los otros gerentes, en forma individual y secreta, contactaron a Hortensia, ninguno le contó lo sucedido. Descubrieron que la autoría del mismo pertenece a Hortensia con la colaboración sigilosa de los jefes de producción y algunos obreros del departamento.

La noticia no se hizo esperar poniendo en conocimiento a todo el directorio. Inmediatamente Manuel fue despedido de la empresa por plagio, deshonestidad y varias otras cosas más.

Esa próxima reunión anunciada anteriormente por Manuel, se ha realizado, pero con la disertación de Hortensia que ha disipado con holgura y precisión cada detalle del proyecto, haciendo participar en varias respuestas a los jefes de producción que son los colaboradores principales de la elaboración de este trabajo.

Le ofrecieron la gerencia de producción a Hortensia pero ella no aceptó prefiriendo continuar como asesora porque necesita tiempo libre para realizar cosas personales. Entonces le ofrecieron una asesoría móvil que no se limita solo a producción sino también a compras, ventas, mantenimiento y cualquier otro departamento de la empresa que la necesite, además le han triplicado sus honorarios quedando todos satisfechos.



    Dorita comienza a recuperarse con la ayuda de psicólogos en un proceso muy lento, no se notan grandes avances, su mirada apunta al infinito moviéndose casi como un autómata y sus padres no saben qué hacer para ayudarla. Orontes pidió a Elías que le permitiera ayudarla colaborando con él en el trabajo de la huerta y el jardín, explicando que la laborterapia suele lograr cambios muy importantes, a lo cual Elías y Sara aprobaron esa idea.

Dorita no se aparta en ningún momento de Orontes que le enseña sin utilizar palabras el cuidado de la huerta y el jardín. Él solo le muestra cómo hacer los trabajos y ella lo imita. Reina el silencio en el jardín mientras ellos trabajan y las flores se comunican continuamente con él; en el silencio él las escucha y también les responde sin mover sus labios ni emitir algún sonido. De repente, un clavel emite una alarma: — ¡El hombre que lastimó a Dorita se encuentra en la vereda! —Poniendo en alerta a todo el jardín. — ¡Sí! —Gritan las margaritas. — ¡Está escondido detrás del árbol! —Exclaman las rosas, mientras Orontes, sin levantar sospechas, dice a Elías que llame con urgencia a la policía. Estos ya habían llegado antes que Elías levantara su teléfono, porque estaban vigilando discretamente desde hace varios días, luego de aquel acto criminal, y han detenido al agresor, descubriendo que ya tenía antecedentes de varias violaciones anteriores y no lo podían encontrar. Dice uno de los policías que con tantas causas acumuladas y algunos asesinatos, le darían muchos años de condena, tal vez para siempre. No había mucho que probar, con los análisis de laboratorio demostraron su culpabilidad en forma inmediata.

Dorita sigue progresando día a día, se acerca a las rosas, las acaricia y les habla, les cuenta cosas y parece que todas las flores las ayudan, de algún modo lo hacen, es como que le absorben su tristeza y sus miedos, como que también le transmiten esa paz de la naturaleza, esa paz que poseen las flores en su suavidad, en su belleza, en su armonía con el universo, en esa continua alabanza al Dios creador que las hizo con tanto amor y dulzura haciendo que ellas, con su presencia, hablen de Dios al mundo. Con su hermosura están diciendo: Dios es hermoso, con su suavidad nos dice que Dios es ternura, en cada pétalo también nos cuentan algo, en su fragancia, en su color. Si miras con atención, en cada rosa se puede ver la sonrisa de Dios. Aquellos que dicen que Dios no existe, es porque jamás han contemplado a una flor.

Dorita comienza a darse cuenta que las flores le hablan, que le sonríen, que la escuchan, ya está percibiendo estas cosas y Orontes se da cuenta, pero no dice nada, solo trabaja en silencio y Dorita ya está aprendiendo a imitarlo.

Elías sale hacia el convento de las Clarisas llevando una caja llena de mercaderías para colaborar con las hermanas; es un hombre agradecido que siempre recuerda los favores recibidos por estas hermanas que con sus oraciones han conseguido sanar a Sara de esa enfermedad que la conducía a la muerte. Le contó a la hermana Amelia los progresos y dificultades de Dorita y le pidió oración por su sanación y pronta recuperación. Amelia anotó en un papelito y le pasó a una de las hermanas para que la incluyeran en las oraciones del día.

—Podría traer a su hija al convento para quedarse unos días con nosotras. Eso le va a hacer mucho bien. —Dice Amelia con un gesto de invitación. —

—Es una excelente idea y no tengo dudas que ella aceptará. —Responde Elías. —

Le costó un poco desprenderse de Orontes que es un verdadero maestro para ella, como también de ese jardín que en su silencio y contemplación parece encantado. De todos modos preparó un bolso con algo de ropa y su padre la llevó a las Clarisas.

Dentro del convento existen reglas y horarios muy estrictos que deben observar y obedecer todas las hermanas, pero Dorita no tiene obligación de cumplir ninguna de ellas, aunque se siente muy cómoda y a gusto acompañar a las hermanas del claustro en todo lo que ellas hacen. Tienen oración al amanecer, desayunan, luego cada cual tiene alguna actividad particular, ya sea en la limpieza, en la cocina, la huerta o algunas otras actividades. Dorita eligió trabajar en la huerta; es muy incómodo no hacer nada mientras todo el mundo está trabajando en algo, así que lo mejor es trabajar con ellas. Notó que todas ellas trabajan en silencio, no hay chismes ni conversaciones vanas, sólo se habla cuando es muy necesario, esto ya lo aprendió con Orontes, pero aquí hay algo más, ese silencio no es mudo; todas rezan mientras trabajan, hablan con Jesús, hablan con María, no hablan con las flores ni con la naturaleza, que no estaría mal si lo hicieran, puesto que San Francisco lo hacía, incluso hablaba con los animales, con el viento, con las nubes. Ellas hacen otro tipo de conversación, rezan el Santo Rosario o algunas otras devociones en silencio mientras trabajan. Rezan con el pensamiento y conversan con el corazón. Algo nuevo aprendió Dorita. Luego, a media mañana se hace otra oración en la capilla, se vuelve al trabajo, se hace oración al mediodía y luego el almuerzo, breve descanso, oración y trabajo al modo de la mañana. Oración de intercesión por todos los pedidos que la gente les hace, en algún momento la merienda, en otro la cena, oración y a dormir temprano que luego hay que madrugar viviendo una nueva y larga jornada de cada nuevo día.

Dorita quedó molida en su primer día de estas curiosas vacaciones. Al cuarto día cuando ya estaba más o menos en buena forma atlética espiritualmente, Amelia comienza a guiarla con reflexiones y oraciones particulares; la separó del grupo de las hermanas; ya no debe trabajar ni acompañar la rutina de las monjas, tampoco debe ir al comedor sino que se le sirve la comida aparte en este retiro espiritual guiado por la madre superiora Amelia. Fue un retiro de tres días aislada y en silencio. Al finalizar quedó como si la hubiesen engendrado de nuevo, es una mujer diferente a la que ingresó, es mucho mejor, se fueron los traumas, los miedos y el dolor. Ya está lista para volver a casa, regresar a la escuela y a la vida normal.

Después de una fuerte experiencia en la vida que ha causado daños profundos no hay nada mejor que un buen retiro espiritual. Esto lo han aprendido muy bien Hortensia y Dorita.




    Una fresca mañana va surgiendo en este nuevo día que, en su incipiente amanecer, va disipando poco a poco la oscuridad de una noche que no se quiere ir; La aurora  irradial se muestra en el horizonte anticipando al sol naciente que no tarda en alumbrar con su hermosa luz blanca que alegra la creación haciendo danzar a los árboles y flores con una suave brisa que acaricia y llena de esperanza, mostrando y anunciando un nuevo milagro de la vida, encontrando eco en la arboleda que emite sus perfumes deliciosos con total generosidad alentando a todos a una nueva alegría que no tarda en replicar en las aves que, sin demora, los gallos anuncian con cantos de alabanza al único Dios Creador, animando a todos a un nuevo despertar ayudados por los pájaros que revolotean sus nidos alabando con trinos y cantos, invitando a vivir una nueva esperanza mostrando que luego de la noche siempre tenemos un nuevo día; que luego de la oscuridad siempre llega la luz en este nuevo amanecer que nos regaló Aquel que hizo todas las cosas. Todos nos invitan a toda la humanidad a alegrarse, a tener esperanza, a no preocuparse, de tal modo como lo viven las plantas, los árboles, las aves, los pájaros, que son alimentados por la Divina Providencia y vestidos con la belleza de Dios; como diciéndonos a toda la humanidad: —si en cada amanecer tienen la alegría y esperanza al igual que nosotros, Dios también los alimentará, los vestirá y embellecerá al igual que a nosotros que solo lo alabamos, lo amamos, le agradecemos y confiamos en Él sin preocupaciones ni deseos de acaparar todo en forma mezquina desconfiando de la Providencia y desconfiando de todos, creyendo que de ese modo nos aseguramos un eterno vivir, confiando solo en nosotros mismos sin tener en cuenta de dónde vienen todas las cosas.—

Hortensia dejó su asesoría en orden respecto al departamento de producción y al no haber demandas de los otros se retira para revisar sus asuntos personales y ver qué hay más allá de las cosas que está experimentando en la vida interior que la mantiene un poco inquieta y desea conocer más de cerca esa escuela de misericordia que ha escuchado anteriormente; entonces se dirige al convento de las Clarisas a pedirle consejo a la hermana Amelia.

—Hermana Amelia me gustaría que me comente algo más de esa escuela de caridad y misericordia que usted me ha comentado anteriormente. —Dijo Hortensia muy interesada. —

—Usted ya ha comenzado cuando ayudó y asistió a Orontes, pero hay mucho más, existen muchas personas que carecen de muchas cosas materiales y otras que ya viven en plena miseria. — dijo Amelia. —

— ¿Qué debo hacer para ayudarlas y sacarlas de ese estado tan lamentable? Se necesita el poder del Estado y sus recursos para cambiar la vida de esa gente. —Dijo Hortensia con gran preocupación. —

—Es que esta escuela no está para cambiarles la situación económica de ellos, de lo contrario, ya no sería caridad ni misericordia. —Dijo Amelia esbozando una gran sonrisa. —

— ¿Qué debo hacer entonces? —Dijo Hortensia un poco confundida. —

—Eso lo tendrá que averiguar usted misma. Recorra, vea y decida, trate de encontrar en ellos el significado de misericordia. —

—Esto es mucho más difícil que gestionar la marcha de una empresa. —Dijo Hortensia muy preocupada, —

—Es que en esta escuela se forjan los santos, así que no crea que le será fácil. No se trata solo de darles alguna comida o ropa y luego retirarse, hasta aquí todavía no se ingresa a esa escuela; pero si desea ingresar, avanzar y graduarse, deberá aprender a acompañarlos. —Dijo Amelia. —

— ¿Acaso, usted pretende que yo me quede a vivir con ellos? —Dijo Hortensia. —

—Usted verá; usted elegirá el método. Si vive con ellos hará un curso acelerado y se graduará pronto, pero si lo hace con visitas y a distancia el curso durará más tiempo y correrá el riesgo de acobardarse de todo esto y en algún tiempo futuro abandonar la escuela. —Respondió Amelia. —

—Además, esto no es tarea para una sola persona, conviene que encuentre alguien que la acompañe. —Continua Amelia. —

Hortensia quedó totalmente desorientada, siempre trabajó de forma ordenada, con lugares definidos, con elementos y herramientas conocidas, de tal modo de formular con total claridad un diagnóstico que le sirva para iniciar un proyecto. Esto es lo que le enseñaron en la facultad y lo aprendido por experiencia a lo largo de toda su trayectoria. En esta escuela, como en las otras, deberá aprender la teoría y la práctica; deberá estudiar con mucho empeño y trabajar mucho. Se da cuenta que esta escuela es más difícil y complicada que las carreras universitarias. Pero tiene un carácter tan luchador que no piensa dejar caer sus brazos y se va a lanzar decididamente en esta nueva misión.

A Hortensia le falta un compañero de camino y nisiquiera se imagina alguien que la pueda acompañar. Todo el mundo le diría que no. Esto es lo que le transmitió a la hermana Amelia; pero ella le dijo que hay una niña que está sufriendo mucho en su escuela, sus antiguas compañeras le hacen vacío y otros se burlan por haber sido violada. Momentáneamente ella dejará esa escuela para ingresar en otra donde no la conozcan, pero mientras tanto permanece en su casa colaborando con Orontes en la huerta y el jardín. Le propuso visitar a la familia Mizrachi a ver si Dorita la podría acompañar durante estos seis meses restantes del año escolar hasta tanto ingrese a una nueva escuela.

Elías y Sara han quedado muy sorprendidos con la visita de Hortensia a su casa, no saben cuál es el motivo de la misma. Pide ver a Orontes que inmediatamente se presenta acompañado por Dorita y con tanta alegría que Orontes besa las manos de Hortensia agradeciéndole continuamente lo que ella ha hecho por él. Con mucha alegría y entusiasmo Orontes relata todo lo ocurrido con él desde estar herido y abandonado en la calle hasta las buenas acciones de esta buena samaritana y la amistad de ella con las hermanas Clarisas. Con estas enormes referencias de presentación, la familia Mizrachi la ha acogido como una más de la familia.

Comienza a asomarse la noche que va reemplazando al hermoso atardecer y esta familia, ahora católica pero de raíces y cultura judía, se caracteriza por su gran hospitalidad y la invitan a cenar con ellos y al mismo tiempo, Sara le pide a Dorita y Rebeca que le preparen un cuarto a Hortensia para que pase la noche en su casa.

Sara y sus hijas prepararon unas comidas judías muy sabrosas que han deleitado los paladares de los presentes, en especial el de Hortensia que prueba por primera vez estos platos. Luego de la cena, pasan al living a disfrutar de un buen café y conocer algo más de Hortensia. Ella no les contó toda su historia, sino lo más actual que comprende el deseo de conocer la vida de personas necesitadas que viven en indigencia y así ver el modo de ayudar a los que les sea posible. Pero existe un problema, no quiere ni debe ir sola, por lo tanto debe salir a buscar alguien que la quiera acompañar.

