viernes, 29 de octubre de 2010

Más allá de mis miedos, más allá de mi inseguridad, hoy debo dar una respuesta

por Juan C Starchevich
Estuve mirando toda la noche el velatorio del Ex Presidente Néstor Kirchner, era conmovedor ver cómo le rendían homenajes y respetos toda esa gran multitud de personas que sufrían su deceso. Largas colas e interminables esperas para pasar frente a él con agradecimientos, dolores, canciones, oraciones, lágrimas y aplausos. Son aquellos que quizás no puedan vivir si él; son aquellos que sus vidas y bienestar dependen de este hombre que hoy yace muerto. Se les ha terminado el camino, lo saben, lo sienten y no tienen consuelo. Los que lo quieren desfilan frente a él; otros están de pie quizás preocupados pensando huir del país, estos no lloran su muerte sino su propio destino inmediato.

Por otro lado están las hienas presentando un rostro serio incapaz de ocultar su carcajada de bestia, están al asecho porque quieren comerse el cadáver y a los suyos, porque saben que están en su máximo estado de vulnerabilidad.

También existen aquellos, que por experiencia saben juntar los destrozos, aquellos que “hoy suspiran en paz”, pero al mismo tiempo con gran preocupación porque les tocará juntar todos los destrozos y armar nuevamente un país. Estos son los que no lloran, los que no opinan o lo hacen muy poco; son los que tendrán que ponerse de acuerdo con total responsabilidad para armar el verdadero Partido Justicialista.

Armar verdades en un ámbito donde reina la mentira no dan deseos de llorar ni de alegrarse, es una responsabilidad muy seria que exige compromiso verdadero.

Quizás el único que esté intacto y limpio como para conducir el Movimiento Justicialista y el País, sea Alberto Rodríguez Saa, actual Gobernador de San Luis. Además él es el único capaz de ganar las elecciones, es el único capaz de unir al peronismo. Recuerden: “el que es fiel en lo poco, lo es en lo mucho”.

Al dolor y la preocupación debemos transformarlos en una realidad responsable que destrone al odio y permita nacer de nuevo la esperanza.

Floreció el Almendro: por don Ángel Salvat

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