Germán Stácul tiene 18 años, es mi alumno en la Escuela Técnica de Charata, Chaco. Está cursando 5º año y se está preparando para rendir todas las materias de 6º año como libre, con el objeto de terminar un año antes sus estudios secundarios y poder ingresar a la Facultad de Ingeniería, pues necesita aprobar los dos primeros años de ella para así poder ingresar al Baiseiro para estudiar Física Nuclear.
La semana pasada, en mi clase, pregunté a mis alumnos si al hombre se lo puede considerar como “un producto”, resultante del proceso educativo.
¿Un egresado es un producto elaborado?
Tuve varias respuestas de mis alumnos que asentían o no este criterio. Germán dio la suya pero creyó que no lo alcancé a interpretar “exactamente” como él había opinado, entonces me dijo:
“Ingeniero, creo que usted no comprendió bien mi respuesta, entonces me gustaría traerle por escrito”.
Me pareció una excelente idea y acepté su propuesta. Esto fue lo que hoy me entregó:
(Juan C Starchevich)
El hombre: el mejor producto
y la peor decadencia
por Germán Stácul, alumno de 5º año -Escuela Técnica Electromecánica de Charata, Chaco-
En tanto que un producto se establece como el resultado de un proceso productivo, el ser humano constituye, desde eras, en las que la falta de razón o pensamiento no resultaría excusa suficiente, una pieza dual que debe unificarse en cierto camino, el cual estará a elección de la persona; así se convertirá en el próximo engranaje del reloj, o bien se tornará o evolucionará a lo que por naturaleza tiende y, en su vida lo utiliza como un calificativo incorrecto: hombre.