— ¿De qué modo piensa ayudarlos? —Irrumpe Orontes con todo respeto, —

—Todavía no lo sé. Debo verlos primero, hablar con ellos, intentar conocerlos de algún modo, aunque sea un poco y luego ver qué es lo que les puedo brindar. —Responde Hortensia. —

—Existen grupos de filantropía que se dedican a estas cosas, son clubes de asociación de personas que les consiguen cosas a la gente necesitada. —Dijo Rebeca. —

Luego de un breve silencio opina Elías: —Si, yo conozco a varios de esos grupos que en algunos casos donan alguna máquina a una escuela, en otras llevan algunos bolsones de mercaderías o ropas que ayudan, sin lugar a dudas, pero están más para las fotitos y publicaciones que para resolver algún problema. O sea que hacen las donaciones y luego se retiran como que han hecho una gran obra de caridad, sin tomar en cuenta que esta gente, luego de esto seguirá necesitada como al principio.

—La caridad, a mi entender, no se trata solo de dar alimentos y ropa. El ser humano es más complejo que esto. —Opina Orontes. —

El tema es muy difícil y ninguno de los presentes sabe con certeza de estas cosas, aunque, de igual modo, Hortensia quiere investigar, quiere conocer el mundo de la indigencia.

—Yo la voy a acompañar, si usted me permite, solo por unos días, porque no es conveniente que una mujer sola transite por esos lugares. —Dijo Orontes. —Yo también voy. —Dijo Dorita, buscando con su mirada la aprobación de sus padres. —

Y así se echaron a andar como los nuevos quijotes del siglo XXI.



    Hay un llamado telefónico de la empresa que enciende el celular de Hortensia pidiendo asesoramiento en el área financiera mientras se registran pérdidas y amenazas que involucran a compras, producción y ventas y necesitan urgentemente el asesoramiento de Hortensia que juntamente con los demás gerentes de esas áreas deben encontrar el problema y dar una solución. Ella pidió que urgentemente se haga un nuevo estudio de mercado y de competidores para ver dónde está el problema y que luego se la pasen a su correo. Esto llevará unos días, tiempo en que Hortensia capitaliza, en la visita a esa villa para conocer la realidad en que vive esa gente.

Tuvo que postergar el recorrido con Orontes y Dorita porque el tema de la empresa comenzó a generar discordias en la parte interna de la misma. Los empleados amenazan con iniciar una huelga por anuncios de despidos masivos en todos los departamentos de la misma. Tuvo que viajar con urgencia, tomar el primer avión disponible y, llegando a la empresa, fue directamente al área de finanzas. Pidió al gerente la contabilidad y registro de todos los gastos de la empresa que incluye sueldos, honorarios y viáticos de directivos.

Urgentemente y con la ayuda de los contadores del departamento hicieron un cuadro demostrativo de todos los gastos y asignaciones de todo el personal. Con la colaboración de todos ellos hicieron un diagnóstico revelador dónde aparecen visiblemente las asimetrías entre accionistas directores y gerentes del directorio. El gerente de finanzas, empapado con el tema, pide una urgente reunión con el directorio para explicar la situación actual de la economía de la empresa. Pero le dijo a Hortensia que por ningún motivo diría el modo de solución, porque si se refiere a cortar gastos y viáticos innecesarios lo despedirán de forma inmediata, así que este tema lo tendrá que exponer ella misma. Hortensia encontró aquí otro problema en la empresa y es la falta de valentía de sus conductores, que en realidad no merecen ocupar esos cargos tan importantes que merecen mayor coraje, honestidad y decisión.

Comienza esta importante reunión de directorio y gerentes de departamentos, donde Acuña, gerente de finanzas expone y explica el cuadro demostrativo de los gastos, sueldos, honorarios y viáticos de la empresa. Todo esto fue con tanta claridad que puso en evidencia el exceso de dinero volcado a todos los directores y gerentes principales del directorio que protestan visiblemente al ser descubiertos de los holgados beneficios en una empresa que ha entrado en crisis financiera. Le llaman la atención al gerente de finanzas por divulgar estos datos que se suponen son confidenciales. El gerente responde que todo esto fue a pedido de Hortensia, la asesora general de la empresa. Esto los frenó un poco aunque están de muy mal humor. Uno de ellos pregunta a Hortensia por qué ha puesto a todos en evidencia, siendo que lo considera innecesario.

Hortensia responde: —Señores del directorio y accionistas directores, sepan muy bien que mi misión no es para incomodarlos, ni ponerles trampas ni avergonzarlos. Yo estoy aquí porque me han llamado, han pedido mi asesoramiento claro y preciso, pero para analizar el problema que aqueja a esta empresa debo analizar todo el cuerpo, debo chequear todo el cuerpo para ver dónde está la enfermedad porque no debemos extirpar un órgano saludable sino aquellos que están enfermos y esto no se puede visualizar con un análisis parcial del cuerpo, sino en toda su totalidad. Al elegirme como asesora general se entiende que debo obrar con honestidad y decir la verdad, nadie me eligió como cómplice de alguien sino como alguien que investiga, diagnostica y propone soluciones verdaderas que resuelven los problemas. Si esto les desagrada entonces cambien mi cargo de asesora por cómplice, entonces les daré el gusto a los que hoy están furiosos conmigo.

Pasan a un cuarto intermedio de tres horas dónde se generan pequeños grupos de debate; nadie se va a su casa, todos se quedan en la empresa por ser el tema tan importante que nadie quiere pasar por alto ningún detalle. Todos piensan, todos debaten en grupos formados espontáneamente. Intercambian ideas entre un grupo y los otros hasta que más o menos se igualan las ideas al cabo de tres horas.

Hortensia, diríamos, es un genio; usa, para estas reuniones, ropa entallada, ajustada que provoca hasta al más escéptico del auditorio. Cuando explica en el frente, mueve su cuerpo de modo tan seductor que exista hasta los ladrillos de las paredes, además habla con tanta precisión y ciencia que nadie puede contradecirla, su palabra pesa más que la del director general y la de cualquier otro directivo. Es extremadamente respetada, a tal punto que ahora todos se encuentran en este cuarto intermedio por lo que ya dijo sin ni siquiera imaginar lo que luego les va a decir.

Suena la llamada a retomar la reunión del directorio pasada las tres horas propuestas, Hortensia en el frente y portando varios gráficos producidos con la colaboración del personal de finanzas ayudados con dibujantes del personal de producción, va exhibiendo cada lámina que muestra la asignación y desfase monetario de toda la empresa y dijo lo siguiente: —Aquí está el monto total de todos los empleados y obreros de la empresa y vemos en forma separada los oficinistas por un lado, los obreros y mecánicos por otro y los auxiliares en general. Todo esto representa un cuarenta por ciento del costo total de las erogaciones en toda la empresa. Ahora les muestro este otro gráfico del sueldo y otras remuneraciones de todos los gerentes intermedios que representan un seis por ciento de las erogaciones de la empresa y aquí en este gráfico vemos lo que perciben los directores generales que con sus sueldos perciben el treinta por ciento del total y que con sus viáticos completan el resto que llega al ciento por ciento. Yo solo soy asesora y no determino absolutamente nada, solo ustedes pueden hacerlo, así que concluyo mi asesoramiento diciendo que sería mejor quitar todos los viáticos existentes, quitar todos los sueldos de los accionistas que ya perciben por acciones, disminuir en un quince por ciento los sueldos de todos los directores y gerentes de la empresa durante seis meses. Con todo esto alcanzará para pagar el sueldo de todo el personal obrero y empleados en general sin necesidad de despedir a ninguno de ellos, y aún sobraría dinero para gastos de insumos necesarios en los distintos departamentos. Esto es solo un consejo de asesoramiento, ustedes son los que deben decidir, por lo tanto no me culpen a mí si acaso distribuyen mal los gastos. —

Hortensia enrolla los gráficos ayudada por los empleados colaboradores al dar fin a sus alocuciones. Los directores asintieron que deben hacer las reducciones de ese modo sin despedir a ningún empleado. Esto ha llegado a oídos de los representantes de los empleados y han decidido abandonar la idea de la toma de fuerzas mediante una huelga por no ser necesario.

—Hortensia, —dijo Ramón, uno de los directores más importantes de la empresa. —Nos has dejado con menos sueldo a todos jajaja, ahora tendré que pagar de mis bolsillos todos los pasajes y estadías cuando viaje a algún lugar. ¿Por qué fuiste tan cruel?

— ¿Acaso a usted no le parece cruel dejar a tantas familias sin el sustento económico condenándolos a la pobreza o quizás a la indigencia tan solo para vivir caros placeres que usted mismo los puede pagar? —Responde Hortensia con una mirada esquiva y una autoridad de hecho, más allá de su cargo. —

Le ofrecen un cargo de directora pero Hortensia lo rechaza y pide seguir siendo asesora, sin encontrar alguna oposición.

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Capítulo XI

    Comienzan a caminar las callejuelas de la villa “El Almamula”, los tres quijotes Hortensia, Orontes y Dorita, solo Orontes conoce esta realidad. Ven a un niño pequeño que solo gatea exhibiendo su cara llena de moscas comiendo un pedazo de banana con tierra alzada del suelo, desnudito y sucio con varios hermanitos varones y mujeres, todos pequeños de distintas edades buscando tesoros en bolsas de basura que han arrojado los camiones de recolección de residuos. Ahí encuentra varias cosas, como algunas comidas sobrantes, alguna ropa vieja que han desechado, cartones y botellas para luego venderlas, algún juguete viejo y roto que han tirado y se lo dan a sus hermanitos más pequeños para que jueguen. El impacto es tan grande y tan fuerte que no se les ocurrió hablar con alguno de ellos. Continúan el recorrido y ven una niña pequeña de unos cinco o seis años que está jugando con un perro, afuera de una casita montada con unos palos de un grosor semejante al de los cabos de escobas que hacen de columnas de su casa; plásticos transparentes de bolsas de cal o de cualquier otra cosa abrazan los palos haciendo de paredes de su casa; el techo también muestra lo mismo, varillas de palos cubiertas de plásticos, haciendo entre todo esto un solo y pequeño ambiente donde todos duermen juntos sobre algunos cartones o telas viejas y rotosas. En la parte interior se nota la presencia de una mujer que está haciendo alguna cosa; entonces Dorita dice: —Vamos a hablar con ella, — y se acerca con Hortensia, quedando Orontes en la callejuela a distancia. La mujer, embarazada, está haciendo un mate cocido con yerba secada al sol usado ya por tercera vez con poco y nada de azúcar. Les cuenta que tiene cinco hijos tres pequeños y dos casi adolescentes, la más pequeña tiene seis años, esa la que está afuera jugando con el perro, se llama Jimena y tiene sus ojos tristes. Ellas no saben qué decirle, tampoco se animan a formularle alguna pregunta, solo escuchan a esa mujer que les cuenta que su marido sale a hacer alguna changuita que le permita ganar algunos pesos, mientras a los otros hijos los educan para pedir caridad por las calles y darle lo recaudado a su padre que lo utiliza para sus cosas personales, generalmente bebidas alcohólicas. Hasta aquí todo esto ya es espantoso para estas mujeres que jamás han conocido estas cosas, ni siquiera lo han visto en películas ni documentales, pero hay algo más; esta mujer les cuenta que Jimena es violada todas las noches por su propio padre desde hace ya casi un año porque él afirma que esa hija es de él y solo para él y para nadie más y la está violando desde los cinco años. Ya es suficiente, no aguantaron más, salen caminando rápido, casi corriendo, espantadas, sin querer recorrer ni un milímetro más de esta villa. Emprendieron el regreso sin aviso, solo caminaron rápido sin mirar a los costados. Orontes las acompaña en silencio y sin espanto, pues él ya conocía todo esto en otras villas, con otras personas, e incluso cosas peores a las que ellas han visto hoy.

Regresan a la casa de los Mizrachi, como si hubiesen recibido una enorme paliza, despavoridas, desesperanzadas, vencidas, casi sin fuerzas para hablar. Elías y Sara les piden que cuenten esa experiencia pero no podían hacerlo, solo responden con el dedo diciendo que no, entonces le preguntan a Orontes y él les relata todo. Elías toma la palabra y pregunta a las dos mujeres: — ¿Quiénes de ustedes es misericordiosa? —Ninguna responde. —Solo el Altísimo es misericordioso. —Replica Sara como emitiendo un juicio. —

— ¿Cómo se les ha ocurrido ir solas sin haber recurrido al Altísimo, Dios y Señor nuestro? ¿Acaso no saben rezar? ¿No conocen el Santo Rosario? —Como un gran llamado de atención dice y replica Elías. —

—A la miseria solo se puede ingresar con el Misericordioso. —Afirma Elías, mientras asiente Sara. —

—Jajaja, ustedes debían haberse preparado para estas cosas. Saber qué hacer ante tales circunstancias, pero bien, ya han aprendido una gran lección. —Dijo Elías rascándose la cabeza. —

—Están molidas ustedes dos, vayan a descansar, y tú Hortensia ve a dormir al cuarto que te hemos preparado que mañana será otro día. —Dijo Sara con el corazón maternal. —

Al día siguiente se han levantado temprano y Hortensia le pide a Dorita, con el permiso de sus padres, si desea acompañarla a visitar a las Clarisas, a lo cual Dorita accedió de inmediato.

La hermana Amelia con el rostro lleno de paz y lágrimas en sus ojos escuchó lo que ellas le habían contado en su primera experiencia de esa difícil e imposible escuela de la caridad y escuela de la misericordia.

—Cuando ustedes ingresan a una escuela, ¿comienzan por el curso más elevado?, ¿el más difícil? No, seguro que no. Se debe comenzar por el más inferior de todos, por el inicial y de allí ir avanzando gradualmente los distintos niveles superiores. —Dijo la madre superiora. —

— ¿Y cómo reconocer eso?, allí en ningún lugar dice nivel uno ni dos ni el resto, —Dijo Hortensia con gran curiosidad. —

—Primero deben prepararse adecuadamente el tiempo necesario antes de salir al campo de batalla. Esos son los cursos iniciales, que tampoco son fáciles; tendrán que ir superando varios obstáculos, aprendiendo y practicando varias cosas que llevan muchos esfuerzos. —Afirma Amelia. —

—Pero ¿Cómo hacemos eso? ¿Dónde aprenderemos esas cosas? —Pregunta Dorita. —

—Hortensia me ha comentado del padre Emilio, Abad de un convento, él las podría ayudar mejor que yo. —Dice Amelia. —

Regresan a casa de los Mizrachi sin lograr nada concreto todavía y sin saber los pasos a seguir y sin saber ni siquiera si acaso quieren seguir en este empeño, entonces Elías pregunta: —¿Para qué quiere hacer estas cosas? —Es que deseo ser más humana y para ello debo aprender a ser misericordiosa. —Responde Hortensia. —

—Pues, le sería más fácil ir a la facultad de licenciatura de economía o de medicina o de ingeniería civil, que graduarse en la escuela de misericordia. Sería mucho más fácil graduarse en cualquiera de esas profesiones que graduarse de santo. —Afirma Elías. —

—Me gustaría intentarlo y llegar hasta donde pueda. —Responde Hortensia. —

Tanto Hortensia como Dorita quedaron con la intriga de qué cosas le enseñaría el padre Emilio allá en aquel monasterio de monjes. La curiosidad fue más allá de esa frustración ocurrida en la villa y emprendieron el viaje, parte en avión y el último tramo en un vehículo que Hortensia alquiló en esa ciudad. Aproximadamente doscientos kilómetros recorriendo campos, montes y sembrados por una ruta que exhibe en sus costados una gran variedad de florecillas con hermosos colores y exquisitos aromas campestres y más allá cruzando los montes la fragancia de la miel y de frutos propios de los montes hasta que se sienten los sonidos de campanas indicando que están próximas al monasterio, luego se alcanza a divisar una cruz en lo más alto de la capilla indicando la llegada a destino de estas dos viajeras.

