viernes, 23 de octubre de 2009

Gandhi en un rancho chaqueño - Humor criollo


Era la época de un censo que ordenaba el gobierno nacional para ser ejecutado por los docentes, el trabajo se dividía por áreas del pueblo, y a un par de docentes les tocó un pequeño barrio indigente. Uno de ellos era muy sensible en el trato con la gente y no permitía que se hable mal de los pobres ni se los discrimine de alguna manera, tema que iba discutiendo con su compañero de trabajo...

Llegaron al barrio y ven que su primera visita corresponde a un ranchito pequeño, sin divisiones internas, significa que ese mismo ambiente era dormitorio para todos, cocina, comedor, y lo que haga falta. El techo era de paja sostenido por unos rústicos y delgados palos desprolijos, que hacían de columnas, y como paredes tenían unos plásticos blancos transparentes que envolvían su rancho. Sus vecinos, en tono de broma, le pusieron de nombre “el supermercado”, porque se veía todo desde afuera.

Uno de los docentes le expresa a su compañero que siente decepción por esta gente que se abandona hasta el extremo y no salen de su ignorancia para intentar su progreso…, pero su compañero lo reprende y le dice que no hay que juzgar por apariencias, porque a esta gente les pudo ir mal por algunas razones que ellos no han podido vencer, por lo tanto hay que conocerlos y ayudarlos en todo lo que sea posible…

Ingresaron al lugar cuando fueron atendidos por don Ignacio, jefe de familia, que los invitó a pasar. Muy grande fue la sorpresa del docente (sensible), cuando vio que de una columna colgaba un cuadro con la imagen de Gandhi, no podía creer esto, se conmovió y lo codeaba a su compañero como mostrando razón en sus opiniones sobre esta gente.

El póster lo mostraba a Gandhi en esas épocas de largos ayunos, muy flaquito, empequeñecido, demacrado, parecían grandes sus pequeños anteojos en su rostro. El docente (sensible), no pudo aguantar más su deseo de felicitar al dueño de casa.

–Don Ignacio, quiero expresar mis felicitaciones hacia usted por ese gran ideal que ha puesto como ejemplo en su casa –, don Ignacio lo miraba y no entendía nada.

El docente continúa –Veo que esta familia está orientada hacia los verdaderos valores de la paz y de tantos otros valores humanos muy altos que ha mostrado este hombre en su caminar…–, mientras hablaba hacía referencia con sus manos hacia el póster de Gandhi.

Entonces don Ignacio reacciona y recién se da cuenta, –Ahhh..., ¿usté me está hablando de ese cuadrooo? –, don Ignacio no conocía la existencia de Gandhi, jamás había oído hablar de él. Para don Ignacio, era solo "un viejo flaco y debilucho que lo habían puesto en un cuadro".

–Sí –, le responde tímidamente el docente.

–Ahhh…, síii…, este cuadro lo he’y comprao en la feria el otro díaaa… para el Albertooo (hijo adolescente), y lo hey puesto al frente de la cama para que lo vea bien!!!, porque io le’y dicho que, ¡si se sigue haciendo la paja!, va a quedar como el viejo ese. –

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