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Capítulo XII


    Hortensia detiene el vehículo a un costado de la ruta contemplando el monasterio desde afuera y le cuenta a Dorita que en ese lugar pueden ocurrir algunas manifestaciones místicas difíciles de creer pero totalmente reales, así que al ingresar hay que estar preparadas y dispuestas a vivir una nueva experiencia inimaginable por el momento. No se puede saber de antemano lo que ocurrirá, pero se debe tener la certeza que algo ocurrirá, así que deben estar abiertas y muy atentas a todo lo que las rodea; y como dice Juan Carlos: “Debemos mirar más allá de las cosas que se muestran”. Luego de media hora de contemplar el lugar, pone el auto en marcha y conduce hacia el convento.

Al ingresar por la entrada principal a unos pocos metros de la ruta se ven varios grupos de monjes en distintas actividades, algunos en los cultivos anuales (trigo, girasol, mandioca,…); otros en las huertas (tomates, pimientos, zanahoria, lechuga, perejil, rúcula, espinaca,…); otros arando la tierra, otros cuidando animales (vacas, ovejas, chivos, gallinas, cerdos); todos ocupados en sus tareas. Hortensia estaciona el auto a un costado de la capilla y nadie se asomó a recibirlas, entonces se bajaron y fueron a buscar al padre Emilio al patio interno del convento. Allí está bajo el parral de uvas sentado en su vieja silla al lado de una mesita donde apoya el termo y mate y un libro que lee sosteniéndolo con sus manos.

Con su presencia mística y rostro con sonrisa suave, Emilio se muestra alegre al ver llegar a Hortensia y Dorita que todavía no la conoce. Desde la cocina se acerca un servidor con una bandeja en su mano ofreciendo té a las recién llegadas, sirve a ambas y se retira en silencio. Ellas se sientan alrededor de la mesita frente al Padre Emilio.

Dorita se muestra muy interesada observando el jardín, las plantas, sus flores y los pájaros que vuelan alegremente en el lugar. El Abad les ofrece un recorrido mostrándoles las instalaciones edilicias y las porciones de tierra donde se ejercen las distintas actividades agrícolas, hortícolas, granja, tambo, apicultura, etc., que hace tan feliz a Dorita haciendo parecer que se quiere quedar a vivir en ese convento.

Luego de estas largas caminatas y conversaciones regresan a descansar alrededor de la mesita del Abad debajo del pergolado cubierto con un parral de uvas con muchos racimos maduros y fragantes.

— ¿A qué se debe esta hermosa visita? —Pregunta el abad. —

—Es que queremos comenzar la escuela de la caridad y misericordia y no sabemos cómo hacerlo. —Dice hortensia y relata todo lo sucedido en la villa El Almamula, mientras el padre Emilio las escucha atentamente y en silencio. —

—Además la madre superiora de las Clarisas nos dijo que debemos comenzar por lo más básico, por lo más inferior de esta escuela de la vida. —Comenta Dorita. —

—Y ¿Qué esperan de mí? — dice Emilio. —

—Necesitamos que nos oriente en las enseñanzas básicas. Que nos enseñe los conocimientos iniciales de la escuela de misericordia. —Con mucha expectativa propone Hortensia. —

—Bien, esta misma tarde comenzaremos. Voy a buscar unos papeles y ya regreso. —Dijo Emilio mientras camina a su cuarto, —

Enseguida regresó con dos papeles del tamaño de un cuarto de hoja de oficio que contienen tres consignas para meditar.

—A las quince comenzaremos la primera jornada de meditación, que concluirá a las quince del día de mañana. Les doy algunas reglas que deberán cumplirlas estrictamente: Durante toda la jornada se mantendrán en silencio, no deberán conversar entre ustedes ni hablar estando solas, meditarán por separado; podrán visitar el Santísimo Sacramento; conviene que hagan ayuno durante toda la jornada. Por la noche podrán dormir en el dormitorio que les hemos asignado o si lo prefieren podrán pasar la noche frente al Santísimo. Al finalizar la jornada no deberán contar nada a nadie de esta experiencia vivida. Cualquier duda, pueden consultarme a mí en cualquier momento.

Comienzan la jornada, cada una se ubica en un lugar aislado meditando las líneas escritas en el papel que les entregó Emilio. Solo son tres renglones: quizás alguna frase o quizás alguna pregunta. Meditando y contemplando han atravesado la tarde y comienza a reinar la noche. Mientras las horas nocturnas se van sucediendo, Dorita, luego de contemplar una hora y media frente al Santísimo, se retiró a su cama para levantarse temprano al día siguiente. Hortensia, sin embargo, entró en la capilla en la oscuridad de la noche y sin luces encendidas, solo la luz vigía al lado del Santísimo, indicando que dentro de él hay hostias consagradas, o sea Cristo resucitado está presente en cuerpo, alma y divinidad.

A una determinada distancia y en el oscuro, Hortensia se sienta en el suelo con sus piernas recogidas y su mirada fija en el Santísimo, pasa toda la noche de esta manera. Durante todo este tiempo ella no piensa en nada, solo mira, solo contempla y se expone en silencio ante Cristo. Al cabo de un tiempo, dentro de ese silencio, quizá pasada de una hora o dos, surge un pensamiento muy penetrante y muy claro: —Si quieres seguirme, renuncia a ti misma e incluso a tu propia vida, toma tu cruz y luego sígueme. —A esto le acompaña un sentimiento muy raro, como si fuese un vacío total, un sentimiento como si fuese de muerte. Algo horrible, sin gusto a nada, totalmente sin gusto. La ha llenado de temor, un temor muy poderoso se apoderó de ella. Este temor no es de todo lo que la rodea, ni de la oscuridad, ni de posibles ladrones, ni de nada exterior. Es un temor poderoso a aquel que está presente en el Santísimo Sacramento. Debe abandonar todos sus gustos de la vida, ya sean, comidas, amistades, chocolates, vestimentas, placeres, su propia vida. Este poderoso temor da miedo. Ella pensó por sus adentros: —Y entonces ¿Qué me queda? El sentimiento de muerte es espantoso y no lo soporto. Quiero huir de aquí. —Lo pensó y casi amagó con levantarse y huir de allí. Luego sigue pensando si me voy de Jesús ¿A dónde iré? ¿Qué hay fuera de Cristo? ¿Quién es este hombre que me llena de tanto temor que quiero huir de él? Ni la idea del infierno me da tanto miedo como el temor que siento del propio Jesús. ¿Qué voy a hacer? Jamás podré acercarme a él.

También piensa. ¿Este es el gusto de vida nueva? Pues, no me gusta. No me gusta este nuevo gusto que jamás lo sentí ni lo imaginé. ¿Acaso este es el gusto en la vida eterna? No me gusta y no sé qué hacer ni dónde ir. Entonces le surge la primera oración de la noche, de esta oscura noche: —Señor, dame el gusto de vida nueva porque yo no lo tengo. —Con su pensamiento y en silencio Hortensia implora al Cristo del Sagrario.

Continúa la noche sin preguntas ni respuestas con ese sentimiento tan horrible y ese profundo temor que la mantiene con una seriedad nunca antes expresada, nunca antes vivida. No se atreve a llorar, ni siquiera lo intenta, porque se da cuenta que con ese temor y sentimientos no hay nada que la consuele. Esta experiencia ha hecho resonancia en el alma.

Sale de la capilla, mientras los gallos cantan anunciando este nuevo amanecer, para continuar con las reflexiones de este retiro de silencio en otros lugares del convento. Más tarde se acerca a ella un servidor que, en silencio y mirando al suelo, le ofrece un pocillo de té sin nada para endulzar ni nada para comer. Ella no tiene hambre porque sigue intacto ese horrible sentimiento de muerte y ese profundo temor a Cristo. Continúa meditando durante el resto de la mañana contemplando el trigal y los corrales de animales hasta llegar a la hora quince donde finaliza la jornada.




    Desde el inicio de la jornada Dorita comienza las meditaciones propuestas por el Abad y se retira sola a un lugar donde comienza a contemplar la naturaleza que tiene al frente; mira los árboles y sembrados y comienza a pensar la relación que existe entre el hombre y la naturaleza. Se da cuenta de algo importante: “cuando el hombre se aparta de Dios, su mente se trastorna”, es una especie de locura cerebral que destruye la creación, no la cuida, no la protege; mata los bosques con toda su arboleda, esteriliza la tierra. Hace muchas cosas locas porque al alejarse de Dios su mente ya no tiene consciencia plena; lleva su locura cerebral a todas sus acciones, por eso la han violado, por eso abortan, matan, roban. Tienen la mente enferma sin que la medicina lo registre; sino que a todo esto lo designan como normalidad. Es una enfermedad espiritual que no la registran los instrumentos de laboratorio, pero que incide en el cerebro y en las actitudes.

En esta contemplación piensa que alejarse de Dios es el principio de la involución humana que animaliza al hombre tendiendo a transformarlo en bestia o sea un animal corrompido, cosa impropia para un animal, pero muy propia para un humano que se animaliza.

En la capilla, frente al Santísimo Sacramento, sintió la presencia de la Santísima Virgen María, que aún sin ser vista, la consuela y la alienta a ser una gran mujer, así como ella, que lo más importante en la vida de una mujer es la confianza y fidelidad a Jesús, acompañarlo siempre con humildad y servicio, porque de esta manera, lo más pequeño de aquí es lo más grande en el reino de Dios. La ha acompañado incluso fuera de la capilla comprendiendo mejor los secretos de la creación, oculta para muchos pero revelada a los que aman a Dios. Dorita le preguntó en el silencio: — ¿Cómo hacer para aprender y cursar en esta escuela de misericordia? —Pero le vino en sus pensamientos de forma clara y explícita: —Soy Madre de Misericordia. Debes rezar todos los días mi Santo Rosario y todos los días te iré enseñando. Comienza practicando la humildad y el amor a Dios y no te preocupes por nada, yo siempre te estaré guiando. —

El rostro de Dorita refleja alegría y una hermosa luz mientras camina en la presencia de Dios de la mano de su Santa Madre María.

El rostro de Hortensia, sin embargo, muestra una seriedad sin igual, está lleno de temor pero sin miedo, el temor es mucho más profundo que el miedo, esto la deja muy seria, sin deseos de esbozar una sonrisa en este sentimiento tan profundo de vacío y de muerte, solo siente un sabor de muerte, es muy terrible para ella, no puede escapar de ello, no tiene dónde, no puede escapar, se siente como condenada, no tiene hambre ni desea nada, a tal punto que ni su propia muerte sería un consuelo para ella. La presencia de Dios es tan imponente, tan fuerte que es imposible esquivar, no tiene consuelo, ha perdido el gusto de la vida, se siente nada.

Aun así las dos se han presentado ante el Padre Emilio que se alegra por las dos pero no dice nada. Le encarga a uno de los monjes que lleve a Dorita a recorrer las áreas del monasterio para mostrarles y conversar, para enseñarle cómo se extrae la miel de las abejas, cómo trabajan para hacer el pan y muchas otras cosas del monasterio. Al pasar por las distintas actividades todos ellos la invitan a participar con ellos en las tareas que están realizando y ella participa en una y otra actividad teniendo un largo día por delante entretenida entre cosas agradables.

El padre Emilio se ha quedado solo con Hortensia, ella no necesita explicar nada, él sabe perfectamente lo que le pasa. Él le dijo: —No cuente a nadie su experiencia. Ahora vuelvan a su mundo habitual y sigan reflexionando en silencio todo lo acontecido. Ella quiso contarle al padre lo que le pasa pero el padre levantó su mano como parando su diálogo diciendo que la vivencia es solo de ella, es personal, ella debe desmenuzar lo acontecido en este retiro, y de este modo emprendieron el viaje de regreso. Durante ese viaje en Hortensia seguían intactos esos sentimientos y ese temor como al principio, sin disminución alguna y le dice a Dorita que prefiere hacer el viaje de regreso en silencio y que por favor la acompañe también con su silencio.

Comenzaron a recorrer kilómetros y Hortensia empieza a sentir alegría. Esto la descolocó ¿Cómo dentro de este tan profundo sentimiento horrible de nada y de muerte y con un terrible temor a Cristo, a tal punto de querer huir de él, ella comienza a sentir alegría? Esto es inconcebible, es desconcertante, no alcanza a entender. ¿Qué me ha mostrado mi Señor? Se ha presentado ante mí realmente como él es, mostrándome cómo soy yo. Él es Dios y yo solo una nada. Él es grande y yo pequeña. Toda la creación se postra ante él. Ante él toda la creación tiembla, hasta los más horribles y más poderosos de los demonios  tiemblan ante su presencia. Él es Dios y yo no soy nada. Pero aun en mi temor siento alegría, aun en mi sentimiento de muerte comienzo a sentir la vida. ¡Este Dios es maravilloso!

—Vamos a rezar el Santo Rosario. —dijo Hortensia a Dorita, terminando el silencio. —



Capítulo XIV

    La casa de los Mizrachi está como siempre, con Orontes en el patio, Rebeca que ayuda a su madre Sara en la limpieza y la cocina, Elías en su trabajo cotidiano comprando y vendiendo todo lo que se puede comercializar y cerca del mediodía llegan las dos aprendices de la escuela de misericordia.

— ¿Tan rápido han regresado? Sólo estuvieron tres días y quizá solo un día de escuela, ¿acaso ya han aprendido todo? —Dice Elías sorprendido. —

—No, pero en un día aprendimos mucho, pero hay mucho, mucho más que debemos aprender. Esto recién comienza, no sabemos cómo continúa ni cuándo se termina. —Dice Hortensia. —

— ¿Qué aprendieron en esa primera clase? ¿Qué el Altísimo es misericordioso? —Pregunta Sara con mucha curiosidad. —

—Más aún, —dice Dorita, —Que el altísimo es misericordia. Dios es misericordia. —

— ¿Acaso, alguna de ustedes conocen algo de Santa Faustina, la monja polaca? —Dice Elías. —

—No, nunca hemos oído hablar de ella. —Dicen Hortensia y Dorita. —

—Ella tuvo una revelación de Jesús como Divina Misericordia, lo vio en persona y le dijo muchas cosas y varias promesas. Ella pasó por muchos pintores que no la conformaban con el retrato de ese Jesús que ella había visto. Decía que Jesús es mucho más bello que el más bello de los cuadros que pintan su imagen, aunque tuvo que aceptar al mejor de todos para que pueda iniciarse la devoción a la Divina Misericordia. —Explica Elías. —

Hortensia y Dorita necesitan descansar, necesitan dormir, puesto que no lo han podido hacer plenamente en estos tres días. También tienen hambre, han comido poco y nada en estos últimos días. Sara y Rebeca hicieron una comida deliciosa que todos disfrutaron y luego fueron a dormir estas dos nuevas alumnas de la misericordia.

Al día siguiente Dorita sigue espléndida y ha decidido regresar al colegio, ya no le importa el modo en que la mirarían sus compañeros ni las burlas escondidas detrás de esas risas  falsas que la acusan como si acaso fuese una prostituta o una mujer indigna de respeto. Tiene fuerza y amor, además sabe que camina todo el tiempo con María Santísima, pues ya no habría nada que la perturbe ni que la avergüence. De hecho que así fue, puesto que al regresar, sus amigas y compañeras la han recibido con mucha alegría; los varones se han dado cuenta que no deben burlarse de la desgracia ajena y comenzaron a ser solidarios con ella, y si alguno se atrevía a despreciarla o burlarse, ellos mismos le llaman la atención con mucha firmeza. Le preguntaron qué hizo durante todos estos días que no concurría al colegio y ella respondió que necesitaba recuperarse espiritual y psicológicamente y felizmente ya lo ha logrado y se encuentra totalmente sana y recuperada, con nuevas fuerzas y nuevas esperanzas.

— ¿Cómo es posible lograr todo eso en tan pocos días? Las mujeres que pasan por estas experiencias tardan mucho tiempo en recuperarse, algunas solo se recuperan a medias y otras jamás lo logran y aunque aparentan andar bien llevan dentro de sí un estigma que les dura toda la vida. Esto nos ha explicado en unas charlas educativas especiales que nos ha brindado el colegio con un panel compuesto por médicos y psicólogos. —Responden algunos de sus compañeros, mientras los demás asienten con su cabeza. —

—Es lógico, —dice Dorita, —A este panel le faltó un integrante. —

— ¿Qué clase de integrante? —Preguntan todos con gran curiosidad. —

—El ser humano no es solo carne y psicología. También es alma, es espíritu, que aflora en la carne y en lo psicológico. —Explica Dorita. —

— ¿O sea que en ese panel faltó un profesional del alma y del espíritu? —Preguntan todos con gran interés. —

Suena el timbre de entrada al aula quedando pendiente muchas cuestiones que aclarar todavía. La clase que se inicia corresponde a filosofía dictada por el profesor Eusebio Ramírez, que se declara ateo y en algunos casos agnóstico. Este hombre alcanzó a escuchar parte de la discusión que estos alumnos manifiestan durante el recreo. En este curso del sexto grado existen algunos alumnos muy despiertos, inteligentes y estudiosos que participan muy activamente en estas difíciles cuestiones antropológicas, el resto solo mira con cara de “no entiendo nada”, pero les interesa el tema. Raúl levanta su mano y dice: —Dorita afirma que en ese taller de la semana pasada ha faltado un profesional del alma y del espíritu. —Quedando todos expectantes mirando al profesor. —

—Estoy completamente de acuerdo, —dice Eusebio. —En ese panel faltaba un filósofo. —Asiente el profe moviendo la cabeza. —

—Bien, profesor, ¿Cómo explica el dolor humano desde el punto de vista filosófico? Tengamos en cuenta que la filosofía que usted nos enseña data de un buen tiempo antes de Jesucristo, por lo tanto deberíamos revisar a la luz de este gran Hombre que ha sido capaz de cambiar la historia del mundo. —Expone Dorita. —

 Todos sus compañeros estaban muy sorprendidos con la sabiduría que muestra Dorita y con la claridad y brillantez que expone sus ideas. Notan un cambio muy grande que solo ha ocurrido en uno muy pocos días. Antes ella no mostraba mucha lucidez ni participaba en algún debate, era callada, de perfil bajo pero ahora está codo a codo con los más inteligentes del curso e incluso parece superarlos a todos. El profesor y todos los alumnos se han dado cuenta de esto y quieren saber qué estrella le cayó en la cabeza en estos días de ausencia que parece ser otra persona.

— ¿Acaso te secuestraron los extraterrestres y te devolvieron con algunas modificaciones? —Pregunta Pablo en tono gracioso. —

—Sí, extraterrestres, pero no al modo que ustedes lo plantean, no se refiere a seres que viven en otro planeta y que viajan en platos voladores. —Responde Dorita con una sonrisa tranquila. —

—Entonces ¿De dónde son? —Alberto pregunta con total seriedad interesándolos a todos. —

—Cuando estudiamos las leyes de la física y tratamos de entender todas esas fórmulas tan difíciles ¿Creen que ellas se han hecho solas? Cuando ven las órbitas de todos los planetas y la armonía que reina en el espacio ¿Piensan que ha sido todo obra del azar? Cuando contemplan un paisaje de la naturaleza y experimentan sensaciones tan hermosas ¿Creen que todo es pura ilusión? Cuando contemplan la belleza de las rosas, su perfume y esplendor ¿Acaso creen que se han hecho así mismas? Es muy evidente que arriba de todo esto existe la inteligencia, la belleza, el amor, la paz. Todo esto habita en un solo ser que está muy por encima de todas estas cosas, muy alto, altísimo, a tal punto que nadie puede tocarlo ni acceder a él. Bien, a ese ser lo llamamos Dios. —Concluye Dorita. —

— ¿Ese es el ser extraterrestre que te raptó? —Pregunta Yamila abriendo sus ojos muy grandes. —

Dorita se mantiene en silencio sin emitir alguna respuesta.

—Hablá, decí algo. —Insiste Graciela. —Pero Dorita sigue en silencio. —

Pronto toca el timbre de salida y Dorita, con mucha paz y alegría, va camino a su casa agradeciendo a la Santísima Virgen este hermoso día que le ha regalado.



Capítulo XV

    Es una tarde nublada y casi sin brisa en el aire, la gente camina ensimismada en esa ciudad donde está ubicada la empresa donde trabaja Hortensia; se ven personas solas que caminan con apuro para llegar a algún lugar o también para salir de otros. Todos se mueven para algún sitio. ¿Saben dónde van? ¿Saben por qué lo hacen? En algunos lugares la gente se choca, se tropiezan entre ellos caminando quién sabe hacia dónde. Así es la vida del mundo, todo se mueve, todos caminan hacia algún lugar pero en realidad nadie sabe hacia dónde; nadie sabe qué hay más allá de ese punto al cual todos se dirigen. ¿Qué hay más allá de eso? Ni siquiera quieren pensarlo, es mejor no tenerlo en mente, entonces se consuelan cada cual con la cercanía de sus hijos, su esposa o esposo, pero eso es todo. ¿Esta es la felicidad? Se preguntan muchos. Matarse trabajando, vivir al día solo para vivir en algún sitio, llevar a los pequeños a la escuela y luego regresarlos y luego encontrarse en la casa donde siempre hay algún reproche, tan solo por tener hijos, cónyuge y una casa hipotecada. Algunos solo suspiran tranquilidad cuando llega el divorcio, pero luego llega la condena de recortar los sueldos de la familia dividida y de mover a sus hijos como mercancía de aquí para allá porque sus padres ya no pueden vivir juntos. Creer en sí mismos, ser autosuficientes. ¿De qué sirve? ¿Se puede ser autosuficiente cuando se sufre? ¿Cuándo las cosas salen mal y no se las pueden resolver adecuadamente sin heridas?

El hombre niega la realidad de la existencia y vive la fantasía como realidad de vida, entonces la felicidad es solo una fantasía, la alegría es solo un estado de ánimo al igual que la felicidad y así uno vive mintiéndose día a día destrozando su corazón buscando cosas y objetivos que no dan consuelo al alma; se han inventado la falsa alegría, la falsa felicidad con una falsa sonrisa que solo es un dibujo en sus rostros que esconden una gran pena en sus corazones.

Eres hombre pero te has convertido en un androide, tienes carne y alma, pero te has convertido en cartón hueco y vacío. ¿Quién maneja tus hilos oh hombre de papel?

Hortensia ve todo esto y en su silencio y observación ella puede darse cuenta de todo lo que ocurre. No ha disminuido en nada ese terrible temor a Cristo, como tampoco ese amargo sentimiento vacío y de muerte, pero de vez en cuando siente ráfagas de alegría que llenan de esperanza su alma.

Siente que cualquier cosa que hace no tiene mérito ante el Señor, ni siquiera la acción del buen samaritano cuando socorrió y ayudó a Orontes desde el borde de la muerte hasta su restablecimiento total. Nada en ella tiene mérito. Siente que no vale nada, que su vida es todo un vacío y no puede jactarse de nada, ni de sus títulos universitarios ni de sus logros en las empresas, ni de nada. Siente que toda su vida es pura fantasía y ni siquiera puede llorar para que le sirva como un poco de consuelo.

—Dios me ha destrozado. —Dice ella con resignación. —

Pasó dos días encerrada en un departamento alquilado en la ciudad de la empresa, luego salió a la calle a caminar por la ciudad, siempre con el mismo sentimiento, siempre con el mismo temor. En su caminar visualiza una parroquia católica que tiene como nombre “Nuestra Señora de la Asunción”. Es una parroquia atendida por sacerdotes redentoristas de origen polaco la mayoría de ellos. Muy cerca de la entrada, en el hall de ingreso a la capilla visualiza un cuadro, un icono, que muestra a la Santísima Virgen bajo la advocación de “Nuestra Señora del Perpetuo Socorro” y se quedó allí contemplando unos largos minutos. Luego, mientras va ingresando se encuentra con un cuadro enorme de la imagen de la Divina Misericordia, donde está Jesús que desde su corazón emergen rayos de luces de varios colores y más abajo una frase “Jesús en vos confío”.

Entonces exclama con gran dolor y en voz alta: —Señor, aquí te muestras tan bueno y cariñoso, pero a mí me has tratado con extrema dureza y palos. — Está llorando por primera vez después de ese retiro de silencio con el padre Emilio. —Señor, tengo miedo, no me atrevo a acercarme a vos. ¿Acaso eres bueno para todos y terrible para mí? ¿Qué te hice yo para que me trates con tanta dureza? ¿Acaso ya me has condenado al infierno? —La capilla está vacía de personas, no hay nadie adentro, con excepción del padre Daniel que estaba cerca escuchando todo lo que dijo. Él se acerca a ella, le toma su mano y le dice: —Jesús te ama con locura, eres muy preciosa para él. —Pero, padre, él me llenó de miedo en un retiro hace unos días. —Dice Hortensia con sus ojos llenos de lágrimas. —

—Paciencia —Dijo Daniel. —Es que Jesús abrió para ti uno de los siete dones del Espíritu Santo, el Don del Temor de Dios, debes sentirte afortunada, no todos gozan de esa gracia. —Con una gran sonrisa y dulzura explica el padre Daniel, —

— ¿Y este sentimiento de vacío y de muerte? —Pregunta preocupada Hortensia. —

—Así como a una casa vieja se le retiran todos los muebles, se raspan las paredes y se limpia todo para luego pintarla y adornarla con belleza y poner muebles nuevos y lujosos dignos para que habite el Rey. De ese modo Jesús está limpiando tu alma para ponerte cosas nuevas para habitar luego en ti. Y el temor es para que sepas quién es él, que es todopoderoso, que hay que respetarlo, que en su presencia debes inclinarte con respeto y adoración. Él quiere estar siempre en ti, y recuerda que para llegar a ti deben pasar primero por él, el todopoderoso que hasta los más fuertes de los demonios tiemblan ante su presencia. Ahora ya eres portadora del Altísimo en tu alma y en tu vida. Consérvalo así con todo tu amor, con todo tu corazón. —Dijo el padre Daniel. —

Su extremo temor se transformó en respeto y confianza. Hortensia ya es otra persona, aunque por fuera se muestre con la misma figura, pero en su mirada, en su rostro y en sus actitudes se muestran cosas diferentes. Una mujer simple y normal, como se entiende en la jerga popular, pero con una presencia mística semejante a la del Padre Emilio, Abad del monasterio, no con la intensidad tan alta como la que muestra su presencia, pero con la suficiente como para todos los que la ven sientan un profundo respeto de temor ante ella. Nadie sabe por qué ni de dónde ha surgido este cambio. En la empresa nadie se atreve a abordarla. Todos la notan diferente, aunque nadie se anima a preguntarle lo ocurrido en estos días de ausencia de la empresa. Ya no se viste de modo seductor como acostumbraba a hacerlo, sino con total sobriedad en su ropa y en sus actitudes. No quiere provocar lujuria ni seducción en los hombres y no lo hace mediante algún plan pergeñado, sino por temor de Dios evitando ser causa de pecado.

Estas cosas no han pasado desapercibidas por el directorio de la empresa, a tal punto que la convocaron a una cena informal con todos ellos. Están presentes, a pedido de ella, los jefes de producción y algunos obreros de la misma que la aman profundamente y la respetan con gran admiración.

En un momento casi finalizando la cena, uno de los gerentes del directorio se pone de pie y golpea su copa con un cubierto llamando la atención a todos los presentes.

—Propongo un brindis por la marcha de nuestra empresa que está creciendo de modo moderado y al mismo tiempo exitoso. Junto a este, también propongo en este brindis nuestra gratitud por nuestra asesora general que ha hecho y hace que estos logros sean realizados. ¡Salud por Hortensia! —Todos se han sumado con alegría a este brindis de camaradería. —

En realidad esta cena no tiene por objetivo el brindis ni la misma cena amistosa entre ellos. El objetivo es que Hortensia cuente la causa de este cambio tan repentino que sorprende a todos de modo misterioso.

Otro de los gerentes toma la palabra y dice: —Hortensia, te vamos a pedir que hagas uso de la palabra, pero más que todo nos interesa que te refieras estrictamente al misterio que ha producido este cambio en tu personalidad que a todos nos deja muy intrigados y nadie se anima a preguntarte personalmente. —

Hortensia toma la palabra en medio de un silencio total que no se oía ni un respiro: —Es que conocí a un hombre al cual me quedé mirándolo y contemplando toda una noche sin dormir hasta el amanecer. Esto me ha impactado tanto que me ha producido estos cambios que ustedes ven. —Responde ella y luego se sienta. —

A la intriga que todos ya tenían se suma esta otra que los ha dejado mudos y desconcertados a todos. — ¿Quién será ese hombre? —Murmuraban entre ellos en voz muy baja. —Existen varios solteros en la empresa, jóvenes y muy apuestos que ella ni siquiera los mira. Muchos han intentado tener una cita con ella pero tampoco llegan a proponer porque pasa por ellos como si no existieran. De repente alguien logra ser contemplado durante toda la noche. —Continúan los comentarios. —

— ¿Se puede saber quién es ese hombre tan dichoso que ha logrado cautivar tu razón? —Dice uno de los jefes de producción. —

—No solo mi razón, sino también mi corazón. —Responde Hortensia dejando en cada respuesta más dudas en el auditorio. —

 No pudieron sacarle más respuestas y se quedaron con ese misterio que cada vez crece más, aunque ya tienen algo claro, la causa es un hombre y solo queda investigar quién es ese hombre que también impacta la razón de todos ellos.




Capítulo XVI

    La huerta de la familia Mizrachi se está haciendo más extensa y da muchos frutos; está llena de tomates, pimientos verdes, rojos, amarillos; zanahoria y una gran variedad de hortalizas que Orontes ha logrado producir con tanto esmero y amor a la naturaleza. Para él el trabajo no es un sacrificio sino un deleite, donde se hermana con todas estas plantas que, de algún modo, entre ellos se entienden y crecen fuertes y llenas de belleza. Muchos saben que las plantas y flores sienten las palabras de la gente, como también la música, y la gente se da cuenta del gusto de ellas al notar la energía y el crecimiento de ellas. Orontes, sin embargo se comunica de modo particular con todas ellas.

La producción es muy grande respecto de las necesidades de esta familia entonces le han propuesto a Orontes vender todo lo que pueda y con esto le quedará un gran porcentaje de ganancias que él podrá usar para sus cosas personales. Inmediatamente Rebeca y Dorita fabricaron unos carteles que anuncian la venta de todos estos productos y los ubicaron al borde del terreno para mostrar a todos los que pasan por el lugar. La noticia ha corrido velozmente y las señoras comienzan a asomarse a comprar esta verdura que Orontes va cortando y formando manojos a medida que se lo piden. El negocio crece con rapidez por la calidad y frescura de estas hortalizas que también se ofrecen a un precio moderadamente bajo. Ya no vienen solo las señoras sino también hombres mayores y jóvenes a realizar estas compras. La demanda comienza a ser más importante, de tal modo que Rebeca y Dorita colaboran en las ventas.

Todos sacan ganancias. Orontes quiere comprarse una bicicleta muy moderna que tiene muchos accesorios, de alto costo, y las dos niñas ahorran para sus cosas y los útiles escolares.

La propiedad de los Mizrachi posee cinco hectáreas de terreno; en una de ellas está la vivienda, un lindo patio y el jardín; en otra, la huerta que antes era solo un pequeña porción de ella, pero ahora, con el trabajo y dedicación de Orontes, cubre la totalidad de la hectárea. Rebeca y Dorita se han organizado, con el consejo de Orontes que por la mañana asistan a clase en el colegio; por la tarde trabajan en la huerta, jardín y ventas; y por la tardecita y noche, antes de la cena, estudian y realizan las tareas escolares.

El negocio va muy bien, a tal punto que en dos meses aproximadamente han vendido toda la producción, solo han dejado un poco para el consumo familiar. Las ganancias son muy satisfactorias; Orontes pudo comprar esa bicicleta que tanto deseaba, también se compró ropa nueva y algunas nuevas herramientas de trabajo; también compró distintos tipos de abonos y semillas para la nueva siembra. Las niñas les dieron todo el dinero ganado a Sara para que ella lo administrase según su criterio.

Dorita anda muy bien en sus estudios, entiende las cosas con mucha rapidez, sus exámenes son muy buenos y en poco tiempo ha recuperado todo lo perdido en esos días de ausencia.

— ¡Qué curioso! —dice Yamila. —Antes tenía que explicarte yo porque vos no entendías y ahora tengo que pedirte ayuda para que me expliques a mí. Debo conocer a tus raptores para que también me rapten a mí para ver si me vuelven más inteligente jajaja. —

Esa misma tarde algunas de sus compañeras se ponen de acuerdo y la visitan a Dorita en su casa. Todas llevan sus carpetas con el objetivo de estudiar con ella; fueron a la mesa del jardín y comenzaron a abrir sus carpetas para revisar sus tareas, pero hay algo que les intriga más.

—Dorita queremos que nos cuentes algo más de tu rapto y experiencia que has tenido. —Dice Graciela. —

—Queremos que nos cuentes de ese ser que está tan alto que nadie puede llegar a él. —Dice Paula, —

—Es el Rey del universo que tiene su trono en el cielo. —Dice Dorita. —

— ¿Él te raptó? —Dice Yamila. —

—No, nadie me raptó. —Dice Dorita. —

—Entonces contá qué es lo que ocurrió. —Dicen todas. —

—ES que conocí a la Madre de Misericordia; no la vi, pero de modo invisible ella se ha manifestado a mí de modo que yo la podía entender con total claridad. —

—Y ¿Cómo es? —Preguntas curiosas. —

—Es muy maternal, muy tierna, acaricia y consuela, protege y defiende a sus hijos, es maestra y enseña cosas importantes que no se ven en las escuelas. Ella y solo Ella puede acercarse al Altísimo. —

—Quisiera conocerla. —Dice Paula. — ¡Yo también! —Dijeron todas. —

—Ella me dijo que se hace presente junto a aquellos que rezan el Santo Rosario y que es mejor rezarlo todos los días. —Responde Dorita. —

— ¿Vos nos podés enseñar? —Replicaron todas juntas. —

—Sí, por las tardes podemos rezarlo aquí en el jardín. —Responde Dorita. —

—Y ¿Qué hay de la inteligencia y sabiduría? —Dice Alicia. —

—En el Rosario se le puede pedir todo eso y mucho más, y luego esperar. Aunque lo primero que hay que pedir es que nos conduzca al sacramento de la confesión, como primer paso. — Enseña Dorita. —

— ¿Y la inteligencia y sabiduría? —Pregunta Yamila. —

—Se le puede pedir al mismo tiempo y muchas otras cosas más, todo lo que nos hace falta. —Dice Dorita. —

—Bien, mañana comenzamos, ahora completemos las tareas. —Dijeron las niñas. —

En silencio y ayudándose unas a otras iban completando todas las tareas.




Capítulo XVII

    Suena el timbre en el convento de las Clarisas, se abre una ventanita sin mostrar su rostro y se oye: —Ave María Purísima. —

—Sin pecados concebida. —Responde Dorita. —

Muestra su rostro la hermana Isabel que ahora está atendiendo y recibiendo los pedidos de oraciones de la gente.

—Hola Dorita ¿Qué te trae aquí? —Pregunta con inmensa alegría. —

—Vengo a hablar con la hermana Amelia, si acaso es posible. —En voz baja responde Dorita. —

—En este momento está ocupada, pero si la esperas vendrá pronto. —Dice Isabel. —Pero mientras tanto podés contarme qué es de tu vida y lo que estás haciendo. —

Le cuenta todo lo acontecido en la escuela, los debates con sus compañeros de clase y con el profesor de filosofía; con el nuevo negocio de la huerta y que varias de sus compañeras les pidieron que les enseñe a rezar el Santo Rosario.

—Pero ¡Qué bueno! —Dice Isabel. —Esto me llena de alegría. —

—Sí, pero se me hace que estoy perdiendo el tiempo. Quiero hacer obras de misericordia y no sé cómo se hace. Ya pasaron varios días y no he hecho nada, por eso vengo a pedir ayuda a la hermana Amelia. —Dice Dorita. —

— ¿Qué entendemos como obras de misericordia? ¿Acaso no sabes que ya las estás haciendo? Evangelizar, enseñar a rezar el Santo Rosario y rezarlo con ellas es una obra de misericordia. ¡Es de las mejores! —Dice Isabel. —

—Yo pensé que debía ir a una villa pobre y ayudar a esa gente llevándoles comida y esas cosas. —Dice Dorita. —

—Sí, eso es muy importante, pero no todos están llamados a eso. —Dice Isabel. —

— ¿Cómo es eso de estar llamados? —Pregunta Dorita con mucha curiosidad. —

—Jesús nos envía a hacer determinadas cosas y es mejor dejarse guiar por él. Debemos obedecerle para que las cosas salgan bien. Veo que en estos momentos el Señor no te envía a los pobres de las villas, sino que te ha puesto al frente de tus compañeras del colegio, al modo que lo estás haciendo. Es una obra de misericordia muy grande acompañar y guiar a la gente a la conversión. Ya estás en la escuela de misericordia y lo estás haciendo muy bien. Alégrate y no te preocupes por nada. —Dice la hermana Isabel. —

Dorita se ha llenado de alegría y se le fueron todas las preocupaciones como si fuesen tentaciones que pretenden quitarle o descuidar una extraordinaria obra de misericordia a cambio de otra cosa que no le es posible realizar. Aquí aprendió además que las tentaciones también aparecen como aparentes obras buenas, con el fin de angustiar y arruinar una buena obra que se está haciendo. De este modo hay personas en la iglesia que se llenan y se llenan de actividades, confundidas, sin darse cuenta que están faltando a sus principales responsabilidades sin hacer ni una sola cosa bien.

—Me gustaría que te quedes unos días con nosotras, que nos acompañes en nuestras oraciones comunitarias y de intercesión por todas las necesidades que nos encargan. —Invita la hermana Isabel. —

—Por el momento debo dedicarme a esta nueva misión con mis compañeras del colegio. Más adelante podré visitarlas algún fin de semana. Ahora no debo descuidar lo que la Madre de Misericordia me ha confiado como tarea. —Dice Dorita. —Debo regresar; con lo que tú me has enseñado ya estoy muy satisfecha; hágale llegar mis saludos a la hermana Amelia y al resto de las hermanas. —De este modo se despide y regresa a su casa. —

Esta misma tarde, alrededor de la mesa del jardín, comienzan las clases del Santo Rosario que Dorita les enseña a sus cinco compañeras.

Habrá que enseñar el significado de cada misterio del Rosario, uno por día, además les hizo copiar a cada una las tres oraciones que se rezan, el Padre nuestro, Ave María y el Gloria. Dorita saca un librito que solo tiene el Nuevo Testamento y les comienza la catequesis del anuncio del ángel y la encarnación del Hijo de Dios. Las niñas toman nota de todo esto y se ponen a pensar en esta enseñanza. Dorita les dice que es mejor pensar en todo esto con el rezo de los Ave Marías. De este modo, esta tarde han rezado solo una decena meditando el misterio de la encarnación del Señor. Al finalizar surgen varias preguntas con respecto a dicha enseñanza.

—Dónde puedo conseguir ese libro. —Pregunta Graciela, con el interés también de las otras cuatro. —

Dorita les explicó todo esto y quedaron que la catequesis se daría una vez por semana y esa decena del Rosario la rezarán todos los días. Así van transcurriendo los días; a la semana siguiente se enseña el misterio de la visita de María a su prima Isabel, rezando esta nueva decena. Durante cinco semanas conocieron los cinco misterios gozosos. Luego de todo esto rezan por primera vez el Rosario completo con los cinco misterios.

Las niñas, muy entusiasmadas, comentan todo esto en el colegio despertando el deseo incluso de varios varones curiosos que notan algo lindo y a la vez raro en ellas y quieren saber de qué se trata todo eso.

Comienza a agrandarse la escuela de misericordia, donde ya suman quince los catecúmenos que van poblando el jardín de los Mizrachi.

La Santísima Virgen, invisible pero presente, va llenando de gracias a niños y niñas de once a catorce años que ya comienzan a sentir el gusto del rezo del Santo Rosario.

Con el tiempo, la vida los llevará por distintos caminos a estos niños que crecerán sabiéndose comunicar con el Altísimo que, anteriormente suponían la había raptado a Dorita.




Capítulo XVIII

    La empresa que asesora Hortensia está muy intrigada, tratan los temas empresariales, pero todos, disimuladamente, intentan de concluir rápidamente, de tal modo que les quede tiempo sobrante para que, como al descuido, alguien saque sobre la mesa del directorio el misterio de Hortensia, en esto todos como sin querer, como mostrando un interés efímero, cierran sus carpetas y algún director exclama: —Creo que ya tenemos resuelto los temas del día, ya podemos dar por concluida esta reunión. —Dice Jaime. —Aún hay algo que me preocupa y tiene que ver con la empresa. Me interesa saber y conocer a ese hombre que ha cautivado la atención y el corazón de nuestra asesora general. Esto es parte del interés de nuestra empresa ¿No les parece? —Dice Eduardo tocándose con una mano el mentón. —El resto disimula como que no les interesa, aunque no lo hacen con sinceridad, porque cuando se dice que la reunión ha concluido, todos se levantan inmediatamente y se van con mucha rapidez, pero aquí nadie se ha movido de su silla. —

Nadie de ellos quiere parecer chismoso ante los demás, aunque todos lo son, y además varios de ellos son medianamente corruptos, pero que nadie se entere.

—Propongo contratar un detective privado que la siga y llegue a descubrir a ese hombre que Hortensia no nos quiere contar. —Dice Jaime, que ha disimulado concluir la reunión. —

— ¿Cómo justificaríamos sus honorarios en los gastos de la empresa? —Pregunta Eduardo. —

—Aquí somos como veinte, si ponemos de nuestro bolsillo entre todos nos costarán monedas a cada uno, y el resultado será muy satisfactorio, puesto que nos tiene muy intrigados. —Propone Alberto. —

—Yo estoy de acuerdo. —Dice uno, al cual se han adherido todos acordando por unanimidad. —

—Yo conozco a uno que es muy eficiente y se dedica a estas cosas. —Dice Jaime, a lo cual todos acordaron. —

—Debemos comisionar a alguien para tratar con el detective y luego nos informe a todos nosotros. —Dice Alberto. —

Comisionan a Jaime y comienza la investigación. Él debe seguirla las veinticuatro horas y traer fotografías e informes precisos de todas las relaciones y encuentros con todas las personas relacionadas.

En realidad no sabían con quién se metieron, la sigue como su sombra, cuando va de compras anota todo lo adquirido, también toma nota de la ropa que viste cada día, hasta llegó a colarse en su departamento con ganzúas que abrieron las cerraduras. Toma nota de perfumes, champú, jabones, sábanas, almohadas. Tomó notas de las comidas que prepara y de las que encarga. Anota todo lo que hace a la existencia de Hortensia. Nota que todos los días concurre a la parroquia de la Asunción de María y se queda de rodillas o sentada, largas horas frente al Santísimo Sacramento; también frente al Jesús de la Divina Misericordia en ese cuadro tan grande que se exhibe en la capilla de la parroquia. Ha fotografiado todo; no ha perdido detalle, pero sigue sin encontrar a ese hombre misterioso que debe encontrar.

Pasada una semana, los directores convocan al detective para mostrar resultados. Este muestra fotografías y trayectorias diarias, muestra todo, ya no hay nada oculto. Saben hasta qué ropa interior usa, pero no hay nada del hombre; no hay hombre. —Seguro les ha mentido. —Dice el detective. —

— ¿Seguiremos con la investigación? —Pregunta el detective. —

—Un momento. —dice la directora Romina, que junto con otras mujeres forman parte del directorio superior de la empresa. —

—Voy a hacer una llamada a Hortensia, —Dice Romina. —

—Hola Hortensia, hace mucho que no andás por acá ¿Acaso ni siquiera quieres visitarnos? —

—Nada de eso mi querida Romina, es que tengo algunas cosas que hacer y tampoco me han pedido participar de alguna cuestión de la empresa. —Responde Hortensia. —

—Y ¿Qué haces en este tiempo? ¿Acaso has vuelto a ver a ese hombre que te quita el sueño? —Pregunta Romina con todos encima de ella para tratar de escuchar el teléfono. —

—Sí, lo veo todos los días a ese mi hombre. —Responde Hortensia. —

—No sé por qué no te creo, ¿acaso es cierto lo que me decís? —Dice Romina. —

— ¿Acaso se encuentran en algún café, confitería o baile? —Pregunta Romina con veinte personas encima de ella. —

—Algún día te contaré. —Dice Hortensia, abandonando la conversación. —

—Ahora solo queda deducir. —Dice el detective mostrando su carpeta de fotografías, detalles y observaciones. —

— ¿Qué quiere decir con eso? —Pregunta Jaime. —

—Que ese hombre no es un humano corriente. —Responde el detective. —

— ¿¡¡¡¡Qué!!!? —Saltan todos electrizados. —

—Ese hombre es Dios. —Responde el detective. —Es Jesucristo; aquí están las evidencias. —

—Esto nos quita la ilusión de ver a Hortensia formar una nueva familia con alguien que la haga vibrar y enamorarse profundamente. —Dice Eduardo. —

—Es que con este hombre no se hace ese tipo de familia que ustedes esperan. —Responde el detective. —

Ahora ya lo saben todos, fue como una bomba nuclear que ha llegado hasta el último de los empleados. ¡El hombre de Hortensia es Jesús!

Si esto solo fuese así y nada más, entonces sería motivo de risas, burlas y bromas gratuitas entre el personal. Pero hay algo interesante. Hay un cambio en ella que no pasa desapercibido; y es un gran cambio; en su mirada, en sus gestos, en su forma de vestir, en sus actitudes, en sus conversaciones. Pareciera tener mucha más autoridad que antes, entre otras cosas.

Sus primeros defensores, como si acaso fuesen sus fans, son el personal de producción, jefes y obreros, que la quieren profundamente, y no les importa si su hombre es real o ficticio, ellos la quieren a ella independientemente de su elección. También la quieren profundamente en el departamento de finanzas ya que ella interactuó cariñosamente con todo el personal para aquel diagnóstico de los gastos y sueldos.

Las mujeres de la empresa, muy curiosas y seguidoras de la moda y de lo corriente, notan que ella, sin embadurnarse de cosméticos ni ropas extravagantes ni provocativas para los hombres, tiene tanta atracción en lo simple y en lo sencillo, que la belleza le sale desde adentro, sin camuflajes ni simulaciones, se han interesado por ese hombre que rompe la moda y los maquillajes y en Hortensia hacen una mujer, para ellas, poderosa.

—Hortensia, quiero conocer a tu hombre, si acaso a ti no te importa. —Dice Agustina que trabaja en finanzas. —

—Bien. —Dice Hortensia. —Pero a este hombre se lo conquista rezando. —Le responde mirándola de reojo. —

—Esta tarde, a las quince horas, estaré rezando la coronilla de la Divina Misericordia en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción. Si quieres puedes acompañarme. —Dijo Hortensia. —

Diez minutos antes de las quince, Agustina está presente en la capilla de la parroquia, luego llega ella. Hortensia saca su rosario de la cartera y comienza el rezo. Agustina la acompaña como puede y entre diez y quince minutos han terminado la oración.

—Con esto no lo he conocido a ese hombre. —Reclama Agustina. —

—Es un hombre muy difícil. —Dice Hortensia. —Deberás hacer más que esto para conocerlo. Así que, paciencia. —

— ¿Crees que algún día lo conoceré? —Dice Agustina muy preocupada. —

—Claro que sí, pero debes esmerarte más. Si realmente quieres conocerlo, ve ante el sagrario que está allá, siéntate frente a él y quédate allí, en silencio hasta que sientas alegría; luego puedes levantarte y regresar a tus cosas. Ven mañana a la misma hora si quieres. Yo estaré aquí. —Dice Hortensia y se despide. —

Una semana ha transcurrido desde esa primera experiencia de Agustina que no ha faltado ni un solo día a rezar la coronilla a la Divina Misericordia con Hortensia.

Hortensia quiere rezar sola, le molesta la presencia de otras personas, solo desea un encuentro personal con Cristo, sin interferencias.

—Si hay dos o más personas reunidas en mi nombre, yo estaré en medio de ustedes. —Resuena en la mente de Hortensia, como un pensamiento que se anuncia como por un parlante muy potente dentro de su silencio.

—Señor, pero yo quiero estar contigo todo el tiempo. —Responde Hortensia. —

—Lo estás. —Dice ese pensamiento, pero también atenderás a aquellas ovejitas que te voy mandando para que me ayudes a apacentarlas. —Dice con mucho amor ese pensamiento que Hortensia sabe muy bien de dónde precede. —

—Trátala muy bien y con esmero a Agustina, mi ovejita, que a través de ella te mandaré muchas más. —Dice ese pensamiento. —




Capítulo XIX

    Un café cercano al departamento que alquila Hortensia perfuma el ambiente con un exquisito aroma a café recién hecho en esta hermosa mañana que invita a desayunar las riquísimas artesanías pasteleras que fabrican en este mismo lugar. Es un ambiente muy acogedor adornado con algunas plantas en bellos maceteros distribuidos prolijamente en el recinto. Hortensia se hace presente y se ubica en una mesa retirada del centro; pide un café y comienza a revisar los diarios, pareciera que está buscando algo mientras hace deslizar su dedo por las hojas; dentro de su búsqueda la detiene una fotografía que publicó este periódico; levanta la vista y ve a ese hombre sentado unas pocas mesas de ella. Le llama la atención y comienza a leer la publicación donde se entera que este hombre ha dictado un taller que trata de la industrialización de la basura en el aprovechamiento de varios elementos reciclables y de otros elementos orgánicos, que al mezclarlos con asfalto caliente y algunos otros elementos sólidos de la basura se pueden hacer vereditas peatonales en paseos de plazas e incluso en patios de entradas a viviendas. Ella ya había oído algo de esto unos años atrás pero hasta hoy no se ha implementado nada todavía.

Este hombre está bebiendo un café mientras lee otro diario. A ella le llaman la atención dos cosas: la noticia que acaba de leer y el gran parecido de su fallecido esposo que ve en este hombre. Gustavo deja el diario al costado y sin alzar la vista comienza a escribir en su cuaderno, luego saca una calculadora de su portafolio y sigue tomando nota. Hortensia lo observa discretamente y pide otro café.

—No es muy saludable tomar tanto café. —Le dice a Hortensia con una sonrisa simpática. —

— ¿Acaso está escribiendo algún proyecto de elementos reciclados? —Pregunta Hortensia. —

—No, ese tema ya lo tengo resuelto, —dice Gustavo. —Ahora solo estoy planeando mis gastos y realizando una lista de las cosas que debo comprar para uso personal. —

— ¿Figura café en esa lista? —Con sonrisa picaresca pregunta Hortensia. —

—Sí, por supuesto, pero para tomar moderadamente. —Responde Gustavo. —

—Bien, ahora debo retirarme, tengo trabajo por delante. —Dice Gustavo poniéndose de pie. —

Se aproxima a la mesa de Hortensia y le dice: —Me presento, soy Gustavo y me interesa la industria y el medio ambiente, —mientras ofrece su mano saludando a Hortensia. —

—Soy Hortensia y me dedico al ámbito empresarial. —

—Es un gusto para mí estrechar su mano, —dice Gustavo. — ¿Conoce el lago sur donde suelen nadar los patos? De vez en cuando voy allí a pensar, escribir algunas cosas y a tirarles galletas. —Continúa Gustavo. —

—Jamás he ido por ahí, pero no me vendría mal una caminata por el lugar. —Responde ella. —

—Ahora debo irme, pero este fin de semana podríamos encontrarnos a la tardecita. —Dice él. —

—De acuerdo, allí nos veremos. —Dice Hortensia con sonrisa alegre. —

No han intercambiado sus números telefónicos, pero ya saben dónde encontrarse. Hortensia tampoco le hubiese dado su número porque no es prudente ante un desconocido. Ella verá más adelante quién es ese hombre y lo que hace. ¿Tendrá familia? No ha visto el anillo en su dedo, aunque esto no prueba nada. ¿Será un buen hombre? Habrá que investigarlo antes de ese encuentro.

Contrata a un detective privado para que averigüe todo lo de esta persona. Quitó la hoja del periódico donde está ese artículo y se lo dio al detective para que investigue todo el resto.

Antes de ese fin de semana, el detective le sirve toda la información completa de Gustavo; nombres completos, domicilio, antecedentes policiales, lugar de trabajo, estado civil y familia. Resultó ser un hombre casado que vive con su esposa y tres hijos. Una denuncia policial por maltrato familiar; y con esto ya es suficiente para Hortensia.

Un golpe duro para ella, una enorme decepción que ha matado una esperanza; pero hay algo bueno, su corazón se puso en modo de conquistar y ser conquistada. Esto ahora es un gran avance. El motor ya se puso en marcha, luego solo hay que ver cómo conducir y marcar rumbo.

¿Dónde encontrar un buen hombre? ¿Dónde ir para ser encontrada por un buen hombre? ¿Existirá un buen hombre? No está dispuesta a correr riesgos. Es mejor seguir sola, que las cosas, solas, se irán ordenando. Piensa Hortensia, mientras camina hacia el supermercado.

A la entrada del supermercado, en la vereda próxima a la puerta, está un mendigo que le pregunta si le podría regalar un yogurt cuando salga. Ella hizo sus compras, le compró ese yogurt y en el bar interno del super se hizo preparar un sándwich de milanesa y una lata de gaseosa. Puso estas tres cosas en una bolsa y se las entregó al mendigo que está en la vereda. El mendigo le agradece y le dice: —No se preocupe señora, Dios la va a ayudar. —Y este se aleja con su bolsita de alimentos.

¿Qué me habrá querido decir el mendigo? ¿Por qué me dijo eso? Se pregunta sorprendida Hortensia.

Continuó su día normal, a las 15:00 Hs., fue a rezar la coronilla a la Divina Misericordia y se encontró con agustina que había llevado a tres compañeras más que también trabajan en la empresa; luego regresa por la noche a rezar sola el Santo Rosario frente al Santísimo y antes de comenzar se encuentra con el padre Daniel que llega preparado para administrar el sacramento de la reconciliación a los fieles. Mientras tanto, sentados en un banco de la capilla, Hortensia le dice: —Padre, hace tiempo que quiero hacer obras de misericordia, pero veo que solo pierdo el tiempo y no hago nada. —Dice ella preocupada. —

—Si te acercas a Cristo y además logras acercar a otros para oración y conversión, entonces ya estás haciendo una enorme obra de misericordia; al mismo tiempo Jesús pondrá en tu camino algún necesitado para que también hagas alguna obra de caridad. No busques lo extraordinario, sino lo más simple. No te adelantes a Dios, no intentes superarlo; solo deja que él te guíe. Acuérdate que siempre debes caminar de la mano de María Santísima, recuerda también que ella es Madre de Misericordia. —Concluye el padre Daniel, sacerdote Redentorista que hace unos muy pocos años ha venido desde Polonia, su país natal. —

Comenzó a rezar el Rosario y luego se quedó contemplando y adorando a Jesús Sacramentado por una hora y media aproximadamente. Esta mujer, con todos esos golpes en la vida que deberían haberla traumatizado, pero por su gran fortaleza y determinación ha soportado de pie buscando y encontrando hasta en esos lugares que ella no sabía que existían, esas cosas que suponía, al principio, casuales, dentro de ese campo místico que disipa la ilusión destruyendo todo el mundo de fantasías, la ha sumergido en una realidad espiritual concreta que tiene que ver con el mundo, con su historia y con su propia realidad actual; le ha hecho dar cuenta que más allá de la carne y del cerebro humano, existe lo invisible, así como la energía de la vida que permite hacer latir el corazón, existe un mundo muy poco explorado por muchos, y aún más, ignorado por ellos, existe el alma humana que contiene al espíritu, y no de modo religioso, sino de modo real y tangible, que hace que el cuerpo humano tenga vida.

Esto mismo sostiene a la razón humana, al pensamiento, a los sentimientos. Es ese lugar llamado corazón, pero no el orgánico del sistema circulatorio, sino a otro que lleva el mismo nombre y se encuentra en lo más profundo del alma; este es el corazón humano donde se encuentra el significado de la vida. Este corazón tiene como arista la razón que es la exigencia del significado. Por lo tanto razón y corazón están siempre haciéndose uno solo en el misterio humano, donde con la asistencia del espíritu se pueden encontrar todas las respuestas de la vida.

¿Cómo llegar al corazón, para encontrar el significado y activar la razón para descubrir la exigencia del significado? Evidentemente hay que viajar al interior del ser, pero, ¿cómo se hace? ¿Cómo se ingresa al interior de uno mismo? Es un ámbito desconocido, es espiritual, por supuesto, pero el ser humano nunca ha caminado hacia allí. No conoce el camino ni el método para transitarlo; pero sabemos que existe, sabemos que hay algo allí que se manifiesta en los sentimientos y en el pensamiento, pero, ¿cómo alcanzarlo?

Siempre existe un vehículo para ir de un lugar a otro, pero, ¿cómo llegar a mi propio corazón? ¿Es necesario un vehículo también?

Es un desafío que resulta tan complejo que muchos prefieren ignorarlo, afirmar que no existe, tan solo porque no pueden caminar solos hasta allí.

Hortensia no hubiese soportado someterse a un psicólogo. Su inteligencia, su formación y personalidad no permitiría conformarse dentro de las esferas mentales y aquello que llaman subconsciente, que es tan enigmático, que ni los psicólogos lo conocen. Ella tuvo la suerte de transitar una experiencia mística que atravesó la mente, el consciente y el subconsciente, haciéndole zambullirse en su alma y en su corazón.

Jesús dice “Yo soy el camino”, no habla de varios caminos, sino del único camino. También significa: “Yo soy el método” o también “Yo soy el vehículo”, “Yo soy el compañero de camino”; el único compañero de camino que te puede llevar hasta allí. Esto no es una cuestión religiosa, como que “cada cual crea lo que le parezca” o “yo respeto todas las creencias”. Esto no es una opinión, no es una creencia. “Es la Realidad”, no existe otra. Hortensia lo sabe, es testigo de ello. No es una mujer bohemia, tiene sus pies muy firmes sobre la tierra; una mente muy sobria, despierta y una inteligencia que recorre y supervisa todo su ser.

Ella todavía no ha llegado a su corazón. No es una tarea fácil ni sencilla, es muy difícil y, si no se lo hace correctamente resulta imposible porque el ser humano es incapaz de transitar ese camino por sí mismo, debe caminar con Jesús, definitivamente, no hay otra opción, pero para caminar con él, primero hay que conocerlo, familiarizarse con él; renunciar a uno mismo, tomar la cruz y seguirlo. Este camino lo han hecho muchos santos, como San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Ávila, San Ignacio de Loyola, entre otros. Ellos lo han experimentado y nos enseñan en sus escritos y diarios que el corazón es como si fuese un castillo que primero está el jardín, luego la habitación de ingreso, después otra y otras habitaciones hasta llegar a lo más profundo de ese castillo, a lo más interior. Aquí adentro está Dios.

A cada paso, en cada ingreso hay renuncias y más renuncias y varias más, hasta quedar totalmente desnudo de uno mismo. Cuando esto ocurre, significa que se ha llegado al fondo del corazón. Aquí se da el encuentro con Dios, aquí está el sentido de la vida que el corazón conduce al hombre a la razón, la exigencia del significado.

Jesús ayuda al caminante, sabe muy bien que nadie puede lograrlo por sí mismo, por eso también dice: “Yo soy la Vida”, que significa: “si tú me sigues experimentarás una plenitud de sentimientos y una intensidad de vivencia que jamás imaginaste.




Capítulo XX

    Un hermoso amanecer que muestra la cabaña de Aurora, madre de Hortensia, poblada en sus cercanías por una frondosa arboleda de eucaliptus que inunda el ambiente con su suave y bello perfume que traslada al observador a la fantasía del pensamiento que, con la imaginación, hace penetrar a un mundo que trasciende las fronteras de la carne con sus bellas y pequeñas florecitas que dan la esencia, con su néctar, a la exquisita miel que fabrican las abejas. En el suelo y adornando el paisaje un conjunto de lilas acompañan la danza de los perfumes campestres juntas con las otras florecitas amarillas, naranjas y azules que obligan al caminante a deleitarse con estos aromas silvestres que, como un gran ilusionista, hace trasladar a una dimensión de ensueños que parece no existir en la vida real.

En esta temprana mañana el aroma del pan casero que se cuece en el horno de barro del patio de la cabaña de Aurora invita a la calidez del hogar que puebla con aroma de café recién hecho ante la vista de una chimenea que suelta el humo de la leña que da calor al interior de la casa. Una tierna invitación generosa que seduce y atrae a deleitarse a disfrutar de estos sabores haciendo volar la fantasía del pensamiento y la ilusión de un ensueño lleno de nostalgias y esperanzas.

Casi tímidamente Hortensia se acerca con su bolso de viaje como teniendo cuidado de no alterar esta sinfonía de bellezas, aromas y sabores que esta mágica naturaleza entona al unísono en este concierto maravilloso de esta música conjunta que se expresa en el silencio.

Aurora, con un delantal y un pañuelo que cubre su cabeza, se apresta a recibir a su hija que llega desde lejos. Un café con un poco de leche y pan calentito, espera sobre la mesa a esta querida visitante que nada tarda en saborear este exquisito desayuno con sabor a miel y mermeladas caseras que se ordenan en la mesa como una preciosa pintura del cuadro del mejor pintor que se exhibe en la intimidad de un encuentro.

Hortensia muestra un semblante lleno de alegría, mirada calma y llena de paz, muy diferente a la Hortensia de la visita anterior.

—Hija, ¡te veo espléndida! —Dice Aurora con una gran sonrisa en su rostro y brazos abiertos. — ¿Acaso la vida te ha mostrado fortuna? Contame qué te ha pasado durante todo este tiempo. —Insiste Aurora. —

—Me han pasado muchas cosas lindas que, para contarte, no sé por dónde empezar. —Dice Hortensia mientras sostiene en su mano una rodaja de pan con miel. —

— ¿Acaso has conocido algún hombre que ha alegrado tu corazón y te ha llenado de esperanza? —Pregunta Aurora. —

—No, al modo que tú preguntas. No he conocido a nadie. Solo me estoy reconstruyendo en una vida nueva, pero no existe un hombre con el cual piense en hacer pareja. —Responde Hortensia. —

—He visto muchos seres masculinos, pero todavía no he visto a un hombre. —Replica Hortensia. —

—Yo conozco a uno que vive en el pueblo. —Dice Aurora. —Hace poco quedó viudo por un horrible accidente que lo ha dejado solo al morir su esposa. —Comenta Aurora. —

—Ando bien así y no deseo complicarme la vida con alguien que pueda quitarme la paz y tranquilidad con la que vivo. —Dice Hortensia. —

—De todos modos no estaría de más que lo conozcas; en una de esas te agrada, es un lindo hombre y tiene tu misma edad. —Insiste Aurora. —

—Se llama Agustín y trabaja como proyectista en una empresa constructora. Suele ir casi todos los días al cementerio a llevarle flores a su esposa. Se amaban mucho y quedó muy triste al quedarse solo. Es un hombre muy valioso que valdría la pena conocerlo, aunque sólo sea para entablar una amistad. —Comenta Aurora. —

—Mañana iré al pueblo a comprar algunos comestibles y no me apetece conocer a alguien nuevo. No insistas con eso. —Dice Hortensia. —

A la mañana siguiente Hortensia viste de nuevo ese jean ajustado con algunos cortes a la altura de piernas y rodillas; botas cortas con tacones medios, remera al talle; cabellos sueltos y sedosos; maquillaje sobrio y se sube al auto que ha alquilado. Mujer delgada y muy atractiva hace su ingreso al supermercado de la ciudad.

Comienza a cargar su carrito con algunas mercaderías recorriendo las góndolas. Ve ese café que le gusta y se apresuró en tomarlo rápido porque se acordó que la vez anterior alguien le quitó de sus manos el último paquete que quedaba y tuvo que llevar otro; luego se acerca a la sección verdulería, carga algunas cosas, toma un melón entre sus manos y lo huele para ver si ya está maduro, aunque ella no conoce de esto, por lo tanto no se daría cuenta de la madurez del mismo. Mientras se decide a cargarlo, alguien le dice: —Permítame, —lo toma en sus manos, lo huele y le dice: —Le falta madurar, quizás una semana. Lleve este otro que ya está listo para comer. —Dice este cliente que también está comprando. —

—Parece que usted no es de acá, no la he visto antes. —Dice el hombre. —

—Así es, solo estoy de paseo. —Responde ella. —

Cuando ella comienza a alejarse, en una mala pisada se le despega el taco de su bota izquierda. Está en problemas, renga para pisar y con la incomodidad de quitarse las botas para poder caminar bien. No se ha quitado las botas sino que con una mano sostiene el taco mientras se apoya en el carrito para no perder el equilibrio y sin saber qué hacer.

El hombre vio lo ocurrido y se dio cuenta que esta mujer está en aprietos, entonces se acerca para brindarle su ayuda.

—Hay un zapatero a unas pocas cuadras de aquí, pero deberá quitarse las botas. —Dice él. —

—He visto unas chatitas en la otra sección de góndolas; las compraré para no andar descalza y luego iré al zapatero. —Dice Hortensia. —

El hombre le ayudó a hacer el cambio, pagaron las compras y salieron del supermercado.

—Dónde queda esa zapatería. —Pregunta ella. —

—Debe caminar cuatro cuadras, doblar a la derecha y… Mejor la acompaño. Venga, la llevo en mi auto. —dijo el hombre. —

—Puede venir a retirar sus botas dentro de una hora. —Dice el zapatero. —

—Hay un café aquí a la vuelta. Vamos, yo invito. —Dice el hombre. —Luego ya estará listo su calzado. —

Este hombre está deslumbrado con Hortensia, ella se dio cuenta desde antes, pero a ella también le gusta este hombre. El accidente de la bota fue muy propicio para este encuentro que los dos deseaban. Han tomado ese café, conversaron de varias cosas mientras se acerca el tiempo de regresar al zapatero.

—Me presento, soy Agustín y soy proyectista de una empresa de aquí cerca. Hablamos mucho pero todavía no se su nombre. —Dice sonriendo. —

—Me llamo Hortensia y voy a estar unos días en la casa de mi madre. —Responde manteniendo una mirada casi tímida. —

—Me gustaría volver a verla de nuevo. —Dice Agustín. —

Así fue, hicieron una cita para esa noche; retiró sus botas, la llevó de vuelta hasta su auto y regresó a la casa de Aurora.

Cuando su madre se enteró de todo lo ocurrido se puso muy contenta y la animó a iniciar una relación con Agustín.




Capítulo XXI

    La casa de los Mizrachi cada día cobra más vida, Elías y Sara poseen un alto espíritu de comercio y con la llegada de Orontes descubrieron nuevos horizontes. La venta de hortalizas comenzó como un entretenimiento y ahora se ha convertido en un próspero negocio; han destinado una nueva parcela de una hectárea para ampliar el cultivo hortícola. Dorita y Rebeca se van comprometiendo cada vez más en este emprendimiento familiar bajo la dirección tan precisa y profesional de Orontes que ya es socio al 50 % de toda la producción. Han contratado dos peones porque la cantidad de trabajo ya supera ampliamente las capacidades de Orontes y las niñas. Ahora han destinado también una hectárea para criadero de pollos y les queda una hectárea vacía que luego verán que hacer allí. Por lo pronto, de las cinco hectáreas de la totalidad del terreno, una la ocupa la vivienda con el jardín, dos para horticultura, una para criadero y una libre, donde Orontes podría construir una pequeña cabaña para vivir allí.

Rebeca quiere comercializar los productos de jardinería con cultivos y ventas de florería y otras cosas. Se han involucrado Elías y Sara en la producción y comercialización de todos los cultivos.

Han pasado seis años y sucedieron muchas cosas, además, Dorita ha terminado la secundaria y ya funciona a pleno esta PYME con una plantilla de peones en horticultura, jardinería y avicultura. A todo esto se ha sumado una nueva producción que se refiere a la miel de abejas. Orontes alquila temporalmente lugares rurales donde coloca los cajones de abejas que luego extrae la miel y la lleva a esa parcela de una hectárea donde tiene su cabaña y las instalaciones edilicias para procesar la miel y envasarla adecuadamente para comercialización.

Dorita ya se ha curado totalmente de aquellas heridas y traumas sufridos por violación, tampoco han quedado secuelas. No recuerdan ni ella ni sus compañeros; es historia pasada y olvidada.

El rezo del Santo Rosario continúa todos los días pero desde hace unos años ya no se hace en el jardín de los Mizrachi, sino que se reúnen en la capilla San Pantaleón cerca de la casa de Dorita con un grupo de jóvenes de veinte a veinticinco integrantes que ha nacido de estas cinco niñas con la catequesis de Dorita y se renueva continuamente con algunos que llegan y otros que se van.

Jovencitos de alrededor de 20 años de edad, atraídos en muchos caso por las chicas que asisten, con deseos de formar relaciones de noviazgos, encienden una alarma de alerta a Dorita y al sacerdote que los lleva con urgencia a dar catequesis especial para formar jóvenes responsables en estos tiempos donde el mundo ataca con gran fuerza destruyendo los valores morales ridiculizando las virtudes con la pretensión de reemplazarlas por superficialidades que dan rienda suelta  a los instintos y las pasiones como nuevas virtudes que van corrompiendo el corazón juvenil.

Se dan charlas formativas de: la juventud, la amistad, el noviazgo, el amor, la sexualidad, el aborto, entre otras cosas, que el mundo plantea como buenas desde un origen ideológico y, en otros casos, filosóficos que justifican el deterioro moral. Las charlas y los temas están enfocados y sustentados desde el punto de vista de la doctrina de la Iglesia Católica.

Estos temas de moral cristiana se fortalecen con algunos retiros espirituales que los dicta el sacerdote Mario que atiende la capilla de San Pantaleón con la ayuda de algunos laicos experimentados en el servicio de encuentros juveniles pertenecientes a la parroquia del lugar. Además, el rezo diario del Santo Rosario fortalece a los jóvenes en la virtud que hace perseverar la voluntad en contra del dominio de los instintos y del placer. El resto solo depende de cada joven que toma las decisiones según su propia libertad; por lo tanto, aquí deben ayudarse entre todos para no caer en las tentaciones propias de esa edad juvenil.

Hay un joven de veintisiete años, recién recibido de contador público, que está deslumbrado con Dorita que presenta una figura femenina muy atractiva que porta en su interior una formación académica y espiritual que hace alucinar a los jóvenes que la conocen. Este joven Contador se llama Ramiro y trata de conquistar a Dorita. Es un joven bien parecido que también es del gusto de ella. Ya se han visto desde hace un par de semanas en el grupo juvenil y en el Rosario, aunque da la impresión que Ramiro concurre a esos encuentros solo por Dorita y esto le lleva a rezar todos los días el Rosario y asistir a todos los encuentros de formación con el fin de conquistarla.

—Hola Dorita, nos vemos aquí todos los días y me gustaría que aceptes mi invitación a caminar, tomar algo y poder conversar, si te parece. —Dice Ramiro. —

—En realidad no tengo tiempo de salir a caminar; vivo todo el tiempo ocupada en los trabajos de producción de nuestra PYME familiar y en los tiempos libres debo preparar los temas de formación para nuestro grupo. Así que, lo siento pero no podré acompañarte. —Dice ella, mientras junta sus hojas y carpetas y se prepara para retirarse. —

—En algún momento deberías darte un tiempo, porque la vida no es solo trabajo y religión. —Insiste Ramiro. —

— ¿Religión? ¿A estos encuentros los llamas religión? Veo que en todo este tiempo no has aprendido nada. —Dice Dorita con ojos de reproche. —

—Bien, se llame como se llame, tendrás que darte también un tiempo personal como mujer al lado de un hombre. —Plantea Ramiro levantando sus hombros poniendo hacia arriba las palmas de sus manos. —

— ¿A qué has venido aquí, a compartir y aprender valores morales, o solo vienes a conseguir chicas? —Responde Dorita con mucha firmeza. —

—Veo que la violación que has sufrido te ha endurecido el corazón, ha nublado tu mente, convirtiéndote en enemiga de los hombres. —Dice Ramiro con esta actitud de falta de respeto. —

—No, solo me previene de personas como tú. —Dice Dorita muy decepcionada y se aleja de este joven. —

Ramiro deja de asistir a este grupo con la frustración de haber asistido en vano a retiros, charlas y Rosarios diarios, para nada, cuando Dorita lo ha frenado en seco desarmando quién sabe cuáles intenciones maquinaba en su mente este joven embustero.

Estas cosas ocurren siempre en los grupos de iglesia, algunos se mantienen en pie, otros caen, mientras que varios de ellos directamente se arrojan a la miseria perdiendo todos los tesoros obtenidos por la gracia de nuestro Señor que incansablemente modela al joven, como el alfarero a la arcilla, para hacer de él y de ella hombres y mujeres verdaderos.

Dorita ha obtenido una personalidad envidiable, caminando de la mano de la Santísima Virgen, que la hace invulnerable al acoso de los inescrupulosos. Ella no se preocupa ni se apresura en conseguir las cosas que toda mujer anhela, porque ha aprendido a confiar en Cristo y en su Santa Madre y tiene la total certeza que jamás será defraudada.

El grupo juvenil que preside Dorita, tiene un director espiritual, el padre Mario, además cuenta con asesores laicos que colaboran con la formación de estos jóvenes, aun así, hay cosas que se escapan a la enseñanza y objetivos buscados en beneficio de ellos porque es muy difícil luchar contra los instintos y placeres de los jóvenes que en momentos de debilidad se dejan gobernar por esos instintos. Se tiene especial cuidado con los placeres carnales referido a la sexualidad. Se les aconseja evitar con firmeza la práctica del sexo en jóvenes que no están listos para asumir responsabilidades maduras ante la posibilidad de un embarazo no deseado que puede terminar en un aborto o un casamiento inoportuno de jóvenes que ni si quiera tienen un trabajo, ni lugar propio para vivir, ni deseos de permanecer juntos luego de esa aventura de lujuria repentina que solo ha servido para dar rienda suelta a sus instintos. También puede modificar la traza del camino de evolución académica en jovencitas que, por necesidad, deben abandonar sus estudios universitarios. Un embarazo no deseado puede alterar la vida y el desarrollo de estas personas.

Esto ha ocurrido en el grupo de Dorita; de repente se le nota un aumento de volumen en el vientre de Juanita. Ella está embarazada de tres meses y ya se le ha comenzado a notar en el cuerpo. Los grupos de este tipo suelen ser implacables ante estos errores; la comenzaron a rechazar inmediatamente obligándola a salirse del grupo. Es despreciada por la gran mayoría de los jóvenes e incluso ignorada por los colaboradores de formación. El padre Mario sabe que estas cosas suelen pasar cuando existen grupos mixtos, pero él sólo observa y no emite juicio alguno. Dorita, sin embargo, debe dar una respuesta y les dice a todo el grupo que no se apresuren en juzgar ni condenar: —La cosa ya está hecha y ese niño que viene en camino no es un error sino una consecuencia que no la podemos juzgar. De ahora en más puede haber mucho sufrimiento en esta madre que debe enfrentar la vida de una manera que ella no la tenía planeada ni deseada, así que todos nosotros no debemos sumarle mayores sufrimientos, sino actuar con misericordia, tal como Jesús lo hace con todos nosotros. —Y así de este modo Dorita va preparando al grupo en la caridad cristiana. —




Capítulo XXII

    Han pasado ocho años de aquella noche de la cita de Hortensia con Agustín. Una primera y última cita de una posible relación que ni siquiera se ha iniciado. Hortensia sigue trabajando en la empresa y viaja a distintos lugares; ha recorrido Europa, el oriente medio, Israel con Tierra Santa, luego también ha visitado el Reino Unido con Escocia, Irlanda e Inglaterra y ahora está de regreso con el deseo de visitar a esta familia amiga de los Mizrachi y especialmente a Dorita que ya es una joven adulta.

Es enorme la sorpresa de Hortensia al contemplar la transformación que ha ocurrido en el terreno de los Mizrachi. Antes era una casa de familia con un jardín de flores y una huerta, pero ahora encuentra edificaciones nuevas con distintas dependencias comerciales. Han edificado con una planta en forma de U mirando hacia la calle, teniendo en la rama izquierda de la misma grandes ventanales y puerta vidriadas donde funciona la florería con distintas variedades; en la parte central, un jardín abierto bordeado por vereditas perimetrales acompañando la silueta de la edificación; y en el ala derecha funciona la verdulería con un amplio surtido de hortalizas. En la parte central, al fondo del jardín abierto, poseen la venta de miel con algunos derivados tales como polen, jalea real y algunos productos con propóleos.

Separado de la edificación en forma de U, a unos cinco metros de la misma edificaron un salón rectangular donde se comercializa los productos de la granja, pollos y huevos caseros.

Orontes es el capataz general de toda la producción que controla, administra y dirige toda la planta de peones y empleados de las casi cinco hectáreas de terreno. Elías, Sara, Rebeca y Dorita se dedican a las ventas y administración de toda la PYME.

Hortensia se queda mirando desde afuera y le cuesta creer lo que ve. La sorpresa y alegría son tan grandes que se ha quedado inmóvil por unos instantes al frente de este comercio.

No se demoraron en descubrir su presencia y salieron a recibirla con gran afecto toda la familia. Dorita dejó encargado a un empleado en la venta de productos apícolas y la invitó a Hortensia a recorrer todas las instalaciones y lugares de producción. Se ha llenado de alegría cuando se encuentra con Orontes que está dirigiendo todo como un gran director de orquesta. También es inmensa su alegría al enterarse que Orontes es socio de la familia con el 50 % de la empresa, a sabiendas que sin Orontes, nada de esto hubiese ocurrido.

Llega la hora del cierre y la cena, donde invitan a Hortensia a cenar y quedarse con ellos unos días en un dormitorio preparado para ella.

Hortensia pregunta a Dorita: — ¿Acaso te has puesto de novia? —

—No, nada de eso. —Responde Dorita. —

— ¿Y tú, ya has encontrado un galán que te haya robado el corazón? —Pregunta Dorita. —

—No. —Dice Hortensia. —No he encontrado un hombre con esas características. —

Elías las mira muy atento y dice: —La formación, experiencia, personalidad y entereza de ustedes hace muy difícil encontrar un hombre adecuado con el cual compartir la vida. La experiencia espiritual y los conocimientos profundos que han adquirido no son moneda corriente para el hombre de hoy. Quizá sobresalgan en uno de los aspectos y luego adolecen en todos los otros. Una mujer cristiana activa y bien formada no compatibiliza con un hombre que no lo es, por más profesional que sea o por más atractivo que se muestre, la relación ya nace dividida. —

—Las parejas de hoy solo buscan compatibilidad sexual, conversaciones superficiales, coincidencias en gustos superfluos, que generan lazos de unión tan débiles que no resisten ninguna prueba ni esfuerzos necesarios que toda pareja debe enfrentar. —Opina Dorita. —

—El hombre de hoy avanza en edad pero no madura, es como hacer pareja con un niño grande. —Dice Hortensia. —

—Sí, hay un problema de madurez muy grande, o sea de inmadurez que atraviesa las fronteras de la evolución humana donde el hombre ha dejado de serlo para transformarse en un animal con forma de humano que desciende a un modo primitivo donde predomina la sexualidad animalizada por encima de la verdadera humanidad evolucionada que exige responsabilidad y compromiso. —Dice Sara. —

— ¿Acaso, la mujer es parte de todo esto? ¿En convertirse en una hembra deseable que domina al macho en tener solamente los instintos básicos de satisfacer a la mujer en la sexualidad, más allá de la valía humana masculina de ser cabeza y sostener a una mujer en un proceso de evolución que haga al hombre cada vez más hombre y a la mujer cada vez más mujer? —Pregunta Elías. —

—La mujer se ha convertido, desde hace tiempo, en un objeto de deseo sexual que seduce al hombre y exige dar respuesta solo en este aspecto. El hombre siente que la mujer solo le pide que la miren como una fruta deseable, mostrando solamente su cuerpo haciendo resaltar su sexo; entonces el hombre ya no se prepara en otros aspectos de la vida y la mujer se ve envuelta y enredada en su propia trampa cuando busca un hombre y solo encuentra un leve vestigio de él. —Opina Orontes rompiendo su propio silencio. —

Esto hizo sonrojar a Hortensia que recuerda su modo de vestirse casi con exageración sensual despertando deseos de lujuria en los hombres.

—Estoy de acuerdo con Orontes, —dice Dorita, —Nosotras mismas hemos creado al hombre vacío de valores morales, precipitándose a sus bajos instintos alimentándose con trivialidades; luego pretendemos cosechar lo que no hemos sembrado y nos asustan y decepcionan los frutos de nuestra siembra. —

—Entonces, ¿ustedes nunca tendrán novio? —Rebeca puso una mirada inquisidora. —Yo, desde hace un buen tiempo tengo novio, nos llevamos muy bien y estamos prontos a casarnos. —Levantando sus hombros y gesticulando con su rostro, continua Rebeca. —A la vida no hay que darle tantas vueltas porque terminarán mareadas y solas. —Sentencia Rebeca. —No existe el hombre perfecto, como tampoco la mujer, así que deberán conformarse con lo mejor que encuentren, si acaso algún día quieren ser felices. —Concluye Rebeca levantando su dedo índice como señal de enseñanza. —

Se produjo un silencio total con estas observaciones que parecerían echar todo lo anterior al suelo.

—Todas esas cosas que han dicho anteriormente sirven de modo académico pero no se las pueden poner en práctica en la vida real. —Irrumpe Sara con voz pausada y tranquila. —

—A esta altura de mi vida no voy a complicarme, ni el mundo podrá marearme. Vivir sola no significa vivir en soledad y a mi juicio, la felicidad no está en conseguir un hombre, siendo que en estos tiempos hay más divorcios que casamientos; y las parejas casuales, como los matrimonios de hecho o sea concubinatos, son más propios para los adolescentes y jovencitos, donde la sexualidad está por encima de la razón, que para una mujer madura. —Afirma Hortensia. —

—Es distinto el caso de Dorita que está en la edad propicia de formar una familia. —Opina Hortensia. —

—Me encuentro en una edad óptima para emprender una familia, pero, aun con los concejos de Rebeca, no debo apresurarme. Ya llegará el momento en el cual se presente la oportunidad y pueda hacer una buena elección. No pretendo encontrar al hombre perfecto ni al príncipe azul, tampoco deseo dejarme conducir por los sentimientos, sino que a estos sentimientos, sean de la sexualidad o del corazón, debo conducirlos con el timón de la razón, al menos hasta donde yo pueda. —Concluye Dorita. —

—Quiero preguntarles algo. —Dice Elías. — ¿Alguna vez han rezado por ese hombre, el cual todavía no conocen? ¿Le han pedido a Cristo que lo proteja, lo cuide y lo prepare para ustedes? ¿Le han pedido también que las prepare, a ustedes mismas, para ese hombre que Dios tiene para ustedes? Si han decidido caminar con Cristo en su vida, también deben hacerlo en esto que quizá sea el paso más importante que deben dar. Acaso, ¿en esto, Cristo no cuenta? ¿Quieren hacerlo solas? —

Tremenda reflexión para seguirla con la almohada cerrando esta noche de interesantes opiniones.




Epílogo

    En la vida surgen cosas que muchas de ellas se presentan de repente y exigen estar preparados para dar una respuesta. Estas respuestas son comparables con los exámenes en una escuela. Si el examen es de sorpresa, solo lo aprobarán los alumnos que estudian para saber y lo hacen todos los días, independientemente si serán evaluados o no. Si el examen es con aviso previo, habrá tiempo para prepararse; pero si no se preparan adecuadamente, tampoco podrán aprobarlo.

En cada edad de la vida se presentan oportunidades y obligaciones, algunas externas y otras que deben nacer desde dentro de uno mismo.

El niño, a una determinada edad, pronto a la adolescencia, debe aprender a ser un hombre que tienda siempre a ser más y mejor; también debe aprender a ser un buen novio, en el trato y respeto a la mujer. Luego, aún dentro de la incipiente juventud, deberá aprender a ser un buen esposo, con todas las responsabilidades que esto lleva. Esto lo debe saber antes de casarse. También debe aprender a ser un buen padre; un padre que sepa guiar a su familia. Debe aprender el significado de la familia y el modo de comportarse dentro de ella.

Por otro lado, la mujer debe hacer lo mismo, aprender a ser mujer, novia, esposa, madre, pertenencia a una familia.

El examen que tomará la vida puede darse en cualquier momento en cualquiera de estas situaciones. De cada uno depende el estar listo y preparado para rendirlo; luego, la vida evaluará calificando adecuadamente con total justicia. Los que se hayan preparado y ponen esfuerzo, amor y voluntad, aprobarán; entonces se diría: “han triunfado en la vida.” Los otros, que no han aprendido a ser hombres o novios o padres o esposos, reprobarán el examen. Acompañando, con grandes posibilidades de darle certeza, a la siguiente afirmación: “El que fracasa en el matrimonio, fracasa en la vida.”

Esta novela muestra, más allá de la fantasía, cosas reales que ocurren en la vida de las personas; muchas que alegran, otras que desgarran el corazón y algunas que llegan a lo más profundo del interior humano produciendo resonancia en el alma.

---FIN---


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